La salud en Suecia peligra
El sistema de salud sueco es uno de los mejor organizados y más solidarios del mundo. Es el denominado sistema Beveridge que surgió en el Reino Unido en 1942 y se extendió por toda Escandinavia (Noruega, Finlandia, Dinamarca y Suecia) y otros países de Europa como España, Francia y Alemania, y que es sostenido gracias a un régimen de alta tributación que permite asignarle a todos los hospitales y clínicas un presupuesto total de funcionamiento y vincular a la mayor parte de los médicos como trabajadores del Estado. Este sistema y otros parecidos fueron implementados en estos países porque el capitalismo de finales del Siglo 18 y comienzos del 19 no privatizó la salud sino que apeló a la filosofía de la medicina social para garantizar la salud de la fuerza laboral y eximir de este servicio a las empresas.
Antonio
Mora Vélez*
En Suecia la salud es un derecho de la población y una obligación del Estado. Y hay aspectos envidiables como la licencia remunerada de maternidad de 16 meses para el padre y la madre, que ellos pueden dividir como quieran. O la entrega gratuita por el resto del año de las recetas de drogas permanentes cuando el paciente ha cancelado en coronas el equivalente a 500 mil pesos colombianos. O el servicio gratuito de urgencias con ambulancias –con helicóptero en zonas boscosas— que llegan hasta la casa del enfermo. En general los suecos quieren su sistema de salud aunque existe inconformidad por los largos plazos de los turnos, sobre todo para especialistas, consecuencia de la alta demanda del servicio; y por el mal trato que reciben las parturientas de las comadronas, situación que pone a muchos a desear un sistema paralelo de salud de carácter privado.
Existe en Europa —y el eco de esa macabra intención llega a Suecia—, el plan neoliberal de la Unión Europea de acabar con esos sistemas de protección en salud con el argumento del fracaso del estatismo y los altos costos del servicio determinados por su elevado nivel tecnológico. En esa línea, el gobierno actual sueco con el partido "Moderata" (conservador) a la cabeza ha empezado por eliminar del sistema de salud a los hijos de los inmigrantes que no han legalizado aún su situación laboral en el país. Ha decidido reducir las enfermedades que pueden ser atendidas por el sistema estatal de hospitales. Suprimir hospitales públicos y abrirle paso a las clínicas y hospitales privados cuyos costos sólo están al alcance de los suecos que tienen elevados ingresos.
En Colombia el 30% de los colombianos no tienen servicios de salud y los que cuentan con alguna afiliación tienen que reclamar constantemente por incumplimiento de las EPS y casi la mitad de los usuarios tiene problemas con la entrega de medicamentos; al 28% les ha sido negado alguna vez el servicio de urgencias en clínicas y hospitales privados violadores de la ley que le exigen, con cualquier pretexto, altas sumas de dinero a los familiares de los pacientes para atenderlos. Y los que son recibidos tienen que esperar casi dos horas en promedio para lograr la atención inicial.
Ese es el panorama que le espera a los suecos si se equivocan en las elecciones, como les ocurrió en estas últimas, y no obligan a sus gobernantes a arreglar las deficiencias del sistema pero sin desmontarlo, aceptando la fundación de clínicas y hospitales privados pero sin acabar ni desmejorar los públicos, ni limitar sus servicios, para así ponerle un dique de contención a la maniobra perversa del neo-liberalismo mundial, agenciada por los "moderatas" y demás integrantes de la actual coalición de centro-derecha, incluso por los últimos gobiernos socialdemócratas, y que ya tiene en las calles manifestándose a millones de perjudicados de toda Europa, manifestaciones que, por supuesto, la prensa colombiana, la radial y la escrita, no divulgan.
29 de marzo de 2007
* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.