l lunes 27 de noviembre la guerra de Irak pasó a ser un día
más larga que la Segunda Guerra Mundial. Así es: pudimos derrotar a los nazis, a
Mussolini y al imperio japonés en menos tiempo de lo que le está tomando a la
única superpotencia que queda en el mundo asegurar la autopista que va del
aeropuerto al centro de Bagdad. Y no es que la aseguramos, ya que después de
1347 días, el mismo tiempo que nos tomó conquistar el norte de Africa,
desembarcar en Italia, cruzar el Pacífico y atacar Francia, no pudimos lograr
que una simple autopista no explote a cada rato con minas caseras hechas con
latas de conservas. Así nadie se puede asombrar de que los taxis cobren miles de
dólares para ir del aeropuerto al centro. Y eso que el precio no incluye ni un
mísero casco.
Este fracaso absoluto, ¿es culpa de nuestras tropas? Para nada. Lo que pasa
es que no hay tanques o helicópteros o democracias salidas de la punta de las
bayonetas que puedan “ganar” en Irak. Es una guerra perdida, perdida porque
nunca tuvo ningún derecho a ser ganada, perdida porque la empezaron hombres que
nunca fueron a la guerra, hombres que se esconden detrás de los que sí pelean y
mueren.
Escuchemos lo que dice el pueblo iraquí según una encuesta reciente realizada
por la Universidad de Maryland:
- El 71 por ciento quiere que Estados Unidos salga de Irak.
- El 61 por ciento apoya los ataques de los insurgentes a las tropas
norteamericanas.
Sí, la gran mayoría de los iraquíes piensa que nuestros soldados deberían ser
mutilados y muertos. Entonces, ¿qué carajo seguimos haciendo allí? Me parece que
hay varios mensajes que no entendimos.
Hay varias maneras en que un país puede ser liberado. Generalmente, su propia
población se alza y se libera a sí misma, como hicimos nosotros. También hay
movimientos de masas no violentos, de desobediencia civil, como en la India. O
boicots internacionales tan largos y efectivos que el régimen se rinde, como en
Sudáfrica. O uno puede, simplemente, esperar hasta que las legiones del rey se
cansen de congelarse y se vayan, como pasó en Canadá. Lo que uno no hace es
invadir un país y decirle a su pueblo “llegamos a liberarlos”, cuando ellos no
movieron un dedo para liberarse a sí mismos. ¿Dónde estaban los suicidas cuando
Saddam los oprimía? Yo creo que el viejo Saddam era un tirano cruel, pero parece
que no lo suficiente para que miles arriesguen su cuello contra él. “No, Mike,
ellos no podían hacerlo... Saddam los hubiese matado...” ¿En serio? Y ustedes
creen que nuestro rey George W. no mata a los insurgentes? ¿Ustedes creen que
nuestros próceres no tenían miedo? Claro que sí, pero no pararon. Que un país no
esté dispuesto a jugarse la vida para liberarse de un tirano es la primera
indirecta que hay que atender, porque te dicen que no van a ayudar cuando uno
quiera liberarlos.
Un país puede ayudar a otro cuando éste se está liberando de un tirano, como
los franceses nos ayudaron a nosotros, pero en cuanto la ayuda termina hay que
irse de inmediato. Los franceses no se quedaron en 1784 y no nos dijeron cómo
formar un gobierno. No dijeron: “Nos quedamos porque queremos sus recursos
naturales”. Se fueron y nos dejaron solos y nos llevó seis años poder llamar a
elecciones. Y años después tuvimos una guerra civil sangrienta. Esas cosas pasan
y los franceses no dijeron: “Mejor nos quedamos en EE.UU., para que no se maten
por la esclavitud”. La única manera en que una guerra de liberación funciona es
si los libertadores tienen al pueblo detrás y a un grupo de Washingtons,
Mandelas, Gandhis y Franklins al frente. ¿Dónde están esos genios en Irak? Todo
esto es una joda, fue una joda desde el principio y la joda es con nosotros,
pero con 655.000 iraquíes muertos (según la Universidad Johns Hopkins), supongo
que la joda también los afecta a ellos. Por lo menos los 655.000 sí fueron
liberados. Para siempre.
