Antonio Mora Vélez - rodelu.net
19 de junio de 2005
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El marxismo
y la revolución bolivariana
Antonio Mora Vélez
La revolución bolivariana es un fenómeno político y social que acapara la atención de muchos observadores políticos y de los militantes y simpatizantes de la izquierda latinoamericana. Su génesis y desarrollo está inserto en el proceso de independencia de la tutela de Washington que se viene dando en América Latina y que tuvo su más reciente expresión en la negativa de la OEA de aprobar la propuesta Bush de crear un organismo para vigilar la vigencia de la democracia "made in USA" en América, con inocultables propósitos imperiales y con el fin de darle piso legal supranacional a los propósitos subversivos y golpistas de la oposición venezolana.

El pensamiento bolivariano

Esta revolución, pacífica por su origen, dado que no fue el fruto de un triunfo armado sino de una victoria electoral refrendada ocho veces por el pueblo, ha sido definida por su conductor, el coronel Hugo Chávez Frías, como "anti-explotadora y anti-imperialista". Se inspira fundamentalmente en las ideas de Simón Bolívar, de Simón Rodríguez –maestro del Libertador—y de Ezequiel Zamora, histórico luchador por los derechos de los esclavos y de los pobres, y uno de los baluartes de la lucha contra la oligarquía que se tomó el poder en Venezuela después de la independencia. Chávez y los militares bolivarianos saben que Bolívar fue anti-imperialista ("Los Estados Unidos de América parecen destinados por la divina providencia para plagar a América de miseria a nombre de la libertad"), enemigo de las oligarquías criollas, de la democracia que él llamó "aérea" que engañaba al pueblo, partidario de un gobierno fuerte para someter a los poderosos y gobernar en beneficio de los débiles, de la educación y del trabajo como palancas del desarrollo, y de la integración de los países americanos para evitar que los Estados Unidos se aprovecharan de esa desunión, como en efecto lo han hecho durante siglos (1). Y esos y no los preceptos del marxismo ni las orientaciones de Fidel Castro, son las directrices por las cuales guía su acción de gobernante.

Uno de los aspectos singulares de esta revolución es que quienes la planearon y dirigieron no hacían parte de un partido o movimiento marxista, ni de una organización civil de masas, sino de las Fuerzas Armadas. Ello es consecuencia de la extracción social popular de la gran mayoría de sus oficiales y soldados y del pensamiento bolivariano enseñado en los cuarteles, que llevó a sus integrantes a entender que no podían continuar sirviendo a las oligarquías enfrentando con las armas al pueblo hambriento y a entender –como lo dijo Bolívar-- que el Ejército era "el pueblo en armas" con la misión de defender las "garantías sociales" y no la injusticia. Hechos como el "caracazo" de Carlos Andrés Pérez, una sublevación motivada por la desesperación popular frente a las políticas de hambre del Fondo Monetario Internacional, y que terminó en una masacre ordenada por el presidente "adeco" Pérez, apodado el "Gocho", explican el cambio ocurrido en amplios sectores de las Fueras Armadas venezolanas, quienes se organizaron en "círculos bolivarianos" con el fin de constituirse en opción de poder y de liderar un proceso de transformaciones según las ideas de los "próceres" arriba mencionados.

El programa

Tampoco es marxista el programa que se propone realizar Chávez y que ha ido elaborando sobre la marcha, siguiendo en esto a Simón Rodríguez, quien era partidario de crear en lugar de repetir esquemas. La revolución bolivariana no se propone eliminar la propiedad privada. Todo lo contrario. "Estamos reformulando la economía sobre la base de la participación del capital privado. Pero partimos del hecho de que no vamos a degradar el Estado como han hecho otros países del área. Nosotros no antagonizamos Estado y mercado. Creemos que se complementan", ha dicho José Vicente Rangel, actual Vicepresidente de Venezuela. Y la Constitución Bolivariana así lo consagra en sus artículos 112 y 115. El impulso a las microempresas, a la propiedad cooperativa de la tierra y a la privatización de las empresas no rentables del sector público, hacen parte del paquete económico de la revolución bolivariana. Chávez no es neo-liberal pero tampoco anti-capitalista, él aspira a "un modelo económico equilibrado –y humanista-- que le permita al hombre y a la mujer tener empleo, tener un buen salario y vivir con dignidad". A nada más, "por ahora"*. Por ello ha dicho Fidel Castro que Chávez "no es ni socialista ni marxista, es un revolucionario como lo fueron Bolívar y Washington...Si somos hermanos no es en el marxismo, ni en el comunismo sino en el sentido de la dignidad" (2).

