l enigma sagrado" (1) de los investigadores ingleses Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, es una de esos libros que "socavan despiadadamente los cimientos...de nuestros arquetipos mentales", y que producen una "sensación de desnudez y de desamparo ante lo que se derrumba y sobre todo ante aquello que se vislumbra detrás y que permaneció hasta ahora deliberadamente oculto", según afirma el prologuista Juan B. Atienza.
Se trata de una obra de 420 páginas en la que sus autores, al tratar de desentrañar el misterio oculto en Rennes-le-Chateau, al sur de Francia, descubren que Jesús no murió en la cruz, como también lo afirmaron los cátaros, los arrianos y lo afirma el Corán islámico, y que María Magdalena, su esposa, emigró a Francia después de la aparente crucifixión del primero y salvó así el linaje del "rey de los judíos". En esta región la "sangre real" (el Santo Grial) se mezcla con los francos y surge con el correr del tiempo la dinastía merovingia la que, representada por Clodoveo, firma un pacto de mutuo reconocimiento con Roma, pacto que es posteriormente roto por el Papa con el apoyo dado por éste al ascenso al trono de Pipino III, un carolingio, en la Francia del año 751, y con el cual traiciona a los herederos de la "sangre real" de David, esto es, de Jesús, en cuya "vida, pasión y muerte" basan su existencia como Iglesia. Desde entones tales descendientes han buscado el trono real que perdieron en Judea y en París, según los autores; y el libro abunda en ejemplos históricos de los fracasos, entre ellos el de Godofredo de Bouillón, quien conquistó Jerusalem en la primera cruzada (1099) ciudad que fue perdida pocos años después bajo el mando de su hermano Balduino I.
Al parecer la misión de los Templarios en esa primera cruzada no fue la de "rescatar el sepulcro de Jesús" que estaba en poder de los "infieles" sino excavar en las ruinas del Templo de Salomón para encontrar el Santo Grial, vale decir, la genealogía y demás datos referentes al linaje del "hijo de la estirpe de David", lo que al parecer lograron y, de ser cierta la hipótesis, sería el secreto que celosamente guardó el cura Berenger Saniere en su "Villa Bethania" o en la iglesia o alrededores de Rennes-le-Chateau. Y que, según los autores del libro, hoy conocen los integrantes de la llamada Orden de Sion, quienes tienen la prueba reina de esta afirmación y quienes la escondieron no solo en Rennes-le-Chateau sino en la simbología de los Templarios, de la masonería del rito escocés y de muchas otras órdenes secretas.
El libro sostiene con pruebas el matrimonio de Jesús con María Magdalena, a la que descubre como mujer culta y aristócrata, iniciada en uno de los cultos de misterios considerados paganos por los seguidores de la doctrina mosaica. Y aporta también pruebas del exilio de dicha mujer en el sur de Francia, en donde se le venera aún hoy, después de tantos siglos. Frente al fracaso de Jesús de hacerse coronar como rey de los Judíos, título al cual tenía derecho por genealogía según dicen los autores, la Magdalena prefirió salvar el linaje y emigrar a Marsella con su hermano Lázaro (La Magdalena y la María de Bethania eran la misma persona) y José de Arimatea, mientras los cristianos del pueblo, los "partidarios del mensaje", comandados por los zelotes, prefirieron resistir hasta el sitio de Masada (año 69 d. n. e.) en donde fueron aniquilados y en donde se sospecha murió también, realmente, el hijo de José y de María. Como consecuencia de lo anterior los "partidarios del mensaje" se convirtieron en la línea de desarrollo de la nueva religión mientras los "partidarios del linaje" se perdieron en las sombras de la historia medieval de Europa y pasaron a engrosar los archivos de logias, sectas y cofradías en posesión de tan "augusto misterio" y a la espera de una siguiente oportunidad.
"El enigma sagrado" estudia los aportes de las comunidades esenias y fariseas al pensamiento de Jesús, y cuestiona la exactitud de los Evangelios en muchos apartes. Para sus autores, el cristianismo de hoy se diferencia mucho del pensamiento original de Jesús, esencialmente político, en la medida en que buscaba la unidad del pueblo alrededor de la corona de David para liberarlo del yugo romano. Para ellos los evangelios fueron escritos para ser leídos en Roma y servir a los intereses de divulgación de la iglesia naciente de Pablo de Tarso, razón por la cual blanquean la participación que tuvo el Imperio Romano en la muerte de Cristo, su principal enemigo, y en la eliminación de su movimiento de liberación, y le echan toda la culpa a los judíos.
Aunque en sus propósitos no estaba cuestionar las bases ideológicas de la religión cristiana, y en particular de la católica, los autores de este libro reconocen que de confirmarse sus asertos e hipótesis, y la prueba la tienen los autores de los "Protocolos de Sion", se produciría un fenómeno tal de crisis de fe que la existencia misma de la institución papal estaría en riesgo. "¿Cómo podría interpretarse el advenimiento de un descendiente por línea directa de Jesús? –preguntan los autores de la obra y responden-- Para un público receptivo podría ser una especie de segunda venida". Y concluyen: un pastor gobernante con estas calidades no sólo reclamaría con todo derecho el poder secular que la Iglesia le arrebató a los merovingios, sino el trono de San Pedro. Todo lo cual vendría a confirmar las cuartetas de Nostradamus, quien conoció el "enigma sagrado" del Grial, y que aluden a la presencia futura de un Papa de origen francés, exactamente de la casa de Lorena (merovingia) que cambiará de lugar a la Santa Sede y se convertirá en jefe espiritual del mundo.
(1) El enigma sagrado, Baignet M., Leigh R., y Lincoln H., Círculo de Lectores, Bogotá, 1987.