n Plaza Garibaldi, donde uno se siente el rey entre mariachis y tequilas, con dinero o sin dinero, un amigo me preguntó cuáles eran las condiciones de trabajo en Suecia.
Me llevé la mano al pecho y, en actitud de mero mero, contesté:
-Para empezar, durante el invierno, la gente sale a trabajar de noche y de noche vuelve a casa...
Entonces el cuate, acostumbrado a chambear de sol a sol, se rascó la cabeza y, entrecerrando un ojo, exclamó:
-¡Híjole! ¿Pero ese país es el infierno o el paraíso?
-Ni lo uno ni lo otro. Está a medio camino entre el infierno y el paraíso. Allí hay de todo y de nada, depende del ángulo del que se lo mira-. Luego, tras vaciar la copa de tequila, se me iluminó la mente y acoté-: Si México tuviese lo que tiene Suecia, sería el paraíso terrenal. Habría un equilibrio entre lo material y lo espiritual. Hablaríamos de “estómagos llenos, corazones contentos”, Mas así como están las cosas, mientras en México falta el bienestar para todos, en Suecia falta el sol y la alegría. ¿Qué te parece?
-¡Una chingada, mano! -dijo con energías de charro y acento de Cantinflas-. Y yo que pensaba irme a Suecia, cansado de vivir tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos...
-¡Ah! –repuse-. En ese caso será mejor que te quedes donde estás, porque como quien dice: estarás jodido, pero contento...