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Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez - rodelu.net
4 de noviembre de 2007

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El humanismo
de la ciencia-ficción

Antonio Mora Vélez*
Escritor de ciencia-ficción considerado uno de los precursores y clásicos de este género en Colombia. Sus cuentos, ensayos y poemas son publicados en varias revistas web de América y Europa

Síntesis de la conferencia dictada en la Hemeroteca de la Universidad Nacional (Bogotá) el 20 de septiembre pasado, en la programación de la semana cultural de dicha universidad.

1.-El aporte filosófico

A diferencia de muchos escritores de ciencia-ficción yo llegué a esta clase de literatura gracias a la filosofía. Y una de las primeras cosas que aprendí de ella fue que somos uno con el universo. Esta verdad que posteriormente el hombre olvidó, la sabían los antiguos. Pitágoras afirmó que cada hombre es un “kosmos” en miniatura que reproduce los principios estructurales del macrocosmos. Como es abajo así es arriba, dice el Kybalión, libro hermético egipcio y una de las fuentes del sabio de Crotona. Los milesios, por su parte, creían que el espíritu del hombre es parte del espíritu del mundo, lo mismo que muchas religiones de hoy. Y Juliano el Apóstata, algunos siglos después, sostuvo en su Oración al Sol que el cosmos es un ser vivo lleno en su totalidad de alma y espíritu.

Bajo el influjo de los ideologías, el hombre olvidó su estrecha comunión con la naturaleza. Disoció los elementos constitutivos de su Ser, mente y materia, e hipostasió uno de ellos a costa del otro. Dijo entonces: “El universo es mental” (idealismo) o “Todo lo que existe es materia” (materialismo). El idealismo cartesiano trató de resolver los problemas del monismo unilateral y definió que el espíritu y la materia existen como substancias independientes, originando el dualismo radical. Más tarde, Hegel y los Neo-tomistas afirmarían la prioridad del espíritu; el primero al afirmar que la idea absoluta se transforma en materia y los segundos al plantear que la materia tiene su origen en el espíritu universal pero sin parecerse a él, siendo distintos, con el argumento de que la causa no puede ser de la misma naturaleza que el efecto.

Hoy las ciencias aportan una serie de datos que permiten a los filósofos el replanteamiento del problema. Somos uno con el universo, lo confirman varias de ellas. Por eso cabe mencionar una quinta solución, más en el espíritu de Pitágoras y de Juliano. Teilhard de Chardin exploró ese camino pero no ha tenido seguidores. Este filósofo y científico francés dijo que el espíritu y la materia son las dos caras de una misma moneda. Ambos han existido desde siempre. La evolución natural es el camino del espíritu a través de la materia y la mente del hombre el espejo en el cual aquél se contempla. A mayor complejidad de la materia, mayor espiritualización. El hombre es la materia que ha aprendido a ser consciente de su doble condición. Y en consecuencia, no existe en el universo como accidente, como simple fruto del azar de las combinaciones químicas y de las relaciones sociales. Es un peldaño más en el proceso de crecimiento de la lámina o lado espiritual de la moneda y de disminución de lo material en esa unidad denominada “welstoff” por Teilhard de Chardin; proceso que debe conducir a una humanización de nivel superior, esto es, a una espiritualización que tienda hacia Dios, que nos proporcione argumentos para seguir creyendo en el ascenso del pensamiento humano a las cumbres platónicas del amor y del bien, y en su triunfo definitivo sobre la irracionalidad y la barbarie. El olvido de que somos uno con el universo, que la naturaleza es nuestro “cuerpo inorgánico”, nos ha llevado a destruir la naturaleza. Y por eso la ciencia-ficción debe retomar ese principio filosófico para defenderla.

2.-La ciencia destructora

Las ciencias han transformado la vida en el planeta. La Biología y la Física han sido las ciencias que más han avanzado en los últimos treinta años. El hombre ha descubierto el mapa genético humano y la electrónica ha revolucionado al mundo. La clonación dejó de ser un tema de ciencia ficción y es hoy una realidad experimental. Las tarjetas electrónicas reemplazaron las chequeras y las huellas digitales o el iris del ojo son las nuevas llaves de entrada a espacios restringidos. En la medicina, la electrónica ha servido para aumentar la exactitud y precisión del cirujano, la Biología Molecular ayuda a fabricar las drogas necesarias para la curación de enfermedades. Los robots son parte del medio social en muchas comunidades y las casas inteligentes partes del paisaje en muchos lugares del mundo. Poco falta para que el hombre envíe un robot con un ordenador inteligente a colonizar algún planeta o satélite distante.

