Michael Moore Michael Moore
9 de noviembre 2008

Barack Obama

La Jornada de México 7 de noviembre de 2008

¡Todo es posible!

¿Quién de nosotros no se ha quedado sin palabras? Brotan las lágrimas. Lágrimas de júbilo. Lágrimas de alivio. Un asombroso y avasallador alud de esperanza en un momento de profunda desesperación.

   Michael Moore*

En una nación fundada sobre el genocidio y construida sobre las espaldas de los esclavos, fue un momento inesperado, impactante por su sencillez: Barack Obama, un hombre bueno, un negro, dijo que llevaría el cambio a Washington, y a la mayoría del país le gustó la idea. Los racistas estuvieron presentes a lo largo de la campaña y en las urnas, pero ya no son mayoría, y nos tocará ver en vida cómo se extingue su llama de odio.

La noche del martes ocurrió, también por primera vez, otro hecho importante. Nunca en nuestra historia había sido electo a la presidencia, en tiempos de guerra, un pacifista declarado. Espero que el presidente electo Obama lo recuerde cuando piense en expandir la guerra en Afganistán. La fe que ahora tenemos se perderá si olvida el tema principal con el cual venció a sus correligionarios demócratas en las primarias y luego a un gran héroe de guerra en la elección general. El pueblo estadunidense está cansado de la guerra. Cansado y asqueado. Y su voz se escuchó clara y fuerte este martes.

Han pasado 44 años imperdonables desde la última vez que un demócrata recibió apenas 51 por ciento del voto para presidente. No fue porque la mayoría de los estadunidenses no simpatizaran con los demócratas, sino porque rara vez les vieron agallas para cumplir lo que prometían o para defender a los trabajadores que afirman apoyar. Bueno, aquí está su oportunidad. Se les ha concedido mediante el voto popular, bajo la forma de un hombre que no es un grillo profesional, ni un burócrata que haga de Washington su modus vivendi. ¿Se volverá uno de ellos, o los obligará a ser más como él? Rogamos que sea lo segundo.

Pero hoy celebramos el triunfo de la decencia sobre el ataque personal, de la paz sobre la guerra, de la inteligencia sobre la creencia de que Adán y Eva anduvieron sobre el lomo de dinosaurios hace apenas 6 mil años. ¿Cómo será tener un presidente inteligente? La ciencia, desterrada durante ocho años, regresará. Imaginemos lo que será apoyar a las mentes más avanzadas de la nación mientras buscan curar la enfermedad, descubrir nuevas formas de energía y trabajar para salvar el planeta. Sí, ya sé, pellízquenme.

Pudiera ser también que veamos una época de reconfortante apertura, de ilustración y creatividad. Las artes y los artistas ya no serán vistos como el enemigo. Tal vez se explorará el arte para descubrir mayores verdades. Cuando FDR subió al poder, después de su aplastante victoria en 1932, lo que siguió fueron Frank Capra y Preston Sturgis, Woody Guthrie y John Steinbeck, Dorothea Lange y Orson Welles. Toda la semana se me han venido encima los medios para preguntarme: “Caray, Mike, ¿qué vas a hacer ahora que Bush se va?” ¿Bromean acaso? ¿Cómo será trabajar y crear en un ambiente que cultive y apoye el cine y las artes, la ciencia y la invención, y la libertad de ser lo que uno quiera? ¡Ver florecer un millón de flores! Hemos entrado en una nueva era, y si pudiera resumir nuestro primer pensamiento colectivo en esta nueva era, sería éste: Todo es Posible.

¡Un afroestadunidense ha sido electo presidente de Estados Unidos! ¡Todo es posible! Podemos arrebatar nuestra economía de manos de los ricos inconscientes y devolverla al pueblo. ¡Todo es posible! Se puede garantizar atención a la salud a todo ciudadano. ¡Todo es posible! Podemos dejar de derretir las placas de hielo polares. ¡Todo es posible! Los que hayan cometido crímenes de guerra serán llevados ante la justicia. Todo es posible.

En realidad no tenemos mucho tiempo. Hay mucho trabajo que hacer. Pero ésta es una semana para que todos nos regocijemos en este gran momento. Seamos humildes. No tratemos a los republicanos que tengamos a nuestro alrededor como ellos nos trataron estos ocho años. Mostrémosles la gracia y bondad que Barack Obama exudó a lo largo de la campaña. Aunque le lanzaron todos los insultos de su repertorio, él se negó a rebajarse y a devolverles el lodo. ¿Podremos seguir su ejemplo? Será difícil, lo sé.

Quiero agradecer a todos los que aportaron su tiempo y recursos para que esta victoria ocurriera. Ha sido un largo camino y se ha infligido enorme daño a esta gran nación, para no mencionar el causado a tantos de ustedes que han perdido su empleo, que han ido a la quiebra por pagar facturas médicas o que han sufrido porque un ser amado fue enviado a Irak. Ahora trabajaremos para reparar ese daño, y no será fácil.

Pero, ¡vaya forma de empezar! Barack Hussein Obama, presidente número 44 de Estados Unidos. ¡Órale! En serio: ¡Ooórale!

