El marxismo
y la revolución bolivariana
Antonio
Mora Vélez
La revolución
bolivariana es un fenómeno político y social que acapara
la atención de muchos observadores políticos y de los militantes
y simpatizantes de la izquierda latinoamericana. Su génesis y desarrollo
está inserto en el proceso de independencia de la tutela de Washington
que se viene dando en América Latina y que tuvo su más reciente
expresión en la negativa de la OEA de aprobar la propuesta Bush
de crear un organismo para vigilar la vigencia de la democracia "made in
USA" en América, con inocultables propósitos imperiales y
con el fin de darle piso legal supranacional a los propósitos subversivos
y golpistas de la oposición venezolana.
El pensamiento bolivariano
Esta revolución, pacífica
por su origen, dado que no fue el fruto de un triunfo armado sino de una
victoria electoral refrendada ocho veces por el pueblo, ha sido definida
por su conductor, el coronel Hugo Chávez Frías, como "anti-explotadora
y anti-imperialista". Se inspira fundamentalmente en las ideas de Simón
Bolívar, de Simón Rodríguez –maestro del Libertador—y
de Ezequiel Zamora, histórico luchador por los derechos de los esclavos
y de los pobres, y uno de los baluartes de la lucha contra la oligarquía
que se tomó el poder en Venezuela después de la independencia.
Chávez y los militares bolivarianos saben que Bolívar fue
anti-imperialista ("Los Estados Unidos de América parecen destinados
por la divina providencia para plagar a América de miseria a nombre
de la libertad"), enemigo de las oligarquías criollas, de la democracia
que él llamó "aérea" que engañaba al pueblo,
partidario de un gobierno fuerte para someter a los poderosos y gobernar
en beneficio de los débiles, de la educación y del trabajo
como palancas del desarrollo, y de la integración de los países
americanos para evitar que los Estados Unidos se aprovecharan de esa desunión,
como en efecto lo han hecho durante siglos (1). Y esos y no los preceptos
del marxismo ni las orientaciones de Fidel Castro, son las directrices
por las cuales guía su acción de gobernante.
Uno de los aspectos singulares de
esta revolución es que quienes la planearon y dirigieron no hacían
parte de un partido o movimiento marxista, ni de una organización
civil de masas, sino de las Fuerzas Armadas. Ello es consecuencia de la
extracción social popular de la gran mayoría de sus oficiales
y soldados y del pensamiento bolivariano enseñado en los cuarteles,
que llevó a sus integrantes a entender que no podían continuar
sirviendo a las oligarquías enfrentando con las armas al pueblo
hambriento y a entender –como lo dijo Bolívar-- que el Ejército
era "el pueblo en armas" con la misión de defender las "garantías
sociales" y no la injusticia. Hechos como el "caracazo" de Carlos Andrés
Pérez, una sublevación motivada por la desesperación
popular frente a las políticas de hambre del Fondo Monetario Internacional,
y que terminó en una masacre ordenada por el presidente "adeco"
Pérez, apodado el "Gocho", explican el cambio ocurrido en amplios
sectores de las Fueras Armadas venezolanas, quienes se organizaron en "círculos
bolivarianos" con el fin de constituirse en opción de poder y de
liderar un proceso de transformaciones según las ideas de los "próceres"
arriba mencionados.
El programa
Tampoco es marxista el programa que
se propone realizar Chávez y que ha ido elaborando sobre la marcha,
siguiendo en esto a Simón Rodríguez, quien era partidario
de crear en lugar de repetir esquemas. La revolución bolivariana
no se propone eliminar la propiedad privada. Todo lo contrario. "Estamos
reformulando la economía sobre la base de la participación
del capital privado. Pero partimos del hecho de que no vamos a degradar
el Estado como han hecho otros países del área. Nosotros
no antagonizamos Estado y mercado. Creemos que se complementan", ha dicho
José Vicente Rangel, actual Vicepresidente de Venezuela. Y la Constitución
Bolivariana así lo consagra en sus artículos 112 y 115. El
impulso a las microempresas, a la propiedad cooperativa de la tierra y
a la privatización de las empresas no rentables del sector público,
hacen parte del paquete económico de la revolución bolivariana.
