RADAR-PAGINA/12
de Argentina - 11 de Julio de 2004
10 rounds
contra Moore
Cine,
marketing y activismo
Ed
Halter
Durante
décadas, las autoridades culturales han deplorado la transformación
de la política en entretenimiento. Pero ahora que Fahrenheit 9/11
reventó los records de taquilla del género documental, recaudando
casi 24 millones de dólares en su fin de semana de estreno, el mundo
del entretenimiento está invadiendo el reino de la política.
Algunos ya alientan la esperanza de que el marketing, las páginas
online de fanáticos y los movimientos de base puedan llegar a converger
en un misil busca-Bush. También podría ser la primera señal
de una nueva categoría de productos conceptuales de Hollywood: el
éxito de taquilla activista.
Moore acierta al pensar que si las
posiciones de izquierda deben acceder a los medios del entretenimiento
masivo es preciso que hablen el idioma elemental de los éxitos de
taquilla: el bien contra el mal, Jesús versus Satanás, El
Hombre Araña contra el Doctor Octopus, Estados Unidos contra Dubya.
“Aunque el tipo de películas que hace Moore tenga muy poco que ver
con El Hombre Araña 2 –escribió el Hollywood Reporter la
semana pasada–, está claro que se da cuenta de lo importante que
es para una película un villano llamativo.” Claro que crear un villano
no es lo único que importa. También es importante la manera
en que el medio utiliza la dinámica héroe/villano para hacer
que las discusiones sobre la película se extiendan al resto del
mundo. Las divisiones drásticas promueven la discusión: ¿cuál
es mejor: El Hombre Araña o El Hombre Araña 2? ¿Qué
es Fahrenheit: un documental o pura propaganda?
Gracias a Fahrenheit, incluso esa
vieja fórmula ha quedado patas para arriba. En el caso de éxitos
como El Hombre Araña 2, que batió records de taquilla (40,5
millones de dólares) el día de su estreno, los rumores externos
contribuyen a vender la película. Pero para Moore la película
es secundaria respecto de la discusión que propicia; instigar el
debate, en este caso, implica desplazar el discurso político popular
unos cuantos centímetros hacia la izquierda. Como sucedió
con La pasión de Cristo de Mel Gibson, Moore inoculó una
misión moral en las máquinas de los medios dedicados al entretenimiento.
El lunes pasado, algunos norteamericanos
probaron algo de este nuevo marketing fundado en la moral. Convocados por
un mismo e-mail, cerca de ochenta neoyorquinos se agolparon en un loft
de Centre Street y se amucharon alrededor de tres iMacs para escuchar la
voz aniñada que los arengaba desde los pequeños parlantes.
En ese mismo momento, reuniones similares se celebraban a lo largo y ancho
del país. “Si estuviéramos todos juntos, ¡no entraríamos
en un estadio de fútbol!”, exclamó la voz.
No era el lanzamiento mundial de
la última puntocom. Era una de las 4600 reuniones convocadas para
asistir a la trasmisión en vivo por Internet de una entrevista con
Michael Moore armada por el comité de acción política
de la organización MoveOn. El objetivo: capitalizar las multitudes
que seguían hirviendo de odio hacia Bush tras la taquillera primera
semana de Fahrenheit 9/11 y reclutar voluntarios para el 11 de julio, fecha
en que una nueva reunión debatiría nuevas formas de organización
contra Bush.
Si MoveOn y Michael Moore esperaban
atraer así a gente que normalmente no asistiría a un evento
político, la estrategia –a juzgar por algunos participantes de la
multitud reunida en el Soho– parece haber funcionado. “Nunca había
participado de algo así”, confesó Phil, un productor de medios
de Park Slope. “Por lo general me codeo con abogados republicanos y tipos
de Wall Street, así que pensé que ésta podía
ser una gran oportunidad para juntarme con gente y putearlo a Bush.”
