sí tituló EL MERIDIANO de Córdoba (Noviembre 12, pagina 6A) pero sin los signos de interrogación, el encuentro en un programa de TV de Manizales entre Ernesto Báez, jefe de las AUC, y el ex comandante de la célebre toma de la Embajada dominicana en 1980, Rosemberg Pabón. Según el despacho de prensa, entre los dos hombres se produjo un intercambio cordial de opiniones, elogios mutuos, frases como la de que el enfrentamiento es consecuencia de que “no nos hemos hablado ni conocido” y la constatación de una serie de coincidencias políticas que llegaron hasta el punto de identificarse en una posible candidatura de convergencia de Álvaro Leyva o Ingrid Betancourt para la presidencia de la República con el fin de lograr “un exitoso proceso de paz”.
La historia está llena de ejemplos de jefes militares enemigos que han depuesto el orgullo y los resentimientos y se han sentado a la mesa a negociar el fin de las hostilidades. En Colombia hay casos, resaltados por la prensa, de excombatientes de las AUC y la guerrilla, que hoy son socios en empresas productivas y comunitarias. Pero las heridas de esta guerra son tan hondas que no es fácil asumir esta actitud, inteligente y sensata, de Báez y Pabón. Por ello resulta obligado ponerla como ejemplo y señalar que tiene unos alcances patrióticos y democráticos que no se pueden soslayar y decir que contribuye, sin duda, a despejar el camino de la reconciliación entre los colombianos.
El solo hecho de la comunicación entre los grupos armados ilegales sobre el tema de la paz, es ya de suyo importante para el futuro democrático del país. Ambos líderes –dice la noticia—estuvieron de acuerdo en que solo el diálogo puede sacar a Colombia del abismo, tesis que no cuenta con mucha opinión en las alturas del Poder. Y si, además, este diálogo encuentra puntos de convergencia, como al parecer existen, pues mucho mejor. Podría ser el origen de un nuevo fenómeno político con el que no cuentan ni los politiqueros corruptos, ni los oligarcas egoístas, ni el Tío Sam imperialista y expoliador, que son los principales responsables de la ineficacia y del descrédito del Estado, de la miseria de millones de colombianos, de la intolerancia, la exclusión política y de la violencia.
Es evidente que un punto de convergencia es el rechazo a la extradición en el que ambos sectores –las AUC y la guerrilla-- tienen opiniones comunes y en cuya negativa basan sus propuestas de desmovilización y reinserción en la vida civil y política del país. Y si aun tiene vigencia un programa de las AUC que leí hace unos años, también son puntos de contacto las tesis de una política internacional independiente, de defensa del agro y de la industria nacional frente a los fenómenos de globalización orientados por los países desarrollados y la de una política estatal encaminada a resolver las graves injusticias sociales que padece el país, en especial la miseria de casi diez millones de colombianos, caldo de cultivo de la violencia de todos los matices.
Aunque no creo que en el futuro se vaya a producir una unificación de las fuerzas armadas ilegales que desafían el poder del Estado y que Báez, Gabino y “Tiro Fijo” se vayan a sentar en la misma mesa de comando para dirigir las operaciones militares contra las Fuerzas Armadas constitucionales de Colombia, pienso que hay que tener en cuenta lo que ha ocurrido en Manizales. Es un buen augurio de lo que puede ser un diálogo entre las mismas partes en conflicto, que podría llegar más lejos que los realizados con el Gobierno, porque pondría sobre el tapete los puntos de vista de ambas fuerzas sobre el régimen político, los partidos, sobre el manejo de la economía y de las relaciones internacionales, sobre la reinserción de los antiguos combatientes, temas todos que deben ser estudiados en una mesa de negociaciones si queremos darle visos de realidad a un proceso de paz con desarme y con compromisos de parte y parte, como debe ser; lógica consecuencia de otro punto que comparten las AUC y las guerrillas: Que no están en la tónica de entregarse, como si hubieran sido derrotadas militarmente, sino de negociar su desmovilización.