Página/12
de Argentina - 11 de April de 2003
Carta
abierta
de un
norteamericano disidente
Michael
Moore *
Queridos
amigos:
Parece que la administración
Bush tendrá éxito en colonizar Irak. Esto es una gran fantochada
que pagaremos en los años venideros. No valió una sola vida
de un chico norteamericano en uniforme, sin mencionar los miles de iraquíes
que han muerto. A ellos se elevan mis condolencias y rezos.
Así que, ¿dónde
están todas esas armas de destrucción masiva que eran el
pretexto de esta guerra? ¡Ja! Hay mucho para decir sobre esto, pero
me lo guardo para después. Lo que más me preocupa ahora es
que todos ustedes, la mayoría de los estadounidenses que desde el
primer momento no apoyaron esta guerra, se callen o sean intimidados por
lo que se venderá como una gran victoria militar. Ahora, más
que nunca, las voces de la paz y la verdad deben escucharse. Recibí
un montón de cartas de personas que sienten una profunda desesperanza
y creen que sus voces han sido ahogadas con los tambores y bombas de falso
patriotismo. Algunos temen una venganza en sus trabajos, escuelas o vecindarios
porque defendieron la paz en voz alta. Les han dicho una y otra vez que
no es “apropiado” protestar una vez que el país está en guerra
y que ahora su único deber es “apoyar a las tropas”.
¿Puedo compartir con ustedes
lo que ha sido mi vida desde hace dos semanas, cuando usé mi tiempo
en el escenario de los Oscar para hablar contra Bush y su guerra? Espero
que, al leer lo que les voy a contar, se sientan con más coraje
para hacerse escuchar en cualquier medio o foro al que puedan entrar.
Cuando Bowling for Columbine fue
anunciada como ganadora del Oscar por Mejor Documental, el público
se puso de pie. Fue un gran momento, uno que siempre atesoraré.
Estaban parados y aplaudiendo una película que afirma que los estadounidenses
somos gente violenta que usa sus arsenales para matarse entre sí
y usarlos contra muchos países del mundo. Estaban aplaudiendo una
película que muestra a George W. Bush usando miedos ficticios para
asustar a la gente y hacer que hagan lo que él quiera. Y estaban
honrando una película que afirma lo siguiente: la primera guerra
del Golfo fue un intento de reinstalar al dictador de Kuwait. Saddam Hussein
se armó con las armas de Estados Unidos y el gobierno estadounidense
es responsable de la muerte de medio millón de chicos iraquíes
durante la década pasada a causa de sus bombardeos y sanciones.
Esa era la película que estaban aplaudiendo, la película
que votaron y por eso decidí decir lo que dije en mi discurso.
Y esto es lo que dije en el escenario
de los Oscar. “En nombre de nuestros productores Kathleen Glynn y Michael
Donovan (de Canadá), me gustaría agradecer a la Academia
por este premio. He invitado al resto de los nominados por documentales
a subir al escenario. Están acá en solidaridad conmigo porque
nos gusta la no ficción. Nos gusta la no ficción porque vivimos
tiempos ficticios. Vivimos en una época donde los resultados de
una elección ficticia nos dan un presidente ficticio. Ahora estamos
librando una guerra por razones ficticias. Ya sea la ficción de
la cinta aisladora o las ficticias ‘Alertas naranjas’, estamos contra esta
guerra, señor Bush. Qué vergüenza, señor Bush.
Y cada vez que el Papa y las Dixie Chicks estén en contra suya,
su tiempo se terminó.”
En la mitad de mi comentario, algunos
de la audiencia empezaron a alentarme a los gritos. Inmediatamente eso
disparó los chiflidos de la gente del palco. Entonces los que apoyaban
mis palabras empezaron a callar a los que chiflaban. El diario Los Angeles
Times informó que el director de la transmisión empezó
a gritarle a la orquesta “¡Música! ¡Música!”
para callarme. Así que la banda empezó a tocar y mi tiempo
se había terminado. (Para leer más sobre por qué dije
lo que dije, pueden leer la columna de opinión que escribí
para el L.A. Times y las reacciones en el país en mi sitio de Internet.)
Al día siguiente –y desde
hace dos semanas–, los eruditos de derecha y los opinólogos de la
radio han estado pidiendo mi cabeza. Así que, ¿todoesto me
lastimó? ¿Consiguieron “silenciarme”? Bueno, echemos un vistazo
a mi “reacción” en los Oscar:
El día después de
criticar a Bush y a la guerra en los premios Oscar, la concurrencia a los
cines del país para ver Bowling for Columbine subió en un
110 por ciento (Fuente: Daily Variety/BoxOfficeMojo.com). La semana siguiente,
la ganancia en boleterías subió a un 73 por ciento (Variety).
