Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez - rodelu.net
15 de enero de 2006

"Coveñas al desnudo"*

Antonio Mora Vélez
El título me despistó por unos segundos. Pensé que se trataba de uno más de los miles de casos de corrupción que la prensa descubre a diario en los municipios del Caribe colombiano. Estamos tan acostumbrados a tales titulares que todo lo que leemos en la prensa nos traslada a ese mundo disociador de la corrupción que ha convertido al país y a las instituciones y empresas –incluso las universitarias— en unos infiernos. Pero no fue sino pasar la vista hacia la imagen que ilustraba la nota para entender que se trataba de algo agradable, de una joven que había decidido tomar el sol desnuda en una de las playas de Coveñas, sin importarle la mirada de los transeúntes y vendedores ambulantes, uno de los cuales fue registrado al fondo por el fotógrafo, ocupado más en mirar el lugar hacia donde iba a vender sus flotadores que el hermoso cuerpo de la bañista.

Creo que el desnudo de la muchacha y de todas y de todos los que lo deseen hacer en el futuro en las playas del país es mejor que el destape publicitario de tantas reinas y modelos que no sirven sino para vender bienes de consumo. El primero es una actitud de libertad, de querer estar mejor, sin estrés, en el ambiente natural de una playa. El segundo es parte de ese proceso de degradación de la mujer que la ha convertido en mercancía y en centro de generación del morbo que la publicidad necesita para atraer la atención de los potenciales compradores. A la bañista nudista la mueve su deseo de dorarse por completo y su visión desprejuiciada del cuerpo humano, libre de malicia, sin segundas intenciones comerciales o morbosas. A las modelos las mueve el afán de riquezas, de ascenso social y con la obvia segunda intención de encontrar un buen oferente –un marido con dinero— para su belleza y para su cuerpo.

En Colombia, un país que le rinde culto al dinero mal habido y al asesinato que es su consecuencia, el nudismo es considerado pecaminoso e inaceptable para la moral y el derecho. Ayuda a esta actitud de exclusión el pensamiento religioso que convirtió el mito del pecado original de Adán y Eva en una fórmula de condenación del desnudo. En otros países, como España, es parte de lo que se conoce hoy como derecho al libre desarrollo de la personalidad. Y hay centenares de playas, hoteles, clubes, piscinas y hasta discotecas que lo admiten, dentro de las más rigurosas reglas de comportamiento que excluyen toda posibilidad de su uso para fines sexuales. En tales países, que se escandalizan con un crimen, ver a un grupo de nudistas caminar por una calle costera no produce reacción negativa o grosera alguna, muy diferente de lo que ocurre en Colombia, en donde el escándalo lo genera el desnudo y no el crimen.

Demás está decir que me gustaría abrazar –eso sí, vestidos— a la joven bañista de Coveñas, para felicitarla por su gesto de libertad y de valor. Desnudarse en una playa que no es nudista y en un país como Colombia, es como para un reconocimiento de la Federación Naturista Internacional, entidad que aglutina todas las asociaciones nudistas del mundo y que promociona "el nudismo en comunidad, asociado al auto-respeto" como una forma de vida que se propone un acercamiento y defensa de la naturaleza y "la salud mental y física" del Hombre. El día que los colombianos decidamos reclamar todos nuestros derechos del mismo modo que lo ha hecho esta niña con el suyo, tendremos otro país. También se merece una felicitación el vendedor de flotadores que pasó por su lado, echó una miradita de admiración, y siguió de largo como si nada, respetando de ese modo el derecho a la intimidad de la nudista y demostrando que es, con su poco nivel de escolaridad, más tolerante y más educado que muchos de sus congéneres. Y el fotógrafo, que no exploró ninguna perspectiva escabrosa y le tomó la foto a la niña con profesionalismo y con respeto.

* EL MERIDIANO de Córdoba, jueves 5 de enero, primera página.

Antonio Mora Vélez

Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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