Pero “El progreso de la ciencia está destinado a acarrear una enorme confusión y miseria a la humanidad a menos que esté acompañado de la ética”, ha dicho Freeman Dyson. Este autor ha señalado en su obra que el progreso de las ciencias va por un lado y el de la sociedad por otro. “El problema fundamental para la sociedad humana en el próximo siglo (XXI) es el desajuste entre las tres nuevas olas tecnológicas (Informática, Biotecnología y la Neurotecnología) y las tres necesidades básicas de la gente pobre (educación, vivienda y salud buenas y baratas)” [1]. Las ciencias aplicadas, dice este autor, se han dedicado a producir cosas que se vendan lucrativamente, en lugar de pensar en resolverle los problemas a la comunidad. Las llamadas ciencias puras, por su parte, se dedican a manejar campos esotéricos alejados de los problemas cotidianos, como los de la clonación y la física de las partículas. Todas ellas han aportado una cuota considerable de destrucción de la naturaleza y de la vida. Por ello el futuro de la humanidad depende del uso que el hombre haga de la ciencia y la tecnología. Y la Ética ha devenido en uno de los temas fundamentales de la ciencia-ficción.

Conclusión

Las anteriores consideraciones son el fundamento de esa nueva ciencia-ficción que ha desplazado su centro de interés hacia la influencia social y sociológica de las ciencias y que tiene aceptación, independientemente de que maneje teorías científicas o no, siempre que refleje el espíritu de la época y las preocupaciones del hombre como consecuencia del doble carácter revolucionario y destructor de las ciencias.

Sobre el particular dice Eugueni Brandis, crítico ruso: “La tendencia divulgadora no es fundamental en la CF de nuestros tiempos. En primer plano se colocan los problemas sociales sicológicos, éticos o filosóficos”. [2] Tal desplazamiento ha ampliado el papel de la imaginación en el género y orientado su norte hacia el humanismo.

La CF es una literatura de ideas en lo fundamental. Toda la parafernalia científica es un andamiaje literario que le sirve al autor para ambientar y darle credibilidad a sus tesis. Y dado que es una literatura de ideas no puede hacerse sin una perspectiva filosófica. Pero ya hemos dicho que hoy la ciencia no puede separarse de la ética si queremos sobrevivir como especie, entonces es apenas obvio que la CF, literatura que se ocupa del futuro y de las nefastas consecuencias de una mala aplicación de las ciencias en la sociedad, debe tener también un referente filosófico en sus obras que incluya no solo la ética sino la perspectiva humanista, la filosofía referida al gran tema de la conservación de la especie humana. En una civilización en donde la ciencia amenaza con extinguir la vida sobre el planeta y algunas filosofías han perdido el norte del humanismo y de la pedagogía social, la CF debe servir para mostrarle al hombre perspectivas no siniestras y abrirle paso a los caminos del optimismo y de la esperanza en el mantenimiento de la vida.

Muy difícilmente la literatura llamada realista puede trazar un panorama real y en prospectiva del actual problema humano del calentamiento global, como lo ha hecho la CF en varias de sus obras. En un reciente ensayo mío titulado El mar en la CF, publicado en varios sitios de la Red [3] digo que el relativamente poco interés de los escritores de CF sobre las posibilidades salvadoras del mar frente a los problemas de supervivencia de la humanidad y su mayor ocupación por el tema de los viajes espaciales, demuestra que para el género es más viable a futuro la salvación del hombre si logra alcanzar las estrellas. Y que el mar, a diferencia de lo que creyera en su momento Julio Verne, no le va a servir de mucho en esa gran empresa.

Por las anteriores razones yo he calificado a la CF como el humanismo de nuestra época. Esa literatura fantástica y subyugante que nos brinda la posibilidad de pensar en mundos diferentes manteniendo vivo el espíritu del hombre, su pensamiento, que es capaz, como lo dije antes, de conocer y adaptarse a las condiciones de la realidad para seguir existiendo. Y de pensar en la tendencia del ascenso espiritual del hombre en la línea ya señalada de Teilhard de Chardin y a desear su realización, a ser optimista respecto de su futuro. Sin perjuicio de considerar que el universo es un enigma infinito que nos obliga a pensar que nada está suficientemente estudiado y conocido, que toda verdad de hoy tiene señalada su desaparición en el futuro, y que ella, literatura medularmente crítica y dialéctica -que surgió gracias a Newton, a Darwin y a Marx, esto es, cuando al hombre se le hizo evidente el cambio en la realidad- [4], juega un papel importante en este proceso de comprensión de la infinitud del conocimiento y en la tarea de revelarnos la pequeñez humana frente a la inmensidad del cosmos desconocido.

23 de septiembre de 2007


Citas
[1] Dyson Freeman, Mundos desconocidos, Grijalbo, Barcelona, 1998.
[2] Brandis Evgueni, En el mundo de la fantaciencia, Revista Literatura Soviética, Número 5-1968.
[3] Conferencia dictada en Santa Marta y Sincelejo en la programación cultural nacional del Banco de la República.
[4] Scholes y Rabkin, La Ciencia Ficción, Taurus, Madrid, 1982.

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.


Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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