Chávez no es neo-liberal pero tampoco anti-capitalista, él
aspira a "un modelo económico equilibrado –y humanista-- que le
permita al hombre y a la mujer tener empleo, tener un buen salario y vivir
con dignidad". A nada más, "por ahora"*. Por ello ha dicho Fidel
Castro que Chávez "no es ni socialista ni marxista, es un revolucionario
como lo fueron Bolívar y Washington...Si somos hermanos no es en
el marxismo, ni en el comunismo sino en el sentido de la dignidad" (2).
El ejemplo
La ira de Washington y de las oligarquías
políticas y económicas de América Latina tiene otras
causas que enmascaran con el "coco" del comunismo. Es la pérdida
de los privilegios económicos, de la prepotencia imperial y de las
manos libres para la explotación desmedida de la población,
y del uso del Estado para robarse sus recursos y reprimir al pueblo, lo
que los une en contra de la revolución bolivariana. Y es el ejemplo
que dicha revolución le da a los demás países de América,
la mayoría de los cuales pasan por una situación peor a la
que tenían los pobres de Venezuela durante los años de dominación
de los partidos tradicionales. Y es el ejemplo del pensamiento de Bolívar
que la revolución promueve y para quien: "El día de la América
Latina solo llegará cuando se integre en una sola nación".
Y es el ejemplo que reciben los demás Ejércitos del continente,
a ninguno de los cuales se les ha pasado por la mente que puedan estar
unidos en el futuro con su pueblo –como lo estuvieron con Torrijos y Velasco
Alvarado, paradigmas de Chávez, aunque por poco tiempo-- y aliados
con la izquierda en contra del Imperio y de las clases adineradas detentadoras
del poder, responsables de la miseria, de la violencia y de la corrupción.
Período de transición
Desde luego, como lo han señalado
varios dirigentes chavistas, Venezuela vive un período de transición.
Casi se puede afirmar que hay una "dualidad de poderes", como la señalada
por Lenin durante los días previos a la revolución de Octubre
que empotró en el poder al partido bolchevique. Y esa dualidad,
cuando lo que se propone es una revolución de verdad, un cambio
de las estructuras políticas, hace difícil el proceso y obliga
a los revolucionarios a no bajar la guardia y a hacer lo que ha venido
haciendo Chávez, organizando y educando al pueblo, convirtiéndolo
en gestor de su propia liberación. En efecto, la burguesía
mantiene sus empresas y sus partidos --que controlan varias gobernaciones
y alcaldías--, y sobre todo, sus medios de comunicación que
le hacen oposición al gobierno nacional las 24 horas del día,
y que han llegado a extremos intolerables en cualquier democracia del mundo,
como el llamado a la sublevación, al golpe de estado e incluso al
asesinato del gobernante. De otra parte, muchos organismos estatales existentes,
heredados del viejo Estado, aún mantienen los vicios de burocratismo
y corrupción y no funcionan con la celeridad del proceso. Lo que
ha obligado a Chávez a crear las llamadas "misiones", más
expeditas y confiables.
De modo que no puede hablarse aún
de "revolución socialista" en Venezuela. La nueva Constitución
Bolivariana define al Estado como "democrático y social de Derecho
y de Justicia" con aceptación del "pluralismo político".
Ella aspira a hacer realidad la "democracia participativa", dado que la
"representativa" caducó en Venezuela con el fracaso de los partidos
tradicionales y de la vieja clase política. La declaratoria reciente
del carácter "socialista" de la revolución hecha por Chávez
no responde a una definición marxista de la misma, que supone la
dirección del proceso por un partido marxista, la abolición
de la propiedad privada sobre los medios de producción y la instauración
de la "dictadura del proletariado". Para Chávez el concepto "socialista"
tiene otra connotación y está más ligado a sus ideas
de un estado humanitario dentro de una sociedad justa en la que todos los
venezolanos puedan vivir con dignidad.
