Antonio Mora Vélez - rodelu.net
25 de diciembre de 2005

El país de los perversos

Antonio Mora Vélez
Este es un país de perversos, de personas que sienten placer en hacerle daño a los demás, en perseguirlos, en quitarles el pan de la boca, la salud y la tranquilidad. Un país de gentes egoístas por tradición además de por naturaleza. Un país que no tiene corazón y cuyas gentes viven envenenadas por el odio. Un país de oportunistas, de vividores, de envidiosos, de mediocres y de amargados. Un país sin ideas ni principios, donde prima la ambición desmedida y el individualismo más atroz. La palabra solidaridad ha desaparecido del pensamiento. Lo importante para el colombiano es el yo, la posición, el poder, la punta de lanza para acomodarse, utilizar los cargos para enriquecerse y atropellar –y hasta asesinar— a los que se les oponen. Un país donde la mayoría silenciosa ha terminado por aceptar esta ley de la selva y por ello en las altas esferas empresariales, educativas y de gobierno, cunde la intriga, la trapisonda, la zancadilla, la calumnia, la persecución, la falacia, la hipocresía. Herramientas todas propias de los hombres perversos.

Un país así no puede tener buenos gobernantes, ni buenos administradores, ni buenos funcionarios, ni buenos ciudadanos. Se tiene que conformar con la mediocridad de los que se agazapan bajo el alero de los perversos para hacer, como tantos, el papel de idiotas útiles de ellos y de cómplices del atropello a los intereses de la comunidad que dirigen. Es la única forma de subsistir para unos y otros: los perversos y los idiotas útiles. Por eso estamos como estamos. No hay carácter, ni principios, ni valores, solo el deseo animal de pasar por encima de los demás para salir adelante, así no se tengan los méritos; o el de aceptar cobardemente la dictadura de los perversos para subsistir y para aprender a ser perverso.

Mientras la política, la economía y la cultura sean dirigidas por gentes de esta clase, Colombia será presa fácil de los halcones que manejan el poder y la economía mundiales. Mientras las empresas e instituciones colombianas sean manejadas por personas de esta catadura, navegarán en el mar de las crisis permanentes, crisis que los perversos le achacarán a los demás y no a sus errores y a sus debilidades. Y las veremos fracasar, impotentes, porque los perversos –en un país de perversos— cuentan con el apoyo para hacerse elegir una y mil veces, gracias al olvido fabricado de su historial de perversidades. Aparte de que son, generalmente, autoritarios, prepotentes y soberbios, con lo cual ocultan su condición de seres anodinos y mediocres, que tienen necesidad de recurrir a la intriga y al espíritu de secta para seguir mandando. Pero así como ha ocurrido en otras partes, no estamos condenados a vivir eternamente bajo la férula de los perversos. Tarde o temprano llegará el día del turbión y esa marejada de pueblo honesto, bueno y ultrajado, acabará con tanta perversidad acumulada. Entonces brillará el sol de la verdad y la sociedad encontrará el sendero de la dignidad y de la justicia.

Antonio Mora Vélez

Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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