Y bien que lo putearon. Antes de
la transmisión, un miembro de MoveOn empujó al grupo a improvisar
una discusión sobre Fahrenheit 9/11. El tipo moderaba las preguntas
mientras citaba datos anti-republicanos tomados de intelectuales de izquierda
como Alexander Cockburn, Paul Krugman o Amy Goodman y deletreando direcciones
de websites liberales. La transmisión (sólo audio) dio por
terminado el debate antes de que se volviera demasiado difuso. Presentado
por el director ejecutivo de MoveOn, Eli Pariser, como “el más grande
de los documentalistas de nuestra época”, Moore empezó felicitando
a los asistentes. “Todos nosotros, juntos, hemos participado este fin de
semana de un hecho histórico”, se entusiasmó. “No sólo
por las recaudaciones, sino por lo que pasó en las salas... Los
dueños de los cines dicen que tuvieron que ampliar el intervalo
entre funciones porque la gente quiere quedarse a discutir.” Lo que indicaba,
según Moore, que la gente “se muere por tener la oportunidad de
hacer algo, aunque más no sea ir a ver una película”. El
cineasta sugirió que el público podría acudir a los
cines y “aprovechar esta increíble ocasión” para instalar
mesas de registro de votantes.
El uso del cine como medio de activismo
político data de principios de los años ‘70. Desde entonces,
la agitación se fue convirtiendo en un objetivo básico para
la distribución de muchos documentales independientes, y en los
últimos años diversas organizaciones sin fines de lucro –Working
Films, MediaRights– nacieron para introducir documentales de temática
social en grupos comunitarios, instancias educativas y otros centros de
discusión pública. Con Trembling before G-d, la película
de Sandi DuBowski sobre los gays judíos ortodoxos, por ejemplo,
Working Films organizó tours de grupos de feligreses cristianos,
sinagogas, grupos interreligiosos e incluso hogares de retiro en la Florida.
Michael Moore promovió actividades
similares con todos sus documentales, sólo que con una diferencia
crucial: como siempre trabajó con las majors de la distribución
cinematográfica, las acciones políticas montadas en torno
a cada película se vuelven inseparables del marketing y la publicidad
comercial, una combinación de intereses públicos y privados
que para algunos no deja de ser perturbadora.
La primera película de Moore,
Roger & Me, que se metía con la General Motors, fue comprada
por la Warner Bros en 1989 por tres millones de dólares, cifra sin
precedentes para un documental. Como parte del contrato, Moore había
pedido que la Warner regalara 20 mil entradas para desocupados y que la
película se exhibiera gratis en centros sindicales y escuelas de
negocios. En las funciones de preestreno de The Big One, su film antiglobalización
de 1997, todas a beneficio de organizaciones políticas y sociales
locales, Moore en persona entregaba cheques de 80 centavos para denunciar
la explotación de los trabajadores de las fábricas en el
extranjero. Mientras Bowling for Columbine estaba en cartel, Moore acogió
en su website una solicitada en contra de la guerra y otra con el slogan
Wal-Mart No es Nada Sin Sus Clientes, exigiendo que la cadena dejara de
vender municiones. Tras el sólido fin de semana de estreno de Columbine,
el diario británico The Guardian señaló que su éxito
“tal vez se deba en buena medida a los cientos de e-mails enviados por
el propio director instando a la gente a que fuera a verla para demostrar
su oposición al presidente Bush y a sus planes de atacar a Irak”.
El sitio oficial de Moore enumera
muchas formas en que los activistas pueden Hacer Algo para registrar votantes,
además de links para comprar los libros de Moore y entradas para
Fahrenheit 9/11. Una técnica de marketing que Moore comparte con
muchos grupos religiosos fundamentalistas. ThePassionOutreach, por ejemplo,
un sitio dedicado al film de Gibson La Pasión de Cristo, ofrece
a un público de pastores trece ideas para convertir a los no creyentes
usando el film de Gibson, además de productos Outreach Passion como
escrituras, postales y panfletos con motivos de La Pasión.
La interacción entre las
comunidades online y la promoción de los éxitos de taquilla
sirvió de modelo para las campañas que apoyaron a La Pasión
y estimularon las recaudaciones de Fahrenheit. MoveOn no fue la única
que intentó vincularse con Moore: muchísimos activistas demócratas
(así como algunos hostiles a Moore) abordaron a los espectadores
del film a la salida de los cines, usurpando la función que normalmente
desempeñan los equipos de promoción tradicionales. Los objetivos
de Moore, como es obvio, van más allá de la mera venta de
entradas. MoveOn, Moore y muchos grupos de izquierda están ensayando
ese modelo promocional para inducir a la gente a votar, suponiendo que
ampliar la base de votantes echará del gobierno a los Duendes Verdes
Republicanos. Al menos una parte del público cinematográfico
norteamericano que no vota comprenderá que ir a votar es tan sencillo
como ir al cine.
Notas
relacionadas:
Los pollos
de Michael Moore - Christopher Hitchens
La impura
verdad - Rodrigo Fresán
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