El ejemplo

La ira de Washington y de las oligarquías políticas y económicas de América Latina tiene otras causas que enmascaran con el "coco" del comunismo. Es la pérdida de los privilegios económicos, de la prepotencia imperial y de las manos libres para la explotación desmedida de la población, y del uso del Estado para robarse sus recursos y reprimir al pueblo, lo que los une en contra de la revolución bolivariana. Y es el ejemplo que dicha revolución le da a los demás países de América, la mayoría de los cuales pasan por una situación peor a la que tenían los pobres de Venezuela durante los años de dominación de los partidos tradicionales. Y es el ejemplo del pensamiento de Bolívar que la revolución promueve y para quien: "El día de la América Latina solo llegará cuando se integre en una sola nación". Y es el ejemplo que reciben los demás Ejércitos del continente, a ninguno de los cuales se les ha pasado por la mente que puedan estar unidos en el futuro con su pueblo –como lo estuvieron con Torrijos y Velasco Alvarado, paradigmas de Chávez, aunque por poco tiempo-- y aliados con la izquierda en contra del Imperio y de las clases adineradas detentadoras del poder, responsables de la miseria, de la violencia y de la corrupción.

Período de transición

Desde luego, como lo han señalado varios dirigentes chavistas, Venezuela vive un período de transición. Casi se puede afirmar que hay una "dualidad de poderes", como la señalada por Lenin durante los días previos a la revolución de Octubre que empotró en el poder al partido bolchevique. Y esa dualidad, cuando lo que se propone es una revolución de verdad, un cambio de las estructuras políticas, hace difícil el proceso y obliga a los revolucionarios a no bajar la guardia y a hacer lo que ha venido haciendo Chávez, organizando y educando al pueblo, convirtiéndolo en gestor de su propia liberación. En efecto, la burguesía mantiene sus empresas y sus partidos --que controlan varias gobernaciones y alcaldías--, y sobre todo, sus medios de comunicación que le hacen oposición al gobierno nacional las 24 horas del día, y que han llegado a extremos intolerables en cualquier democracia del mundo, como el llamado a la sublevación, al golpe de estado e incluso al asesinato del gobernante. De otra parte, muchos organismos estatales existentes, heredados del viejo Estado, aún mantienen los vicios de burocratismo y corrupción y no funcionan con la celeridad del proceso. Lo que ha obligado a Chávez a crear las llamadas "misiones", más expeditas y confiables.

De modo que no puede hablarse aún de "revolución socialista" en Venezuela. La nueva Constitución Bolivariana define al Estado como "democrático y social de Derecho y de Justicia" con aceptación del "pluralismo político". Ella aspira a hacer realidad la "democracia participativa", dado que la "representativa" caducó en Venezuela con el fracaso de los partidos tradicionales y de la vieja clase política. La declaratoria reciente del carácter "socialista" de la revolución hecha por Chávez no responde a una definición marxista de la misma, que supone la dirección del proceso por un partido marxista, la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la instauración de la "dictadura del proletariado". Para Chávez el concepto "socialista" tiene otra connotación y está más ligado a sus ideas de un estado humanitario dentro de una sociedad justa en la que todos los venezolanos puedan vivir con dignidad.

