Antonio Mora Vélez - rodelu.net
30 de octubre de 2005

El nuevo anarquismo

Antonio Mora Vélez
El anarquismo es la negación de la autoridad del Estado y de la propiedad privada. Para Proudhon, el pionero, la propiedad es un robo y el Estado es la maldición de Dios y hay que abolirlo. Para alcanzar esa meta proponía un Banco de los Trabajadores y organizaciones como las cooperativas de hoy. Otro de los fundadores es Mijail Bakunin, quien, al igual que Produhom, detestaba la propiedad capitalista y el Estado. Pero era más radical que el primero pues proponía la destrucción del Estado mediante la acción directa y una colectivización de los medios de producción pero desde abajo, impulsada por los mismos trabajadores, y no desde arriba por el "estado proletario", como sostenían los marxistas (*). Otra diferencia entre unos y otros fue la de que los seguidores de Marx proponían la participación en las elecciones, a diferencia de los anarquistas, que rechazaban la democracia y no eran partidarios de la organización político-partidista.

Anarquistas ha habido siempre y los hay hoy. Unos pacíficos, como los hippies y los miembros de las comunidades religiosas autárquicas. O como Norberto Bobbio, para quien todo Estado es opresor y enemigo de la libertad humana. Y otros violentos, los partidarios de derrocar violentamente los gobiernos, o quienes, siendo gobierno, apelan a la violencia para desconocer la democracia. Anarquistas fueron los cínicos y los estoicos, en la antigüedad. Y son hoy personalidades como Noam Chomsky, uno de los más beligerantes opositores al imperio de Bush. Pero ninguno de ellos pensó que su credo podría ser asumido por los contrarios de la clase trabajadora, por los dueños del capital, a quienes han combatido desde siempre. Y eso es lo que ocurre hoy. Anarquistas son los dueños de las compañías transnacionales que se reparten el mundo y que pasan por encima de la autoridad de los Estados nacionales para hacer sus negocios. Anarquistas son también los neo-liberales, para quienes el Estado debe ser reducido a su mínima expresión. Pero así como el anarquismo degeneró en terrorismo, sobre todo desde Errico Malatesta, los anarquistas de hoy con frecuencia apelan al terrorismo para imponer sus principios y defender sus intereses. Anarquistas son los gobernantes que utilizan la violencia para destruir Estados que son un obstáculo a sus fines de dominación y explotación de los recursos ajenos, y también quienes desconocen la voluntad democrática de otros pueblos y participan en el derrocamiento de sus gobiernos.

Casi se puede decir que el anarquismo moderno es la antítesis del antiguo pero con los mismos procedimientos. Igual que lo formuló el anarquista ruso Sergio Nietchaiev en su "catecismo", los nuevos anarquistas son partidarios de "difamar por cualquier medio, incluso la mentira; cometer todos los asesinatos necesarios; hacer causa común con los bandidos que están por encima de las leyes; y robar para conseguir los medios que se necesitan" (*). Los anarquistas de hoy declaran la muerte del Estado, para imponer el dominio de los grupos internacionales de poder, y acabar con la propiedad individual y nacional en beneficio de concentrar la propiedad en las empresas transnacionales. Y si se opone a sus fines, los nuevos anarquistas declaran caduca la democracia, llamándola populismo, y no vacilan en calificarla enemiga y en llamar a una santa cruzada para derrocarla. De allí que los conceptos de soberanía nacional y potestad del Estado hayan quedado en desuso frente a las nuevas concepciones de la globalización anarquista. Y los organismos representativos del mundo –delegatarios del poder del Estado-- sean cada vez más inoperantes frente a la soberbia del Imperio y de sus aliados anarquistas de todo el planeta.

(*) Anarquismo para principiantes, Marcos Mayer, Era Naciente, Argentina

Antonio Mora Vélez

Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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