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Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez - rodelu.net
20 de enero de 2008

Colombia

Renace la esperanza

El éxito de la operación de liberación de Clara Rojas y Consuelo González es un motivo de alegría y esperanza para los colombianos que deseamos el fin del secuestro y de la guerra en nuestro país. Este hecho le abre las puertas a futuras acciones de las partes enfrentadas que deben conducir a la liberación de todos los secuestrados, paso inicial para una negociación política del conflicto y una paz duradera basada en el acuerdo de no resolver las diferencias con la violencia, como ha sido costumbre en Colombia, y a la desmovilización de la guerrilla y de los grupos armados de la derecha que aún quedan gracias al narcotráfico.

Antonio Mora Vélez*

Esas futuras acciones deben tener la finalidad de ganar la confianza mutua necesaria para sentarse a la mesa a dialogar. En lo atinente al gobierno, puede ser la libertad de los mensajeros detenidos con las pruebas de supervivencia, pedida por Piedad Córdoba. Y por las FARC, la liberación unilateral, al menos, de los enfermos y de todos los secuestrados políticos demandada por la sociedad colombiana y el mundo. Lo que ha ocurrido es bueno porque las FARC cumplieron con la entrega de dos secuestradas y el gobierno con las garantías debidas. La Cruz Roja y los gobiernos de Cuba y Venezuela, en especial este último, también cumplieron su papel, lo que demuestra la necesidad de la cooperación internacional. Y porque hubo un mutuo reconocimiento de los presidentes Uribe y Chávez, el primero resaltando la eficacia de la intervención del mandatario bolivariano, y el segundo manifestando su complacencia por la colaboración del presidente de Colombia en la operación de entrega de Clara y de Consuelo.

Ahora toca evitar, por muchos obstáculos que surjan, dañar el clima generado por la operación concluida en Caracas. Y toca que ambas partes abandonen las posiciones intransigentes y los “inamovibles”. En aras de la paz y de la libertad de los secuestrados, ellas están obligadas a reconocerse como interlocutoras válidas y a negociar. Empantanan el proceso tanto la tesis de “no negociamos con Uribe” como la otra de “no negociamos con terroristas”. Y toca también diseñar una política estatal de paz –que no existe-- mediante un gran acuerdo nacional que vincule a los partidos –incluyendo a los de oposición--, a las universidades, a las cortes, a las confederaciones sindicales, a los gremios económicos, a la sociedad civil, a todo el país.

Ni la discusión surgida como consecuencia de la propuesta incendiaria e inoportuna del presidente Chávez ni las fotos dolorosas del cautiverio inhumano de los secuestrados invalidan las tesis del acuerdo humanitario ni de la posterior negociación política. No es necesario ser “fuerza beligerante” para negociar la libertad de los que quedan, basta el reconocimiento como adversario, que de hecho ya lo tienen las FARC, para hacerlo. Y eso es lo que el pueblo colombiano espera y que ahora se insinúa con la propuesta de la Iglesia, aceptada por el gobierno, de iniciar el diálogo en una zona de encuentro. Y con la nueva tesis, que es un avance del presidente Uribe y de los Estados Unidos, de quitarle a las FARC el calificativo de terroristas si deciden suspender el secuestro, las minas quiebra patas, la utilización de niños en la guerra y el bombardeo indiscriminados de pueblos, acciones consideradas como terroristas por la legislación internacional.

Creo que avanzamos y que vamos por buen camino de llegar a un acuerdo para resolver el conflicto. Un conflicto que se debe resolver pero no para dejar al país como está sino para avanzar en la consolidación de una verdadera democracia en la que se respeten el estado social de derecho y la democracia participativa constitucionales, hasta ahora letra muerta. Y que se adopte el compromiso de no apelar al secuestro ni a los terrorismos de izquierda ni de derecha, ni a la combinación de las formas de lucha que han practicado, en diferentes épocas, liberales, conservadores y comunistas. Que se ponga el estado al servicio de las necesidades de la población y no de intereses particulares. Y de aceptar como principios fundamentales la tolerancia política, el respeto a los derechos de las minorías y el respeto por las ideas ajenas. Es lo mínimo que se puede pedir para darle a la paz del acuerdo una existencia duradera.

16 de enero de 2008

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.


Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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