Inexorablemente
El exilio puede ser una escuela donde se aprende que la libertad del individuo y el respeto a los Derechos Humanos son las piedras fundamentales en las cuales se asienta toda sociedad democrática.
–Me gustan el orden y el respeto a los Derechos Humanos en Suecia. Si alguna vez retorno a mi país no será con una maleta llena de lágrimas y fracasos, sino con una experiencia de vida y nuevos conocimientos, que me permitan contribuir al desarrollo de mi país –así manifiesta Víctor Montoya, escritor y pedagogo boliviano, residente en Estocolmo desde 1977.
El pasado mes de julio publicó la selección “Poesía boliviana en Suecia”, en la editorial Författares Bokmaskin de Estocolmo, con el apoyo de la Federación de Asociaciones Bolivianas en Suecia. El libro contiene los versos y las presentaciones de trece autores que, además de ser poetas, tienen otras profesiones, desde enfermera hasta pintor y matemático. Una paleta de destinos provenientes del mismo terruño, con igual dolor y añoranza.
–El exilio es como un pasaje de ida pero no de vuelta, mientras más tiempo pasa, se hace cada vez más difícil pensar en el retorno. Cuando llegué a Suecia era muy joven y rápidamente me adapté a varias situaciones, tanto positivas como negativas.
“Cuando volví a la habitación, los dos policías estaban esperándome en la puerta. Uno de ellos, el que aprendió a hablar español en las islas Canarias, dijo: ‘Alista tus cosas’. No pregunté por qué. Alisté mi maletín y salí del hotel junto a ellos. Afuera, el frío calaba hasta los huesos y el viento arrojaba puñados de nieve en la cara. El policía abrió la puerta del auto y esperó que me acomodara en el asiento. Cerró la puerta de un golpe y no volvió a decir palabra, hasta que llegamos a un campamento de refugiados, donde apliqué las sabias enseñanzas de mi abuela, quien, adivinando que algún día llegaría a vivir en un país extraño, me dijo: ‘Donde quiera que fueres, haz lo que vieres’. Y así lo hice. En el campamento de refugiados, que estaba a medio camino entre el infierno y el paraíso, volví a nacer de nuevo. Allí aprendí un nuevo idioma, me acostumbré a un nuevo clima y hasta me enamoré de una muchacha hermosa, cuya sonrisa amplia, tan amplia como la naturaleza sueca, me devolvió las esperanzas que tenía perdidas” (De ”En el país de las maravillas”, Víctor Montoya).
Varios de los poetas consignados en el libro llegaron a Suecia por razones familiares y económicas, y otros permanecieron por corto tiempo.
Una fuente de esperanza, una división
El exilio persigue como una sombra
La palabra de los poetas se tiende como manto de niebla en un nuevo paisaje y cantan canciones en otro idioma para las generaciones venideras sobre otras tierras, sobre las causas de la partida, explicaciones a los más allegados. El quedarse no necesita ser eterno y la añoranza está siempre ahí. Muchos retornan y se sienten desengañados, no se reconocen después una larga permanencia en el exterior. Viven con una pie aquí y otro pie allí.
–La distancia al país de origen ayuda a mirar la realidad tal cual es –explica Víctor Montoya–. El valor de la cultura y el significado de las tradiciones se acentúan estando en Suecia. Aquí hay un orgullo de ser boliviano y la posibilidad de compartir encuentros llenos de música, bailes y comida. Este año ser realizó el XIX Encuentro Boliviano en la ciudad de Uppsala.
La prosa de Montoya está dominada por la temática boliviana, aunque vive hace veintiocho años en Estocolmo. Sin embargo, sus descripciones de Suecia se publican tanto en la prensa sueca como en la prensa de América Latina y Europa. Hace varios años que es colaborador del semanario Liberación, una revista socialista con noticias en español que se edita en Malmö.
Cuando le pregunté si se considera todavía escritor exiliado, me contestó que prefiere considerase sólo escritor boliviano residente en Suecia.
–Es importante que el escritor conserve su origen, su idioma y su cultura, y use estos elementos en la elaboración de su literatura. Es una forma de mantener vivas nuestras lenguas nativas, por ejemplo, el quechua y el aymará –añade Víctor Montoya.
En 1985 publicó una selección de cuentos de jóvenes latinoamericanos y en esta ocasión compendió la poesía boliviana escrita en Suecia durante los últimos tres decenios, como un documento de época y de la realidad aquí y ahora.
–Yo quiero que la imagen de Bolivia no sólo esté asociada a las descripciones de los golpes de Estado, la inestabilidad política y el narcotráfico –aclara Víctor Montoya.
En esta selección sencilla pero significativa se encuentran huellas de vidas llenas de opresión y violencia.
El espíritu boliviano contonea en el silencio sueco
Una herida abierta debe tener su tiempo para curarse. En la esperanza, el sueño y las protestas, siempre vencerán la fuerza y el orgullo.
”Todo esto es mío, y no ajeno,
Por eso beso el polvo de tus caminos
Para sentir el sabor de mi tierra amada
Que un día cubrirá con amor mis huesos
Cansados ya de vagar por otros mundos...”.
(De “A la Paz”, Efraín Arizcurinaga Rossel, Poesía boliviana en Suecia).
Sigue el desarrollo de difusión de la literatura Latinoamericana
–El Sitio Web es un proyecto que empezó a rondarme en la mente desde hace muchos años –dice Víctor Montoya–. En 1995 publiqué la “Antología del Cuentos Latinoamericano en Suecia”, con 21 narradores, casi todos exiliados políticos, provenientes de Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Guatemala y Bolivia.
El 2002 se creó la antología digital, que hace poco fue actualizada, y la novedad es que ahora es también posible obtener información sobre los escritores en idioma sueco. Más adelante se tiene pensado insertar una versión en inglés. Los resultados positivos han hecho que este material se difunda en Europa, Latinoamérica y Estados Unidos.
En la antología digital existen escritores reconocidos en sus países, aunque son todavía desconocidos en Suecia por falta de traducciones. De todos modos, el Sitio Web es un buen foro para los interesados en la literatura latinoamericana. La dirección:
www.narradores.se.
*Poeta y periodista sueca