La unidad cívico-militar

En esta lucha contra las viejas clases y partidos, Chávez cuenta con la mayoría de la población y el apoyo de algunos partidos de izquierda que tienen una larga experiencia política y uno de los cuales --Causa R— acompañó a Chávez en su intentona golpista del 92. Y sobre todo, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, que tampoco han sido ajenas a la influencia de tales ideas. Como señala el ex guerrillero Douglas Bravo, uno de los dirigentes históricos de la izquierda venezolana: "El movimiento de resistencia patriótico, revolucionario y socialista jamás ha dejado de existir en el seno de las FAN porque es la expresión de una realidad social y política que hay en el país... La historia de la conspiración de las FAN y su ligazón con la izquierda, es muy larga". (3). Además, las Fuerzas Armadas mantiene una tradición de colaboración con los sectores populares desde los años 60s, colaboración que les permitió conocer de cerca las necesidades de la población y las injusticias de las clases dominantes. Lo anterior quiere decir que no la tienen fácil los enemigos de la revolución bolivariana porque en Venezuela no van a poder contar con un Pinochet ni con las Fuerzas Armadas, como ocurrió en Chile. La revolución bolivariana es pacífica pero está armada, ha dicho Chávez. Y avanza en la solidificación de la unidad cívico-militar que es su base social, creando órganos de poder local con la consigna "el pueblo es nuestro motor" y movilizando la acción social del Estado a través de las mencionadas "misiones" que están llevándole al pueblo pobre la salud y la educación que durante años le negaron los partidos corruptos de la oligarquía.

¿Un nuevo socialismo?

A Chávez le ayuda el ser bolivariano hasta la médula. Igual que Bolívar criticó la democracia "aérea" de su tiempo por estimarla basada en experiencias y teorías ajenas, producto de la tendencia a pretender someter la realidad al pensamiento, hoy Chávez llama a despertar las fuerzas y la imaginación del pueblo en el proceso de institucionalización del nuevo Poder, y critica el subjetivismo de algunos partidos revolucionarios, empecinados en las recetas y en los dogmas de las metrópolis. Chávez es un revolucionario y los revolucionarios proceden de un modo inverso, enriquecen el pensamiento con la praxis y los cambios operados en la realidad. No ha ocurrido así con varios dirigentes y grupos de la izquierda venezolana que se han separado del proceso y que hoy le hacen coro a la derecha politiquera y empresarial, en lugar de contribuir a profundizar –pero sin saltar etapas-- una revolución que puede ser, no solo liberadora para su pueblo, sino esclarecedora para los demás, sumidos como están todos en la incertidumbre generada por el fracaso del modelo de socialismo despótico que existió en la URSS y en Europa, modelo que fracasó, entre otras causas, porque convirtió a los dirigentes del partido en una nueva clase, burocratizó de ese modo el poder y lo aisló de las masas.

La vía democrática hacia el socialismo que la CIA frustró en Chile en 1973 puede estar gestándose en la tierra de Bolívar y el deber de todo hombre de izquierda es defender el derecho que tienen los revolucionarios bolivarianos a experimentarla y a levantar su voz para impedir que el "norte revuelto y brutal que nos desprecia", como decía Martí, la sepulte con el apoyo de la oligarquía fracasada y corrupta de Venezuela. Sobre todo porque ahora se trata de un socialismo construido desde abajo, como debe ser, dirigido por un gobierno fuerte para quebrar la resistencia de los poderosos ---como lo exigía Bolívar—pero sin llegar a la dictadura de un partido o de una clase. Un socialismo horizontal y pluralista. Un nuevo socialismo al servicio del pueblo –su beneficiario y motor-- y que ofrece la originalidad de estar inspirado en Bolívar y no en Marx, dirigido por unos militares revolucionarios y no por un partido marxista, y que no se propone eliminar, al menos "por ahora" * –y ese ahora puede durar muchos años--, a la burguesía y al capitalismo. 

*"Por ahora", expresión de Chávez, dicha cuando canceló su aspiración al poder durante la fracasada intentona golpista de 1992. 



1) "SIMÓN BOLÍVAR, economista, ideólogo, político y periodista", Ediciones Corporación Universitaria Simón Bolívar, Barranquilla, Colombia. Ver también mi artículo El pensamiento de Simón Bolívar en la América de hoy, www.rodelu.net Suecia y Revista IURIS No. 8, mayo de 2005, Facultad de Derecho, CECAR, Sincelejo, Colombia.

2) Aznáres, Carlos; Los sueños de Bolívar en la Venezuela de hoy, Editorial Txalaparta, Nafarroa, España, 2000

3) Aznárez, Carlos, Op. cit.

Junio de 2005

Antonio Mora Vélez

Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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