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de Argentina - 1 de Junio de 2003
Michael
Moore va por más,
la cabeza
de George Bush
Javier
Casqueiro Desde Washington
El documentalista quiere probar en
su próximo film las relaciones del presidente estadounidense con
Osama bin Laden.
Sólo Michael Moore podía
encarar ahora un proyecto para documentar las presuntas relaciones entre
las familias de George W. Bush y de Osama bin Laden. El polémico
ganador del último Oscar al mejor documental por la agridulce Bowling
for Columbine pretendía promover la participación de los
estadounidenses contra la política del actual presidente y sus guerras.
Pero ese descaro no es gratis. Las buenas perspectivas financieras que
vislumbraba para Fahrenheit 911 se oscurecen. El conservador Mel Gibson
rechazó la producción y los republicanos emprendieron una
campaña de boicoteo contra un posible patrocinio de Disney.
El argumento de Fahrenheit 911 podía
parecer el de una película de ciencia ficción, con dos protagonistas
estelares que encarnan a los hijos gemelos y errantes de unos patriarcas
petroleros. El mundo precisamente en el que tan bien se han manejado los
Bush en Texas. Moore quiere estrenar la película el año que
viene en Cannes, en plena campaña electoral estadounidense. El título
Fahrenheit 911 alude, por un lado, a la fatídica fecha en la que
se registraron los ataques terroristas contra las Torres Gemelas y el Pentágono
y, por otro, toma la referencia del clásico relato de Ray Bradbury.
Moore pretende ofrecer con todo ello una visión sin contemplaciones
del papel imperial jugado por los Estados Unidos tras esa conmoción
y enlazar de alguna manera a los Bush con los Bin Laden a través
del grupo conocido como Carlyle, a los que considera sus benefactores y
amigos financieros en Arabia Saudita.
Moore sostuvo recientemente en un
show televisivo que el gobierno norteamericano sabe perfectamente dónde
está Bin Laden y que ahora no quiere encontrarlo. El propio cineasta
no fue muy claro sobre cómo tiene pensado argumentar “semejante
enlace” o sobre su significado. El objetivo del documental es averiguarlo.
Sí ha recordado un artículo de la revista The New Yorker
poco después de los atentados, en el que se reveló que se
había permitido la fuga de Estados Unidos de hasta 24 familiares
de los millonarios Bin Laden en un jet privado saudí, antes de que
el FBI pudiera investigarlos e interrogarlos a fondo. Desde la Casa Blanca
se ha replicado que “las opiniones personales” del director parecen las
“alucinaciones” de una persona “no seria”.
El realizador dice que está
orgulloso del debate que provocó con su arenga en la gala de los
Oscar, cuando enfatizó la vergüenza que le producía
un presidente al que catalogó como “de ficción”. No se amilana
tampoco a la hora de ofrecer públicamente, en su visitada página
web, todo tipo de datos sobre los beneficios que le reportó no callarse.
Su premiada película, Bowling for Columbine, lleva 31 semanas en
la cartelera, por encima de cualquier gran éxito de Hollywood, con
una recaudación total de más de 21 millones de dólares.
Y tras la publicidad de la codiciada estatuilla, multiplicó exponencialmente
el número de salas, de espectadores y de taquilla. Su página
web ha registrado puntas de entre 10 y 20 millones de visitas diarias.
Y claro está, todas esas ideas
juntas, como él mismo admite, pueden conllevar problemas y enemistades.
La revista Variety informó de la intención de la productora
del actor Mel Gibson, Icon Productions, de apoyar con 10 millones de dólares
Fahrenheit 911. El socio de Gibson, Bruce Davey, hizo el ofrecimiento.
Pero Gibson acaba de regresar de Italia y rechaza la idea. Miramax, la
división cinematográfica de Disney, tomó el relevo
y apuntó que estaba considerando patrocinar el proyecto. Los conservadores
han reaccionado como una espoleta. La página web del foro republicano,
freerepu blic.com, está promoviendo el boicot a todo lo que huela
a Disney, desde sus parques y películas infantiles hasta la cadena
de televisión ABC.