Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez - rodelu.net
12 de agosto de 2007

Amalia Aguilar y Germán Valdés
Amalia Aguilar y Germán Valdés en 1949

“La rumbera de oro”

Quienes éramos unos adolescentes durante los años cincuenta recordamos con nostalgia a la rumbera cubana que hizo historia en el cine mejicano de esa época y no solo por esa manera tan natural y alegre de interpretar los ritmos de su tierra –la rumba, la guaracha, el son, el mambo y el cha cha chá-- sino por su belleza, su desbordante simpatía y sus dotes de actriz comediante que llevaron a un comentarista de cine a compararla con Tin Tan. Le decían “la rumbera de oro” y había nacido en Matanzas cerca de Varadero, por los tiempos en que Cuba era un paraíso para los millonarios gringos y europeos y el escenario artístico más importante del Caribe.

Antonio Mora Vélez*

Esa mujer arrolladora, de piernas hermosas, que trabajó en “carpas”, en circos, en teatros de farándula, en radioemisoras y en centros nocturnos de Cuba y Panamá antes de llegar a la fama, vive hoy los años de la ternura y la cosecha en la tierra que la lanzó al estrellato fílmico, México, rodeada del amor de sus hijos, nietos y bisnietos, y del cariño de todo un pueblo que la recuerda por sus grandes películas (Dicen que soy mujeriego con Pedro Infante, Al son del mambo con Resortes, Calabacitas tiernas con Tin Tan, Las tres alegres comadres con Lilia del Valle y Lilia Prado y Mis tres viudas alegres con Silvia Pinal y Lilia del Valle, entre tantas) y por sus presentaciones en el Tropicana de Cuba, en el Teatro Puerto Rico de Nueva York, en Las Vegas, en Hollywood, en el Teatro Blanquita de Ciudad de México al lado de Resortes y Rosa Carmina en 1976 y su producción Perú te traigo un son en el Teatro Segura de Lima durante 1981. Su nombre, que ya lo habrán adivinado los cinéfilos y sus seguidores, es Amalia Aguilar. Actriz y bailarina que hizo apenas 24 películas –las suficientes para pasar a la historia-- y que se retiró del cine bien temprano para dedicarse al amor y a educar a sus hijos, y que vivió una buena parte de su edad madura en Lima –residencia de su marido--, conociendo el alma de ese pueblo y su enigmático pasado en las ruinas de Machu Pichu y en las figuras de Paracas y Nazca, y haciéndose querer por todos los peruanos.

Ella, y ya lo sabe porque se lo dije, es el motivo de la envidia de la buena que siente mi amigo de tertulias Humberto Vélez Coronado, el mejor comentarista e historiador del cine mejicano que tiene la Costa, porque ocurre que la “rumbera de fuego”, la mujer que nos hizo soñar a todos sus admiradores y que hizo parte junto con Ninón Sevilla, María Antonieta Pons y Rosa Carmina del selecto grupo de estupendas bailarinas cubanas del cine mejicano de esos años, me envía cartas, poemas y postales por la web, lee mis artículos y me dice “cuatacho” en cada despedida, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo.

A los menores de cuarenta años nada les significa saber de las estrellas del cine mejicano de esa época, pero para quienes somos sesentones recordar esos tiempos es volver a vivir esos momentos de la adolescencia durante los cuales hicimos acompañar nuestras primeras citas de amor en los cines con los boleros de Los Panchos y de María Victoria, las rancheras de Pedro Infante, de Jorge Negrete y de los Aguilares, las cantinfladas de Mario Moreno, las locuras de Tin Tan, la gracia de Oscar Pulido y de Joaquín Pardavé, la fuerza dramática de Marga López, la ternura de Sara García, la voz de Evangelina Elizondo, la belleza de Ana Berta Lepe, la sensualidad de Yolanda Varela y las escenas de baile de Resortes, de la escultural Tongolele y de Amalia Aguilar, el ciclón cubano, la rumbera de oro, la actriz que me hace el honor de considerarme su amigo y que hoy recibe en el país azteca el reconocimiento que se merece “por su meritoria labor escénica y por una época de arte en nuestro cine”, como dice la resolución consagratoria de la Asociación Nacional de Artistas de Méjico (ANDA). Y que escribe y declama sus poemas para homenajear a los artistas que la acompañaron en su trayecto cinematográfico y para agradecerle a la vida por todo lo bueno que ésta le ha dado.

12 de agosto de 2007

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.


Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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