COMCOSUR
AL DÍA ESPECIAL - AÑO 6
- Nº 856 - 8 de April de 2004
Una breve
historia
de la
contrarevolución cubana
Michael
Moore
Traducción
libre: Andrés Capelán
¿Alguna
vez se preguntaron como ha hecho Fidel Castro para permanecer tanto
tiempo en el poder? Nadie -excepto
el Rey de Jordania- ha permanecido en el gobierno por un período
más largo de tiempo. El hombre sobrevivió a ocho presidentes
estadounidenses, diez Juegos Olímpicos, y el regreso del Cometa
Halley. Y sin importar lo que el gobierno de Estados Unidos hace para derrocarlo,
tiene más vidas que "regresos" ha tenido Cher.
No es porque nuestros líderes
no hayan hecho su mejor esfuerzo para derrocarlo.
No, ya desde que Castro liberó
su país del corrupto régimen de Fulgencio Batista (al que
apoyaban los Estados Unidos y la Mafia) Washington ha probado una gran
variedad de métodos para derrocarlo. Estos han incluído intentos
de asesinato (pagados con el dinero de nuestros impuestos), invasiones,
bloqueos, embargos, amenazas de aniquilación nuclear, desorganización
interna, y guerra biológica (la CIA tiró manojo de gérmenes
de Fiebre Porcina Africana sobre el país en 1971, obligando
a los cubanos a matar 500 mil cerdos).
Y -algo que siempre me ha parecido
extraño- ¡hay actualmente una base naval estadounidense en
la isla de Cuba! Imaginen si luego de haber derrotado a los británicos
en nuestra Revolución de Independencia, les hubiéramos dejado
mantener unos miles de soldados y un puñado de acorazados en la
bahía de Nueva York. ¡Increíble! El presidente Kennedy,
que siguió con el plan del Presidente Eisenhower para invadir
Cuba en la Bahía de Cochinos, ordenó a la CIA matar a Castro,
intentándolo todo, desde una lapicera rellenada con tinta envenenada
hasta un cigarro explosivo. (No, no estoy obteniendo mi información
de Maxwell Smart; está todo en el informe del Comité Church
al Congreso, de 1975).
Por supuesto que nada de esto funcionó.
Castro se volvió más fuerte y los Estados Unidos continuaron
pasando vergüenza. Cuba era visto como "el país que se nos
escapó." Comenzó a ser una molestia para nosotros. Aquí
tenemos a cada nación de este hemisferio metida en nuestro bolsillo,
excepto a "esos malditos cubanos." Se ve mal. Como cuando toda la familia
sale a cenar y la oveja negra, el pequeño Billy, no se quiere quedar
quieto en la silla y hacer lo que le dicen. Todos en el restaurante miran
a los padres y se preguntan qué clase de educación le están
dando. La apariencia de que no lo están disciplinando o controlando
como se debe es la peor humillación. Entonces comienzan a vapulear
al pequeño Billy, el que -olvídenlo- no va a terminar sus
porotos nunca.
Así es cuán tontos
lucimos al resto del mundo. Como si nos hubiéramos vuelto locos
por esta pequeña isla a 90 millas de nuestras costas. No nos sentimos
de ese modo frente a una real amenaza para la humanidad, como la que significa
el gobierno Chino. ¡Y hablo acerca de una pandilla de asesinos! Aún
así no podemos movernos más rápido para meternos en
la cama con ellos. Washington gastó 23 años poniéndonos
en contra de los Chinos, y luego, repentinamente: ¡un día
son nuestros amigos! Parece que los Republicanos y sus compinches empresarios
no estaban realmente en contra de los dictadores comunistas, sino contra
aquellos que no los dejaban entrar a China para hacer dinero.
Y ese fue, por supuesto, el error
fatal de Castro. Una vez que tomó el poder, nacionalizó todos
los negocios americanos y pateó a la mafia fuera de La Habana. Fue
como si se sentara en la Falla de San Andrés, porque la ira del
Tío Sam cayó duro sobre él, y no lo ha dejado tranquilo
por más de 37 años. Y a pesar de eso Castro ha sobrevivido.
