Antonio Mora Vélez - rodelu.net
4 de junio de 2005
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Un momento de gratitud
Antonio Mora Vélez
Hay personas que contribuyen con una simple actitud a cambiar el modo de pensar y la vida de otros hombres. Antonio Guardo Guardo, abogado, educador y masón, fue uno de ellos. Por los tiempos en que los sueños de los jóvenes iban de la mano del asalto a las estrellas de las cosmonaves soviéticas, el doctor Guardo era rector del colegio de bachillerato "Benjamín Herrera" de la Universidad Libre en Cartagena. Braulio Barrios, excelente docente de Filosofía, quien me conocía desde las aulas monterianas, me recomendó para reemplazarlo en dicho colegio cuando apenas yo cursaba el segundo año de Derecho en la Universidad de Cartagena. El rector Guardo, conocedor de este hecho y de mis inclinaciones dialécticas y materialistas, no se opuso al cambio –un cambio colosal, dado el título y la trayectoria del profesor Barrios y a mi ninguna experiencia docente—pero me dijo: "Antonio: No nos oponemos a que enseñes tu modo de pensar, pero debes también enseñar lo que dicen las otras escuelas filosóficas". Y así fue. Aunque, desde luego, prevalido del criterio de libertad de enseñanza que manejaba la institución, defendía mis interpretaciones dialécticas de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, que suponía verdaderas y capaces de explicar los vacíos de las ciencias y la transformación futura del mundo.

Ese ejemplo de tolerancia puso a flaquear mi dogmatismo de entonces y en tela de juicio la idea de la supremacía de una ideología frente a las demás. Comencé a pensar que todas las ideologías filosóficas y políticas, igual que las religiones, tenían el mismo derecho a la palabra, con voz y voto en el foro de la razón, y a contribuir con sus propuestas a la labor de hacer más humana la vida del hombre sobre La Tierra. Y aprendí que el respeto por el pensamiento ajeno era el primer deber de un hombre que aspiraba a hacer realidad su propio pensamiento, lo cual me condujo a pensar que la democracia era el escenario ideal para que las ideas se abrieran, como las flores de Mao, y compitieran todas las escuelas filosóficas. Y que el triunfo político de una ideología era necesariamente el triunfo del humanismo contenido en ella, lo cual implica el reconocimiento del derecho de las demás a seguir disputándole el voto de conciencia de los ciudadanos.

Antonio Guardo Guardo, el rector ejemplar del colegio "Benjamín Herrera" de Cartagena, me enseñó esa lección de tolerancia que jamás olvidaría y que me serviría para encontrar el camino de la rectificación al dogmatismo sin perder de vista los sueños de una sociedad justa e igualitaria, libre de violencia y de corrupción. Después aprendería que esa sociedad era posible y que a ella se podía llegar sin sacrificar la libertad en aras de la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales del hombre, y más que posible, real en países como Suecia y Noruega, que han eliminado la pobreza y la ignorancia y que han resuelto --con libertad-- todos los problemas de la vida contemporánea.

Por ello, ahora que me entero que la Serenísima Gran Logia Nacional de Cartagena va a hacerle un homenaje póstumo para honrar su memoria y resaltar sus valores como masón, como educador, como ser humano, como esposo, como padre y como ciudadano, escribo con mucho afecto y mucha sinceridad este sencillo testimonio de gratitud a quien, en un momento de mi vida, me enseñó el camino de la solidaridad, de la prudencia y de la tolerancia.

31 de mayo de 2005

Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

 
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