García
Márquez y el realismo sueco
Víctor
Montoya
El
descuartizamiento de una prostituta en Estocolmo, más que formar
parte del realismo sueco, parece una historia arrancada de las páginas
de García Márquez, así las obras de este escritor
colombiano, según confiesa él mismo, sean frutos de la realidad
desaforada y no de las aventuras de la imaginación.
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Grabado
de José Guadalupe Posada
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Cuando el matutino
Dagens Nyheter dio a conocer el macabro descuartizamiento de Catrine da
Costa, la noticia cayó por el buzón de la puerta y, desprendiendo
todavía un olor a tinta fresca, me sorprendió en la cama.
Clavé la mirada en los titulares y tuve la extraña sensación
de estar despertando de una pesadilla, o de estar penetrando en una de
las historias de crímenes narradas por George Simenon y Agatha Christie.
Entretanto
leía la noticia, saltándome algunas palabras que no entendía
y otras que suponía, acudió a mi mente “Cien años
de soledad”, sobre todo, esa caravana de gitanos llevando los últimos
inventos y espectáculos a Macondo: un imán que Melquíades
mostraba como la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia,
una lupa del tamaño de un tambor que eliminaba las distancias y
producía fuego por medio de la concentración de los rayos
solares, un hombre convertido en víbora por desobedecer a sus padres
y un número que anunciaban entre un alboroto de pitos y timbales:
”Y ahora, señoras y señores, vamos a mostrar la prueba terrible
de la mujer que será decapitada todas las noches a esta misma hora
durante ciento cincuenta años, como castigo por haber visto lo que
no debía...”.
Ésta
era la parte que mejor recordaba de la magistral obra de García
Márquez, y la que mejor podía asociar con la noticia del
siniestro descuartizamiento de la prostituta sueca, aun sabiendo que entre
las dos historias había una incuestionable diferencia: la mujer
que sería decapitada durante ciento cincuenta años pertenecía
al realismo mágico de Macondo, en tanto la prostituta, quien fue
descuartizada con los instrumentos de un forense, pertenecía al
realismo racional sueco, que no concibe semejante muerte, salvo que sea
la obra de un necrófilo, cuya perversión sexual lo indujo
a descuartizar el cadáver de su víctima por el puro deseo
de experimentar un desbordante placer erótico.
Víctor
Montoya
Escritor boliviano
radicado en Suecia
montoya@tyreso.mail.telia.com
http://sololiteratura.com/victormontoya.htm
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