Página/12
de Argentina - 2 de Setiembre de 2004
Radiografía
del republicano
Michael
Moore *
Bienvenidos,
republicanos. Ustedes son norteamericanos orgullosos que aman a su país.
A su modo, quieren hacer de este país un lugar mejor. ¿De
qué se trata todo este parloteo de que están en territorio
enemigo?
Nada podría estar más
lejos de la verdad. Los neoyorquinos amamos a los republicanos. Tenemos
un republicano alcalde y uno gobernador, la pena de muerte, y dos plantas
nucleares a 48 kilómetros de la ciudad. Realmente admiro su resolución.
Ustedes son verdaderos creyentes. A pesar de que sólo un tercio
del país se define como “republicano”, ustedes controlan la Casa
Blanca, el Congreso, la Corte Suprema y la mayoría de los gobiernos
estaduales. Están a cargo porque nunca retroceden. Su gente se levanta
antes de que salga el sol, pensando a qué minoría no le permitirán
casarse hoy. Nuestro lado está lleno de bobos que prefieren negociar
antes que combatir. No así, los suyos.
Mientras daba vueltas por la convención,
me he encontrado con varios leales republicanos que no son delegados. Confían
en mí, cuando ven que no tengo cuernos o una cola. Hablando con
ellos, he descubierto que muchos de ellos se denominan republicanos pero
no lo son verdaderamente. Al menos no en el sentido ultraderechista en
que George W. Bush, Dick Cheney, John Ascroft y compañía
han definido a los republicanos. Le pregunté a un hombre que afirmó
ser un “orgulloso republicano”: “¿Usted cree que necesitamos leyes
fuertes para proteger nuestra atmósfera y nuestra agua?”. “Sí,
por supuesto –me dijo–. ¿Quién no?” Le pregunté si
las mujeres debían tener los mismos derechos, incluso la misma paga
que los hombres. “Absolutamente”, respondió. “¿Discriminaría
a alguien porque es gay?” “Mmm... no.” La pausa se debe a que usualmente
el promedio de las personas bienintencionadas inmediatamente piensa en
algún familiar o amigo gay. Descubrí que si recorro la lista
de temas “progres” con alguien que se llama republicano, resulta que no
sintonizan con los republicanos que los gobiernan. La mayoría no
quiere que Estados Unidos sea el policía del mundo, prefiere la
paz a la guerra, aplaude los derechos civiles, cree que todo norteamericano
debería tener acceso a la salud pública y piensa que las
armas deberían ser prohibidas. A pesar de que personalmente se opongan
al aborto, no suelen creer que el gobierno tenga el derecho de decirles
a las mujeres qué hacer con su cuerpo. Entonces, ¿por qué
usan el mismo rótulo que aquellos que apoyan el statu quo de mujeres
que ganan 75 centavos por cada dólar ganado por un hombre, 45 millones
de personas sin cobertura de salud y un presidente que tiene dos países
más en su lista de regímenes que debe cambiar por pertenecer
al “eje del mal”?
* Extractado del USA Today.
Traducción: Alicia Nieva.