Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez - rodelu.net
25 de febrero de 2007

Suecia: una realidad que asombra

Antonio Mora Vélez*

Carlos Marx tenía toda la razón cuando afirmó que el capitalismo podía satisfacer a la población todas sus necesidades sin dejar de ser capitalismo. Desde luego que esto no lo dijo Marx para congraciarse con la burguesía sino para afirmar que aún ese capitalismo de bienestar era un robo ya que el empresario se quedaba con la plusvalía generada por el trabajador. Suecia, que es un país capitalista con firmas tan importantes como Volvo y Erickson, con fuertes vínculos comerciales con Colombia, es una prueba contundente de que la posibilidad de un Estado capitalista de bienestar general planteada por Marx es posible. Sus nueve millones de habitantes tienen todas sus necesidades de trabajo, alimentación, vivienda, educación, medicina y recreación, satisfechas. Hasta los alcohólicos, los drogadictos y los inmigrantes que no se han amoldado al modo de vida sueco, tienen una subvención que les alcanza para vivir modestamente y que el Estado les da para evitar que se conviertan en atracadores y criminales. Viven en apartamentos decentes y amoblados, situados en bloques de edificios con amplias zonas verdes y en donde los trabajadores sociales y sicólogos del sistema acuden para prestarles su asistencia.

Suecia ha erradicado la pobreza y es una sociedad con un sentido humanista de la vida. No poder conseguir un empleo no es una maldición para un recién egresado de una universidad porque el Estado le subvenciona su tiempo de vacancia. Tampoco lo es para el inmigrante que no ha podido legalizar su título, para él hay un cargo de menor nivel pero con una remuneración que le permite vivir dignamente, como lo pude comprobar al aceptar la invitación a cenar de un abogado peruano que dirige una revista literaria en Uppsala y que trabaja en una oficina de correos. Ni para los desocupados suecos que reciben un subsidio de la seguridad social equivalente a dos millones de pesos colombianos, aparte de la ayuda que pueda proporcionarles el Fondo de Empleados, según el sueldo. A los estudiantes el Estado les paga para estudiar y les presta, además, lo suficiente para que puedan sostener a sus mujeres e hijos, si son casados, como ocurre con el esposo de mi hija Glitza. Y para ellos construye grandes bloques de apartamentos que administran las organizaciones de bienestar universitario llamadas "Naciones", dirigidas por los estudiantes. Y que son grandes clubes en donde los estudiantes encuentran todo lo necesario para practicar deportes, participar en actividades culturales y a precios especiales comprar libros y tarjetas de transporte, asistir a conciertos, divertirse y alimentarse.

Y todo lo anterior sin poseer los recursos naturales que tienen nuestros países. Suecia es un país que importa casi todo lo que se come. El arroz de Tailandia, el tomate y el aguacate de España, la yuca del África, el café de Costa Rica, la carne de Argentina y Brasil, la leche y los quesos de Alemania, los vinos de Francia y hasta el salmón -quién lo creyera- de Noruega, porque las aguas del Báltico fueron contaminadas por los nazis con residuos tóxicos de la Segunda Guerra Mundial. Los suecos viven fundamentalmente de la fabricación de maquinaria, aviones, barcos, trenes, autobuses, hidroeléctricas, tractores, automóviles, alta tecnología y artículos de hogar eléctricos y electromagnéticos. Aunque los costos de los bienes y servicios son tres veces más caros que en Colombia, no lo son para ellos si tenemos en cuenta que el salario mínimo sueco equivale a cuatro millones de pesos colombianos y que no tienen que pagar por la educación y los servicios hospitalarios. Los medicamentos -en Europa no se puede decir "droga"- hay que pagarlos, pero si usted utiliza uno con carácter permanente y debidamente prescrito por un médico, una vez haya gastado mil 800 coronas por él -560 mil pesos colombianos aproximadamente- el resto de los que utilice durante el año se lo proporciona el Estado gratuitamente.

Suecia me deslumbró, aunque por allá también se cuecen habas. Ahora, por ejemplo, los conservadores en el poder están cercenando varias conquistas laborales y limitando el apoyo económico sueco a los países del tercer mundo. Pero es un país en donde la principal preocupación del Estado -mientras la derecha no tuerza el rumbo totalmente- es el bienestar de su gente.

25 de enero de 2007

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.


Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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