Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez - rodelu.net
24 de junio de 2007

La poesía de René Cueto

He leído con fruición intelectual y arrobo estético el poemario Días de fuego (abril, 2007) de René Cueto y me he visto en la necesidad de releer dos y tres veces sus 51 poemas para decodificar la semántica de sus versos –que se sobreponen a las imágenes y se convierten en el corpus bello y visible de los poemas-- y encontrar ese instante revelador que solo puede existir en la cabeza del poeta y que le da sentido a sus palabras.

Antonio Mora Vélez*

Y la razón es que René, seguro lector de César Vallejo y de Octavio Paz, sabe que el buen poeta es el que asimila la realidad con el espíritu y la convierte en sensibilidad. El que transmuta la realidad del mundo en realidad interior y emocional, utilizando la pasión y el deseo. El que nos muestra una visión del drama del hombre con el mínimo de medios y de tiempo. El que “Torna en canto su grito de dolor”. Y lo hace con formas expresivas mesuradas y libres que son una decantación lírica de sus experiencias vitales.

La poesía nos seduce –dice Octavio Paz—porque cualquiera que sea su asunto, es un pequeño universo de ecos y correspondencias que nos llaman la atención y que en el libro nos ubican, desde los poemas de la desolación, en la “la catastrófica experiencia de la modernidad nacional con sus actuales secuelas de exclusión, carnicería y sangre”, según el prologuista y poeta Rómulo Bustos. La poesía de Cueto es, como lo dice la nota de la portada interior “una reflexión estética acerca de la vida en tiempos difíciles”. Al leerla he sentido la “impresión profunda de estar atrapando para siempre un instante, una emoción, un fulgor de la vida” -- palabras de William Ospina—y de ver, con los versos del poeta: calles desoladas, pueblos desolados, huidas imposibles, el aire opaco del exilio, el grito de los muertos, el fuego de los recuerdos, el pesado silencio del temor, la dignidad perdida, la intensa persecución de la necesidad. ¡Toda la siniestra hiel de los pregoneros de la muerte que se han ensañado en Colombia y la han convertido en un país de escombros victoriosos!

Celebro con entusiasmo la aparición de este libro –además, bien editado y con una portada hermosa, igual que los poemas-- porque constituye un ascenso de calidad de la poética sinuana que, aunque se aparta de lo bucólico y coloquial, mantiene la línea de excelsitud que inauguró nuestro poeta mayor Raúl Gómez Jattin. Y lo celebro, además, porque ha sido escrito por un gran señor, por un buen amigo, por un hombre que tiende puentes para que la amistad fluya de nuevo. Por alguien que sabe que el hombre no es una pasión inútil –como decía Sartre—sino ese ser que está hecho para justificar la vanidad del universo y convertir en sentimientos sus fuerzas y elementos. Por un poeta que propone invocar la esperanza y ver en “la belleza que queda entre las ruinas” la continuidad del amor. Que sueña y que aspira siempre a llegar al paraíso; a ese lugar en el que –según Rojas Herazo-- “nunca hemos estado” pero que imaginamos en los versos y en las ficciones de los escritores y poetas, para darle un sentido a la vida y un señalamiento a la ruta del amor: el último peldaño de la evolución natural en la filosofía de Teilhard de Chardin.

17 de junio de 2007

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.


Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
PORTADA ANTONIO MORA VÉLEZ