La tolerancia de los suecos
Antonio
Mora Vélez*
El
actual gobierno de Suecia es de centro-derecha y lo integran partidos (moderata, centro, liberal y democristiano) que no tienen la menor simpatía por el marxismo –ni siquiera por el marxismo académico, no leninista—y mucho menos por las guerrillas de las FARC. El partido social-demócrata en la oposición, tampoco, aunque por razones electorales acepta los votos del partido de la izquierda marxista, que en Suecia tiene menos influencia sindical, estudiantil y campesina que en Colombia. De modo que no tienen razón los manifestantes que en días pasados reclamaron ante la Embajada de Suecia por lo que consideran complicidad de ese país con la insurgencia armada colombiana.
Cegados por el sectarismo del momento no alcanzan a comprender que en Suecia hay una verdadera democracia --sustentada en los niveles de vida y de conciencia de su pueblo--, que no persigue a nadie por sus ideas políticas y que le profesa un profundo respeto al derecho de asilo del cual se favorecen no solo los acusados de subversión en Colombia que allá residen sino los cubanos enemigos del gobierno de Fidel Castro y hasta integrantes de las AUC de nuestro país que han tenido que marcharse recientemente al exterior "por razones de seguridad". Y no alcanzan o no quieren comprender los citados manifestantes que en Suecia la tolerancia no es solo un precepto constitucional o "letra muerta" como en Colombia, sino un estilo de vida y un principio filosófico practicado por todos los miembros de su sociedad civil.
En ese clima de tolerancia tienen derecho a exponer sus ideas los simpatizantes del fascismo, quienes proponen el retorno a los tiempos de gloria del rey Gustavo Vassa, con cuyo reinado Suecia fue una monarquía imperial expansionista. Los enemigos de la monarquía que piden "las cabezas" del rey Carlos Adolfo y de la reina Sofía, que son pocos porque ni siquiera los comunistas consideran prioritarias estas tesis. Los cubanos exiliados que alientan campañas para derrocar a Fidel Castro. Los devotos creyentes de Lenin y de Mao que aún quedan. Y los partidarios de la revolución armada en Latinoamérica que presentan a las guerrillas como voceras del pueblo e intérpretes del futuro. Todos ellos tienen derecho a opinar y a manifestarse en Suecia siempre que no transgredan la legislación penal con acciones punibles, en cuyo caso no es la opinión –que no es delito-- sino la violación a la ley la que se investiga judicialmente. Como ocurrió por estos días en Dinamarca con los trabajadores de una empresa textil que recaudaban fondos con destino a las Farc, en la creencia de que tal actividad era igual de lícita que la manifestación de sus opiniones respecto de dicho grupo.
En las ciudades con bastante inmigración latina se comenta, con preocupación, que ese conglomerado de extranjeros, de derecha y de izquierda, en todos sus matices, ha creado una situación que los manifestantes bogotanos no sospechan, y que puede ser explosiva, si la intención es trasladar el conflicto a esas latitudes, como ya ha sido denunciado por algunos medios tanto suecos como latinos, intención inamistosa que va a perjudicar a la sociedad sueca, que vive sin violencia desde hace muchos años, y a la respetable institución del asilo político, que va a ser considerada inconveniente por los suecos si ella se convierte en un factor de perturbación de su tranquilidad.
21 de marzo de 2007
* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.