Por ese sólo éxito, y a pesar de todos sus defectos (represión
política, discursos de cuatro horas y una tasa de alfabetismo del
cien por ciento), hay que admirar al muchacho.
Pero: ¿Por qué continuamos
peleando por esta pata de pavo sobrante de la Guerra Fría? La respuesta
puede encontrarse mirando no más lejos de una ciudad llamada Miami.
Es desde allí que un puñado de exilados cubanos enloquecidos
han controlado la política extranjera de los Estados Unidos
hacia esta insignificante nación insular. Estos cubanos, muchos
de ellos acólitos de Batista que vivían a todo trapo mientras
esa pandilla asolaba el país, parecen no haber cerrado un ojo desde
que juntaron su dinero y huyeron a La Florida.
Y desde 1960, han insistido en contagiarnos
su locura. ¿Por qué es que en cada incidente o crisis nacional
que ha sufrido nuestro país en las pasadas tres décadas (el
asesinato de Kennedy, Watergate, el caso Irán Contras, la epidemia
del abuso de drogas, y la lista sigue...) siempre encontramos a exilados
cubanos presentes o implicados? Primero, fue la conexión de Lee
Harvey Oswald con los cubanos de Nueva Orleáns. ¿O eran exilados
cubanos actuando solos para matar a Kennedy, o Castro ordenando su asesinato
porque se había aburrido de que Kennedy intentara derrocarlo? En
cualquiera de las teorías que usted suscriba, los cubanos están
rondando por el barrio.
Luego, en la noche del 17 de junio
de 1972, tres cubanos, Bernard Barker, Eugenio Martinez, y Virgilio Gonzalez
(junto con los estadounidenses Frank Sturgis y James McCord Jr.) fueron
atrapados entrando en las oficinas de campaña del Partido Demócrata
en Watergate. Esta operación encubierta, eventualmente causó
la renuncia de Richard Nixon, por lo que entreveo que hay gato encerrado
en esa operación del exilio cubano en particular. Hoy, Barker y
González son considerados héroes en la comunidad cubana de
Miami. Martínez, perdonado más tarde por Ronald Reagan, es
el único que se siente mal. "Yo no quise estar implicado en la caída
del Presidente de los Estados Unidos," dijo. ¡Oh! ¡Qué
hermoso de su parte!
Cuando Oliver North necesitó
un grupo encubierto para entrar armas en Nicaragüa con el objetivo
de derrocar al gobierno sandinista: ¿a quién pudo recurrir
sino a los cubanos de Miami? Los veteranos de Bahía de Cochinos
Ramón Medina y Rafael Quintero eran los hombres clave en la compañía
de transporte aéreo que entregaba las armas a los Contras. La guerra
de los Contras, apoyada por Estados Unidos, fue responsable de la muerte
de 30 mil nicaragüenses.
Uno de los premios mayores que recogimos
de nuestra inversión en estos exilados cubanos fue la ayuda que
nos dieron introduciendo drogas ilegales en los Estados Unidos, destruyendo
familias y barrios enteros de nuestras ciudades. Comenzando a principios
de los sesenta, una cantidad de cubanos (que también participaron
en la invasión de Bahía de Cochinos) empezó a regentear
los círculos mayores de los narcóticos en éste país.
La DEA encontró poco apoyo dentro del gobierno federal para ir atrás
de estos exilados cubanos, porque se habían organizado a sí
mismos bajo la flasa bandera de "grupos de la libertad." De hecho, muchos
no eran más que frentes de operaciones masivas de contrabando de
drogas. Los mismos contrabandistas de drogas que ayudaron más tarde
a contrabandear armas para los Contras nicaragüenses.
Las organizaciones terroristas cubanas
radicadas en los Estados Unidos han sido responsables por la colocación
de mas de 200 bombas y por lo menos un centenar de asesinatos desde el
triunfo de la revolución de Castro. Tienen a todos tan preocupados
por apoyarlos, que yo probablemente no debería estar escribiendo
este capítulo. ¿Pero por que no estoy preocupado? Porque
estos exilados cubanos, con toda su alaraca y terrorismo, son realmente
una manga de cagones. Eso: Cagones. ¿Quieren pruebas? Para empezar,
cuando a uno no le gusta el opresor de su país, se queda allí
y trata de derrocarlo. Esto puede ser hecho por la fuerza (Revolución
Americana, Revolución Francesa) o a través de medios pacíficos
(Gandhi en India o Mandela en Sudáfrica). Pero lo que no se hace
meter la cola entre las patas y correr, como hicieron estos cubanos.