Es el lanzamiento comercial con más tiempo en cartel de Estados
Unidos: 26 semanas consecutivas y todavía vamos por más.
El número de cines que la exhiben se ha incrementado desde los Oscar
y ha mejorado el record anterior de taquilla en documentales en un 300
por ciento aproximadamente.
Ayer (seis de abril), Hombres blancos
estúpidos se disparó al primer lugar de la lista de bestsellers
del New York Times. Hace 50 semanas que mi libro está en la lista,
ocho en el primer lugar y esto marca su cuarto retorno a la primera posición,
algo que casi nunca ocurre.
En la semana después de los
Oscar, mi sitio en Internet recibió entre 10 y 20 millones de visitas
por día (¡un día tuvimos más visitas que la
Casa Blanca!). Los e-mails que recibimos fueron de apoyo y abrumadoramente
positivos (y las cartas de odio han sido desopilantes).
Los dos días que siguieron
a los Oscar, la gente encargó más videos de Bowling for Columbine
en Amazon.com que el video de la ganadora por Mejor Película, Chicago.
La semana pasada conseguí financiación para mi próximo
documental y me han ofrecido un espacio televisivo para hacer una versión
actualizada de “TV Nation/La horrible realidad”.
Les cuento todo esto porque quiero
contraponerlo al mensaje que nos repiten todo el tiempo: que si expresamos
nuestra opinión política, lo vamos a lamentar. Nos va a lastimar
de alguna forma, generalmente en términos financieros. Podés
perder tu trabajo. Otros tal vez no te contraten. Vas a perder amigos,
etcétera, etcétera.
Tomemos el ejemplo de la banda de
country Dixie Chicks. Su cantante principal mencionó lo avergonzada
que estaba porque Bush creció en Texas, el estado donde ella nació.
Estoy seguro de que habrán oído que su record de ventas se
ha “hundido” y las radios country están boicoteando su música.
La verdad es que sus ventas no bajaron. Esta semana, luego de los ataques,
su disco sigue en el primer puesto del ranking de música country
de la revista Billboard y, según el semanario Entertainment Weekly,
subieron del puesto seis al cuarto en los charts pop durante los bombardeos.
En el New York Times, Frank Rich informa que trató de conseguir
una entrada para cualquiera de los próximos recitales de las Dixie
Chicks pero no pudo porque están agotados. (Para leer la columna
de Rich en el Times, “Bowling for Kennenbunkport”, vayan ahí. Hace
un buen trabajo hablando sobre mi próximo film y el impacto que
podría tener.) Su tema “Soldado en viaje” (una hermosa balada antiguerra)
fue la canción más pedida en Internet la semana pasada. Nadie
las lastimó. Pero eso no es lo que los medios les van a hacer creer.
¿Por qué? Porque ahora no hay nada más importante
que mantener calladas las voces de los disidentes y aquellos que se animarían
a hacer una pregunta. Y qué mejor forma que derrumbar a un par de
artistas famosos con un montón de mentiras para que el Juan o Juana
del montón reciba el mensaje bien claro: “Guau, si le pueden hacer
eso a las Dixie Chicks o Michael Moore, ¿qué me podrían
hacer a mí?”. En otras palabras, cállense, carajo.
Y eso, amigos, es el eje del film
por el que me gané un Oscar: cómo esos que están en
el poder usan el miedo para manipular al público para que haga lo
que le dicen.
Bueno, ahora, las buenas noticias
–si es que esta semana puede haber alguna buena noticia– es que no sólo
otros ni yo hemos sido silenciados, sino que millones de norteamericanos
que piensan igual que nosotros se nos han sumado. No dejen que los falsos
patriotas los intimiden fijando la agenda o el debate. No se dejen ganar
por las encuestas que muestran que el 70 por ciento del público
está a favor de la guerra. Recuerden que estos norteamericanos encuestados
son los mismos chicos (o los hijos delvecino) que han sido enviados a Irak.
Tienen miedo por las tropas y han sido intimidados para apoyar una guerra
que no querían. Y mucho menos querrán ver a sus amigos, familiares
y vecinos cuando lleguen a casa muertos. Todos apoyamos que las tropas
vuelvan sanas y salvas y todos necesitamos decirlo y hacer que sus familias
lo sepan.
Desafortunadamente, Bush y Compañía
todavía no terminaron. Esta invasión y esta conquista los
animará a repetirlas nuevamente en otro lugar. El verdadero propósito
de esta guerra fue decirle al resto del mundo: “¡No te metas con
Texas. Si tenés lo que queremos, vamos a ir a sacártelo!”
Para la mayoría de nosotros éste no es el tiempo para creer
en un país pacífico y callado. Háganse escuchar. A
pesar de lo que han conseguido, éste aún es nuestro país.
Sinceramente, Michael Moore
* Ganador del último Oscar
al Mejor Documental por su película Bowling for Columbine.
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