Traducción: Jorge Anaya

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Bitácora de Uruguay - 7 de setiembre de 2008

Carta abierta a Dios

Querido Dios,
El otro día, la organización de James Dobson pidió a todos los creyentes que rezaran para que hubiese una tormenta el jueves por la noche que obligara a cancelar el discurso de aceptación de Obama.

Veo que has respondido a las súplicas del doctor Dobson, excepto que la tormenta que has enviado a la tierra no cayó sobre Denver, sino que está llegando a Nueva Orleans. De hecho, has previsto que alcance la Luisiana exactamente en el momento en que George W. Bush debía pronunciar su discurso en la Convención Nacional del Partido Republicano.

Ahora, Padre celestial, todos sabemos que tienes un gran sentido del humor y una sincronización impecable. El hecho de enviar un huracán en el tercer aniversario del desastre del Katrina y justo cuando se iniciaba la convención republicana ha sido, sin la menor duda, un golpe de divina ironía. No te lo reprocho, sé que estás muy molesto de que los republicanos trataran de culparte por lo del Katrina diciendo que era un castigo de Dios, cuando la verdad fue que el huracán causó pocas muertes en Nueva Orleans. Más de mil personas perdieron la vida a causa de errores y negligencias de seres humanos, no por tu causa.

Algunos de nosotros tratamos de ayudar una vez que paso el Katrina, mientras que Bush comía tarta con McCain y se rascaba la panza. Yo cerré mi oficina en Nueva York y envíe a todo mi personal a Nueva Orleans para que ayudara. Pedí a la gente de mi sitio web que contribuyera al esfuerzo y terminé enviando más de un millón de dólares en donaciones, alimentos, agua y suministros a Nueva Orleans (colectados por miles de fans). Tres semanas después de esto, los camiones frigoríficos de la FEMA (la agencia federal de Bush para el manejo de emergencias) todavía iban por el estado de Maine.

Pero la noche del jueves pasado el Washington Post informó que los republicanos habían empezado a hacer planes para posiblemente posponer su convención. La Associated Press acababa de indicar que en Nueva Orleans no había refugios para capear el temporal y que las reparaciones de los diques eran inadecuadas. En otras palabras, tal como hubiera dicho el gran Ronald Reagan, “¡Ya estamos otra vez con las mismas!”.

Lo último que necesitaban John McCain y los republicanos era una pantalla de televisión dividida en dos a través de USA: en un lado, Bush y McCain de francachela en St. Paul y, en el otro, imágenes en directo de su administración republicana cagándola otra vez mientras que Nueva Orleans se ahoga.
Sí, Dios, les has dado tal susto que no cesan de clamar Jesús, María y José y muchos millones de tus seguidores te saludan ahora quitándose el sombrero.

Pero cualquiera diría que tu broma no estaba dirigida sólo a Bush y a su cuadrilla. Según parece, el huracán Gustav se está dirigiendo a Nueva Orleans y a la costa del Golfo. ¡Oh, Señor!, escuchamos fuerte y clara tu voz, igual que lo hicimos cuando el reverendo Falwell dijo que nos enviaste el 11-S en castigo por todos esos gays y lo de los abortos. Te suplicamos, ¡Oh, Padre misericordioso!, que no nos castigues de nuevo como Pat Robertson dijo que hiciste al enviarnos el Katrina porque en USA “matamos nonatos al por mayor”. Otros republicanos se hicieron eco de su sentir en 2005.

He aquí mi súplica: no le hagas esto a la Luisiana de nuevo. Los republicanos han entendido tu mensaje. Tratan a duras penas de mandar aviones, trenes y buses a Nueva Orleans y hacen lo que pueden para que todo el mundo pueda salir de allí.

 Esta vez no han enviado a Iraq la Guardia Nacional de la Luisiana: ya está patrullando las calles de la ciudad. Y, en cumplimiento de un designio que no acabo de entender, el director de la FEMA de Bush acaba de nombrar a un hombre para que organice la respuesta del gobierno federal. Se llama W. Michael Moore. No, Padre celestial, no estoy de coña. Para salvar la costa del Golfo han enviado a un hombre que tiene un nombre como el mío, precedido por una W como la del George.

Así que, Dios, por favor te lo pido, haz que la tormenta muera en el mar. Ya ha hecho bastante daño. Si me concedes este favor, te prometo que no volveré a invocar tu nombre. Dejaré que lo hagan los seguidores del doctor Dobson y los que se reúnen esta semana en St. Paul.

Tu fiel servidor y antiguo seminarista,
Michael Moore

Post scriptum a todos los hijos de Dios que lean esto: la ciudad de Nueva Orleans todavía no se ha recuperado del Katrina. Se ruega que pinchen aquí para informarse de la lista de cosas que pueden hacer con el fin de ayudar a nuestros hermanos y hermanas de la costa del Golfo. Y si viven en la costa del Golfo, tomen inmediatamente todas las precauciones necesarias para su seguridad.


(*) Cineasta norteamericano.


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