Por eso no quiero ni oír hablar de mandar más tropas, ni de
“redistribuirlas”, ni de esperar cuatro meses para empezar a retirarse. Hay una
sola solución: irse. Ahora. Esta noche. Salir lo más rápido posible. Mucha gente
de buen corazón no quiere creerlo, nos mata aceptar la derrota, pero no hay modo
de deshacer el daño ya hecho. Si uno maneja de noche y borracho y atropella un
chico, no hay manera de volverlo a la vida. Si uno invade y destruye un país, y
empieza una guerra civil, no hay mucho más que hacer hasta que baje el polvo.
Tal vez entonces uno puede purgar la atrocidad que cometió y ayudar a los
sobrevivientes.
Los rusos se fueron de Afganistán en nueve meses y apenas sufrieron bajas. Se
dieron cuenta del error que habían cometido y se retiraron. Hubo una guerra
civil. Ganaron los malos. Tiempo después aparecimos nosotros y derrocamos a los
malos. Todo el mundo contento. Fíjense, al final todo se arregla.
La responsabilidad de terminar esta guerra es ahora de los demócratas. El
Congreso controla el presupuesto y la Constitución dice que sólo el Congreso
puede declarar la guerra. Los demócratas tienen las riendas en las dos cámaras y
no terminar con esta locura puede provocar la ira del votante. No es chiste,
señores demócratas y, si lo dudan, sigan unos meses en guerra. Así dejará de ser
la guerra de Bush y pasará a ser la guerra de Bush y los demócratas.
Esto es lo que esperamos:
1. Sacar a las tropas ya. No en seis meses. Ahora. No busquen más cómo ganar.
No podemos ganar. Perdimos. Cosas que pasan.
2. Pidan disculpas a los soldados y compénsenlos. Pidan disculpas por
hacerlos pelear una guerra que no tiene nada que ver con nuestra seguridad
nacional. Hagámoslos sufrir lo menos posible. Los mutilados física y mentalmente
tienen que ser atendidos y compensados financieramente. Las familias de los
muertos se merecen la mayor de las disculpas y atenciones de por vida.
3. Debemos purgar la atrocidad que cometimos contra el pueblo de Irak. Hay
pocos pecados peores que hacer la guerra por una mentira, invadir otro país
porque uno quiere algo enterrado allí. Muchos más pueden seguir muriendo. Su
sangre está en nuestras manos, más allá de a quién hayamos votado. Cuando
termine la guerra civil, tenemos que ayudar a reconstruir Irak. No hay redención
hasta que purguemos lo hecho.
Los americanos somos mejor que todo esto que se hizo en nuestro nombre. La
mayoría nos enojamos tanto después de los atentados que nos confundimos. Nadie
pensó, nadie miró un mapa. Y gracias a nuestro patético sistema escolar y a
nuestros perezosos medios de comunicación, nadie sabe historia. No sabíamos que
éramos nosotros los que financiamos a Saddam hasta cuando masacraba a los
kurdos. No sabíamos qué era un sunnita y qué un chiíta. El ochenta por ciento de
los jóvenes, según la National Geographic, no podía encontrar a Irak en un mapa.
Nuestros dirigentes usaron nuestra estupidez, nos manipularon con mentiras, nos
asustaron a muerte.
Pero en el fondo somos buena gente. Aprendemos despacio pero cuando nos
dijeron “misión cumplida” sospechamos y empezamos a preguntar. Después nos
fuimos desesperando y en noviembre nos enojamos y votamos para enmendar el
error. Ahora la mayoría sabe la verdad, se siente triste y culpable y quiere de
alguna manera enmendar las cosas. Por desgracia, no podemos. Entonces tendremos
que aceptar las consecuencias de nuestros actos y estar ahí si el pueblo iraquí
alguna vez se atreve a pedirnos ayuda. Les pedimos perdón. Y les exigimos a los
demócratas que escuchen y nos saquen de Irak ahora mismo.
*De http://www.michaelmoore.com/