Imaginen si todos los colonos americanos
hubieran huído al Canadá, y luego hubieran insistido en que
los canadienses tenían la responsabilidad de echar a los británicos
de América. Los Sandinistas nunca hubieran liberado su país
de Somoza si hubieran estado todos sentados en una playa en Costa Rica,
bebiendo margaritas y enriqueciéndose. Mandela se fue a la cárcel,
no a Libia o a Londres. Pero los cubanos ricos se pelaron a Miami... y
se volvieron más ricos. El noventa por ciento de estos exilados
son blancos, mientras la mayoría de los cubanos (62 por ciento)
son negros o mestizos. Esos blancos sabían que no podían
quedarse en Cuba porque no tenían apoyo del pueblo. Entonces vinieron
aquí, esperando que nosotros peleáramos su pelea por ellos.
Y, como tarados,
la peleamos.
No es que estos nenes llorones de
los cubanos no hayan tratado de ayudarse a sí mismos. Pero una rápida
mirada a sus esfuerzos recuerda a las viejas películas cómicas
mudas. El de Bahía de Cochinos es su fiasco más conocido.
Tenía todos los elementos de una gran comedia cómica: barcos
equivocados, playa equivocada, no tenían municiones para sus armas,
nadie los fue a esperar, y -finalmente- fueron dejados morir vagando por
una parte de su isla completamente desconocida para ellos (los choferes
de sus limosinas -adivino- nunca los habían llevado allí
en los viejos buenos tiempos). Este fiasco fue tan monumental que el mundo
todavía no ha parado de reírse, y los cubanos de Miami nunca
han olvidado ni perdonado ésto. Diga "Bahía de Cochinos"
a alguno de ellos, y lo verán como a un dentista taladrándole
el nervio de un diente.
Uno pensaría que la derrota
de Bahía de Cochinos les debería haber enseñado una
lección, que hubieran dejado de insistir con esas cosas. No hizo
eso esta pandilla. Desde 1962 numerosos grupos de exilados cubanos han
intentado más incursiones para "liberar" su patria. Veamos las más
sobresalientes:
En 1981, un grupo de cubanos exilados
de Miami desembarcaron en la islita de Providenciales, en el Caribe, camino
a invadir Cuba. Su barco, el único que llegó de cuatro que
salieron del Río Miami (los otros tres fueron hechos volver por
la Guardia Costera debido al mar picado, problemas de motor o falta de
chaquetas salvavidas), tocó tierra en un arrecife cerca de
Providenciales. Atascados en la isla sin comida ni abrigo, los cubanos
de Miami comenzaron a pelearse entre ellos. Rogaron a la gente de Miami
que los rescatara de la isla, y luego de tres semanas fueron devueltos
a Florida vía aérea. El único de ese grupo que llegó
a aguas cubanas, Gerardo Fuentes, sufrió un ataque de apendicitis
en el mar, y tuvo que ser evacuado por la Guardia Costera hacia
Guantánamo.
En 1968, un grupo de cubanos de Miami
supieron que un barco polaco estaba amarrado en el puerto y que una delegación
cubana podía estar a bordo del carguero. De acuerdo al "St.Petersburg
Times," los exilados cubanos dispararon con una bazooka casera e hicieron
impacto en el casco del buque. Sólo le hicieron un abollón,
y el líder del grupo, Orlando Bosch, fue apresado y sentenciado
a diez años de prisión, pero fue fue liberado en 1972. Bosch
explicó que habían esperado causar más daños
al barco pero, se excusó: "¡Era un barco grande!" Bosch había
estado arrestado antes por remolcar un torpedo a través de las calles
de Miami a la hora de salida de las oficinas, y otra vez había sido
capturado con 600 bombas aéreas
cargadas con dinamita en el baúl de su Cadillac.
En 1990 la administración
Bush lo sacó de la prisión, donde estaba nuevamente,
cumpliendo una pena por violación
de libertad condicional.
