Colombia tiene un estado gravemente enfermo que para nada es un modelo en América ni en el mundo. Ha sido condenado por la Corte Penal Internacional por violación a los derechos humanos y complicidad con grupos paramilitares al margen de la ley. Algunas de sus unidades armadas han sido sindicadas con pruebas de haber participado en la muerte de sindicalistas, políticos de la oposición e incluso de otros colegas en armas y de magistrados de la rama judicial. Los mismos jefes paramilitares han dicho que el 30% de los elegidos al Congreso son aliados suyos. Los organismos de investigación han encontrado que muchas credenciales de congresistas y diputados fueron obtenidas mediante el fraude electoral, la presión armada y el crimen, lo que llevó al Procurador General a afirmar que las próximas elecciones no son confiables y al diario El Tiempo a reclamar medidas urgentes para evitar que sigan "los mismos con las mismas" destruyendo lo poco de democracia que nos queda.
Antonio
Mora Vélez*
Así las cosas, y siguiendo el sabio refrán popular que dice que "la calentura no está en las sábanas", es necesario pensar en la propuesta de los politólogos de las universidades y que apunta a una solución de fondo al problema; una solución que se intentó en la pasada Constituyente del 91 pero cuyos alcances fueron hábilmente limitados por la clase politiquera que se mantuvo en el poder. Se trata de replantear y reorganizar el estado, pero de un modo democrático, convocando a una nueva Constituyente que le abra posibilidades a la oposición armada para reincorporase a la vida política, lo que hizo la del 91 con el M-19. Y que sirva al mismo tiempo como fórmula de solución a la guerra que padecemos, que está demostrado no tiene solución posible por la vía de las armas, y logre la anhelada reconciliación entre los colombianos. De esa Constituyente debe salir una reforma a la actual Constitución para subsanar sus ambigüedades y facilitar la reincorporación a la vida civil de los guerrilleros del ELN y de las FARC.
Desde luego no se trata de una revolución para cambiar toda la estructura social, económica y jurídica del país. Esa revolución la harían las FARC y el ELN si se agota la estrategia de guerra del proyecto derechista y neoliberal, que está dentro de lo posible. Lo que proponemos es otra cosa. Y lo hacemos porque todavía existen personalidades, jueces, cortes, funcionarios, dirigentes e instituciones que no han sido contagiados con el mal que nos destruye. Y porque existen temas como la propiedad privada y la libertad política, que no son negociables para la mayoría de los colombianos. Lo que está al orden del día y es más viable es un nuevo pacto político para resolver los graves conflictos sociales que tenemos, entre ellos la injusta distribución de la riqueza, causa de los altos niveles de pobreza que han terminado por lumpenizar al país, y los graves niveles de intolerancia existentes en la sociedad que le han dado carta de patente al crimen como mecanismo para dirimir la controversia política.
Para alcanzar ese propósito nacional y patriótico es necesario elegir en las próximas elecciones a candidatos que tengan en sus programas una posición clara respecto de la necesidad de hacer que el estado esté al servicio de las mayorías pobres del país y no de unos pocos privilegiados. Que sean partidarios de la paz negociada del conflicto armado, del acuerdo humanitario para liberar a los secuestrados y de la devolución al pueblo de las conquistas laborales y de salud que le han sido arrebatadas. Que propugnen por una democracia local participativa para que los alcaldes hagan buen uso de las finanzas municipales. Que se propongan reducir considerablemente la miseria con programas masivos de empleo, salud, educación y vivienda para que la miseria no sea la causa material de la politiquería. Y que detengan le venta del país a los monopolios del Imperio y del gran capital internacional. Solo así se podrá edificar una democracia social y política que le abra paso a una sociedad más armónica en donde la violencia política sea poco menos que imposible y el triunfo de los totalitarismos, una quimera innecesaria.
28 de agosto de 2007
* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.