La unidad cívico-militar
En esta lucha contra las viejas clases
y partidos, Chávez cuenta con la mayoría de la población
y el apoyo de algunos partidos de izquierda que tienen una larga experiencia
política y uno de los cuales --Causa R— acompañó a
Chávez en su intentona golpista del 92. Y sobre todo, con el apoyo
de las Fuerzas Armadas, que tampoco han sido ajenas a la influencia de
tales ideas. Como señala el ex guerrillero Douglas Bravo, uno de
los dirigentes históricos de la izquierda venezolana: "El movimiento
de resistencia patriótico, revolucionario y socialista jamás
ha dejado de existir en el seno de las FAN porque es la expresión
de una realidad social y política que hay en el país... La
historia de la conspiración de las FAN y su ligazón con la
izquierda, es muy larga". (3). Además, las Fuerzas Armadas mantiene
una tradición de colaboración con los sectores populares
desde los años 60s, colaboración que les permitió
conocer de cerca las necesidades de la población y las injusticias
de las clases dominantes. Lo anterior quiere decir que no la tienen fácil
los enemigos de la revolución bolivariana porque en Venezuela no
van a poder contar con un Pinochet ni con las Fuerzas Armadas, como ocurrió
en Chile. La revolución bolivariana es pacífica pero está
armada, ha dicho Chávez. Y avanza en la solidificación de
la unidad cívico-militar que es su base social, creando órganos
de poder local con la consigna "el pueblo es nuestro motor" y movilizando
la acción social del Estado a través de las mencionadas "misiones"
que están llevándole al pueblo pobre la salud y la educación
que durante años le negaron los partidos corruptos de la oligarquía.
¿Un nuevo socialismo?
A Chávez le ayuda el ser bolivariano
hasta la médula. Igual que Bolívar criticó la democracia
"aérea" de su tiempo por estimarla basada en experiencias y teorías
ajenas, producto de la tendencia a pretender someter la realidad al pensamiento,
hoy Chávez llama a despertar las fuerzas y la imaginación
del pueblo en el proceso de institucionalización del nuevo Poder,
y critica el subjetivismo de algunos partidos revolucionarios, empecinados
en las recetas y en los dogmas de las metrópolis. Chávez
es un revolucionario y los revolucionarios proceden de un modo inverso,
enriquecen el pensamiento con la praxis y los cambios operados en la realidad.
No ha ocurrido así con varios dirigentes y grupos de la izquierda
venezolana que se han separado del proceso y que hoy le hacen coro a la
derecha politiquera y empresarial, en lugar de contribuir a profundizar
–pero sin saltar etapas-- una revolución que puede ser, no solo
liberadora para su pueblo, sino esclarecedora para los demás, sumidos
como están todos en la incertidumbre generada por el fracaso del
modelo de socialismo despótico que existió en la URSS y en
Europa, modelo que fracasó, entre otras causas, porque convirtió
a los dirigentes del partido en una nueva clase, burocratizó de
ese modo el poder y lo aisló de las masas.
La vía democrática
hacia el socialismo que la CIA frustró en Chile en 1973 puede estar
gestándose en la tierra de Bolívar y el deber de todo hombre
de izquierda es defender el derecho que tienen los revolucionarios bolivarianos
a experimentarla y a levantar su voz para impedir que el "norte revuelto
y brutal que nos desprecia", como decía Martí, la sepulte
con el apoyo de la oligarquía fracasada y corrupta de Venezuela.
Sobre todo porque ahora se trata de un socialismo construido desde abajo,
como debe ser, dirigido por un gobierno fuerte para quebrar la resistencia
de los poderosos ---como lo exigía Bolívar—pero sin llegar
a la dictadura de un partido o de una clase. Un socialismo horizontal y
pluralista. Un nuevo socialismo al servicio del pueblo –su beneficiario
y motor-- y que ofrece la originalidad de estar inspirado en Bolívar
y no en Marx, dirigido por unos militares revolucionarios y no por un partido
marxista, y que no se propone eliminar, al menos "por ahora" * –y ese ahora
puede durar muchos años--, a la burguesía y al capitalismo.
*"Por ahora", expresión de
Chávez, dicha cuando canceló su aspiración al poder
durante la fracasada intentona golpista de 1992.
1) "SIMÓN BOLÍVAR,
economista, ideólogo, político y periodista", Ediciones Corporación
Universitaria Simón Bolívar, Barranquilla, Colombia. Ver
también mi artículo El pensamiento de Simón Bolívar
en la América de hoy, www.rodelu.net Suecia y Revista IURIS No.
8, mayo de 2005, Facultad de Derecho, CECAR, Sincelejo, Colombia.
2) Aznáres, Carlos; Los sueños
de Bolívar en la Venezuela de hoy, Editorial Txalaparta, Nafarroa,
España, 2000
3) Aznárez, Carlos, Op. cit.
Junio de 2005
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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