De acuerdo al "Washington Monthly,"
"Durante el verano y principios del otoño de 1963, fueron lanzadas
cinco incursiones de comandos contra Cuba con la esperanza de desestabilizar
al régimen. La raquítica "quinta columna" en Cuba fue instruída
para dejar las canillas abiertas y las lamparillas prendidas para
gastar energía... En 1962, según el "San Francisco
Chronicle," el exilado cubano José Basulto, en una misión
auspiciada por la CIA, disparó un cañón de 20 mm desde
una lancha rápida contra el Hotel Inca, cerca de la bahía
de La Habana, esperando matar a Fidel Castro. El proyectil erró
al blanco, y Basulto, viendo que su barco se llenaba de gasolina derramada,
pegó la vuelta para Florida. "Uno de nuestros tanques de combustible,
hecho de plastico, comenzó a gotear," explicó Basulto más
tarde. "El combustible se derramó sobre la cubierta. No
sabíamos qué hacer."
Años más tarde, Basulto
formó "Hermanos Al Rescate," un grupo de exilados que hace unos
años estuvo haciendo vuelos sobre Cuba, zumbando con sus aviones
sobre las ciudades, tirando panfletos, y generalmente tratando de intimidar
al gobierno cubano. En febrero de 1996, Castro aparentemente se aburrió
de este acoso, y luego del 25avo incidente en un año de los "Hermanos"
violando el espacio aéreo cubano, ordenó que dos de sus aviones
fueran derribados.
Aunque los "Hermanos al Rescate"
violaban la ley estadounidense por volar dentro del espacio aéreo
cubano, la administración Clinton fue de nuevo al chiquero del exilio
e instantáneamente sacó un decreto para endurecer el embargo
contra Cuba. Este embargo trajo la ira del resto del mundo contra nosotros.
La Asamblea General de las Naciones Unidas votó 117 a 3 a favor
de condenar a los Estados Unidos por su violencia económica contra
Cuba, tal y como ha sido en cada votación sobre el tema desde que
el embargo fue impuesto.
La semana después de que los
aviones fueran derribados, los exilados trataron de apurar a los Estados
Unidos, esperando comprometer a los militares en algún tipo de acción
contra Castro. Anunciaron que al siguiente sábado llevarían
una flotilla de barcos desde Florida hasta la costa cubana para protestar
por el derribo de los dos aviones. Clinton decidió la puesta en
escena de la más grande exhibición de fuerza contra Cuba
desde la Crisis de los Misiles, y envió un escuadrón de cazas
F 15, once escampavías de la Guardia Costera, dos cruceros misilísticos
de la Marína, una fragata de la Marina, dos aviones C 130, y una
bandada de Choppers, AWACs, y 600 guardamarinas para apoyar a la flotilla.
Lo único que se olvidó
de mandar fue remedio contra el mareo, que -al final- era lo único
que los cubanos de Miami hubieran necesitado realmente. Sólo a 40
millas de Key West, los cubanos en los botes comenzaron a marearse, a vomitar
y a rogar a sus pilotos que dieran vuelta los malditos yates y volvieran
a Miami. Con el mundo entero mirando, los cubanos huyeron de nuevo con
la cola entre las patas. Cuando llegaron al puerto, dieron una conferencia
de prensa para explicar su retirada. El portavoz estaba todavía
un poco mareado, y se podía ver cómo los periodistas se separaban
de él, temiendo ser cubiertos por un "Linda Blair Special" en cualquier
momento...
"Una terrible tormenta se levantó
en el mar," dijo el líder de la huída cubana mientras palidecía
rápidamente. "¡Las olas tenían más de diez pies
de alto, y tuvimos que volver o perder nuestros barcos!" Mientras así
hablaba, algún genio creativo en la CNN comenzó a emitir
imágenes aéreas de la flotilla rumbo a Cuba. El sol brillaba,
el mar estaba calmo como un plato, y el viento soplaba gentilmente, si
es que soplaba. Los reporteros en alta mar dijeron que luego de que las
cámaras de la CNN se fueron, la aguas se pusieron "bastante duras."
Sí, seguro, era por las carcajadas de Fidel, que se estaba cagando
de la risa...
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