ngrid Betancourt va camino de convertirse en la portadora de la bandera ética que debe cambiarle la cara al país, y en una opción seria de triunfo frente a la clase política tradicional, desprestigiada, y frente al candidato presidente que se olvidó de la mano abierta que se puso durante la campaña pasada en el corazón y que agobia cada vez más al pueblo con las cargas de la necesidad. Ingrid Betancourt ha cumplido cuatro años secuestrada y nadie, ni el gobierno, ni la clase política, ni la sociedad civil, ni las Farc, han querido ponerla en libertad. Parece como si todos a una se hubieran confabulado para acallar su voz valerosa e inteligente, una voz que desnudó en una de sus obras la verdadera catadura moral y política de varios "pesos pesados" de la política nacional, que aún siguen "con las mismas", como decía Gaitán.
Qué tan importante es esta mujer para Europa lo muestra la opinión de varios destacados políticos de Francia y el interés que el gobierno francés ha mostrado en la gestión de su libertad. La palabra de Ingrid, han dicho en ese país, sirvió para cambiar la idea que "hasta entonces teníamos de Colombia –republiqueta de bandidos y narcotraficantes—por la de millones de personas como Ingrid por las cuales valía la pena luchar". Para los franceses de todos los partidos ella representa los "principios y valores" de la democracia europea frente a la barbarie colombiana, y es por eso un mito en Francia y en Europa hasta el punto de existir una cátedra de Derechos Humanos con su nombre en varias escuelas de París, que su rostro figura en vallas que exigen su libertad en las carreteras de Europa y que varias ciudades de Francia, Bélgica, Italia y Alemania la han declarado ciudadana ilustre.
Hace unos días el Ministro de Relaciones Exteriores de Francia vino a Colombia y se dirigió a Ingrid en un emotivo mensaje a través de una cadena de radio. Exhortó al gobierno y a las Farc a buscar fórmulas para la liberación de la candidata presidencial y de los demás secuestrados. En las actuales circunstancias del país, una mujer como Ingrid Betancourt jugaría un gran papel en las elecciones presidenciales que se avecinan. Entraría a suplir el poco carisma de los candidatos de la oposición. Y sería, con méritos y justicia, una fórmula ideal para cualquiera de los partidos que se enfrentan a la aplanadora electoral del presidente. Una oportunidad que las izquierdas --la liberal, la socialdemócrata, la socialista y la marxista—no pueden desaprovechar y que el presidente Uribe les ha servido en bandeja con el descontento generado por el Plan de desmovilización de los paramilitares y la firma del TLC con los Estados Unidos.
Pero hay una razón más y de más peso para exigir la libertad de Ingrid y de todos los secuestrados. Y es la humana. No hay un principio o tesis ideológica que autorice a un movimiento que se dice político a secuestrar a una persona para utilizarla como instrumento en su guerra contra el Estado. Y menos tratándose de una mujer que está en la línea crítica de la situación social y política que sus "captores" dicen combatir con las armas. El secuestro es una forma de esclavitud, es inhumano, es amoral y alguien que ha sido inhumano en la oposición no convence a nadie que no pueda serlo en el gobierno. Fidel Castro no secuestró a ningún cubano durante su permanencia en la Sierra Maestra, ni asesinó a civiles y por eso el pueblo le creyó su proclama de libertad frente al tirano Batista.
El país ya está cansado de tanta dilación. La guerrilla debe dar muestras inequívocas de querer el intercambio humanitario. El gobierno, por su parte, debe asumir la iniciativa y acceder al clamor de los familiares de los secuestrados, de la comunidad internacional y de quienes deseamos que impere en nuestro país el respeto a los derechos inalienables del hombre. Conviene precisarle a unos y a otros que si bien la guerra es la continuación de la política por otros medios, la política es la garantía de triunfo de todas las guerras. Y que una política inteligente de paz le abre camino a los triunfos militares o los convierte en innecesarios porque conduce a un acuerdo de cese al fuego, que es mucho mejor.
28 de febrero de 2006