Dualidad de poderes
Antonio
Mora Vélez*
Un
gobernador despacha en su oficina y otro lo hace en el salón de audiencias. Ambos dicen ser legales. El uno empuña la sentencia de la Corte y el otro la credencial del pueblo que votó su nombre, como hubiera podido votar el del vecino. Uno y otro nombra, aprueba, firma, compromete. En fin de cuentas, aquí nada es atroz, dijo el poeta. Entre tanto, el pueblo sigue igual, "viviendo del afrecho" (1). Los prestamistas esperan que los elegidos les paguen sus favores. Los periodistas exclaman: ¡legalidad! legalidad! ¡legalidad!. Un intelectual del altiplano dice: ¡Qué horrors! Un "mamerto" (2) recuerda la "dualidad de poderes" de Lenin. En un bar alguien le mezcla ron a su despecho y se escucha un viva al gran partido liberal.
Esto que parece una nota del "Tuerto" López (3) es nada más la croniquilla de un hecho real que llamaría a risa si no fuera porque ocurre en un país que mantiene al 65% de su población bajo los niveles de pobreza y en donde el Estado está deslegitimado por la corrupción y la ineficacia; la clase política sigue empecinada en vivir en su mundo particular de intereses, al margen de las necesidades del pueblo. Y en donde las llamadas "fuerzas vivas" –que son las que no se están muriendo de hambre—insisten en repetir la historia de intolerancia del gobierno de la naciente república brasileña que prefirió arrasar militarmente con todo un caserío del "sertón" (4) para vencer la resistencia de un cura fanático que convenció a sus feligreses que la república era la encarnación del demonio y que era mejor la monarquía de Pedro I; en lugar de rescatar para la democracia con el centro de salud, la escuela, las redes de energía y agua, y préstamos bancarios, a todos esos agricultores engañados.
Colombia merece una mejor suerte y casos como el que motiva esta nota, no generan sino decepción y pérdida de fe en las instituciones democráticas, en los partidos políticos y en los dirigentes del Estado. Circunstancias que, conjuntamente con la pobreza galopante, convierten en un imposible el fin de la guerra por medios que no sean los del diálogo y la negociación; acompañados éstos del firme propósito de encarar, desde el Estado, la solución al grave problema de exclusión del bienestar en que vive la mayor parte de la población. Y con programas ambiciosos como el de La Mojana (5) que, según Apolinar Díaz Callejas (6) es la redención de la costa caribe. Y que el gobernador Jorge Anaya Hernández ha decidido impulsar, con el apoyo del citado intelectual de izquierda, para sacar a Sucre del atraso.
Notas
1) Expresión coloquial para señalar que se vive de los desperdicios.
2) Término con el cual los maoístas y trostkistas de los años 70 designaban a los miembros del PCC
3) Poeta colombiano que manejó la ironía y el sarcasmo como ninguno.
4) Extensiones de tierra casi áridas, en el Brasil.
5) Región del departamento de Sucre que se inunda en las épocas de lluvia y cuyo potencial agrario debidamente explotado redimiría a toda esta región de Colombia.
6) Ex Senador y Ex Ministro de Estado que ha sido el abanderado de la canalización de las tierras de La Mojana.
6 de julio de 2006
* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.