Antonio Mora Vélez - rodelu.net |
11 de febrero de 2008
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Colombia
Las dos marchas
No participé en la marcha del 4 de febrero por la misma razón por la que no voy a participar en la del 6 de marzo no obstante que estoy de acuerdo con ambas. Sin desconocer la sinceridad de sus millones de marchantes, la primera tuvo un sesgo evidente al solo plantear como consigna “No más FARC”. Y el sesgo lo aumentó el cubrimiento inusual de la gran prensa radial, televisada y escrita y el respaldo militante de los organismos de gobierno, de la embajada gringa y de los paramilitares. Y porque sus gestores, los jóvenes espontáneos de Facebook, no son tan espontáneos ni tan ingenuos en política como parece. Al menos eso se intuye de una investigación que aparece en la red, que llegó a mi correo y en la que se afirma con datos y pruebas que dicho portal está sostenido, con fines estratégicos, por grandes compañías financieras del Imperio y controlada por sus organismos de seguridad.
Antonio
Mora Vélez*
La marcha programada para el 6 de marzo –obviamente orientada por un sector de la izquierda, del mismo modo que la derecha lo hizo con la del 4 de febrero—arranca mal porque no incluye a las Farc en su objetivo. Se dirá que la del 4 de febrero ya lo hizo y que fue suficiente con ese rechazo para hacerle entender a Marulanda y a sus colegas del secretariado que hay un mayoritario sector de la población que no los quiere y que con esa oposición no es posible revolución alguna en Colombia. Pero no se puede caer en el mismo error de ver la realidad –como dice Jaime Angulo Bossa—con un solo ojo, con el izquierdo o con el derecho. No estimo correcto que ahora llamemos a rechazar la violencia paramilitar que sobrevive y los crímenes de estado y no digamos lo que ya se ha dicho sobre las FARC y su política de secuestros censurada incluso por el presidente Chávez.
No voy a marchar pero, habida cuenta del 4 de febrero, debo desearle a los organizadores de esta nueva marcha el mayor de los éxitos para que Colombia no quede ante los ojos del mundo como un país que rechaza a los violentos de extrema izquierda y se hace el de la vista gorda frente a los violentos de extrema derecha. Para que resulte evidente que el país está hastiado de ambas violencias y desea una paz negociada que le abra el camino a la reconciliación y a un nuevo clima de convivencia necesarios para enfrentar los retos económicos y sociales del futuro. Y deseo de todo corazón que la prensa escrita, la radio y la televisión nacionales hagan el mismo cubrimiento del 4 de febrero y que haya también discursos de gobernadores y alcaldes y presencia de embajadores de países amigos, siguiendo el ejemplo de lo ocurrido en la pasada marcha, en la que hablaron el presidente, un ministro y el embajador del Imperio.
No sobra agregar que esta nueva marcha profundiza la polarización iniciada por la anterior con sus resultados: campaña del partido de la U para la segunda reelección de Uribe, crecimiento de la intolerancia política, rechazo al acuerdo humanitario y a la negociación política de la guerra y clima de xenofobia frente a Venezuela. Y agregar también que fundo mi decisión de no marchar en mi condición de intelectual que sigue creyendo en las tesis que expuse hace algunos años en mi ponencia al primer Parlamento de Escritores del Caribe Colombiano celebrado en Cartagena. Dije entonces: “El compromiso del intelectual es con la duda, la crítica, la razón y la libertad, que son las condiciones básicas de su existencia como intelectual, y contra el dogmatismo, el fundamentalismo y el partidismo, que convierten al hombre en un esclavo ciego de las ideologías y proclive, por lo tanto, a los procedimientos más inhumanos. El intelectual, el escritor, debe ser independiente pero no
indiferente. Debe estar en la política pero trascenderla y esto quiere decir, no dejarse atrapar por los dogmatismos y los fundamentalismos, no convertir el Estado, la doctrina o el partido en ídolos, en ideas absolutas al más puro estilo hegeliano, que lo haga decir: por fuera del Estado o del partido o de la ideología, nada; dentro de ellos, todo. Un intelectual –en tiempos de conflicto-- debe ser, básicamente, un mediador, esto es, un hombre cuyo fin político esencial es situarse en el centro de la controversia para encontrar una solución negociada”. ¿O no les parece: señores extremistas de derecha y de izquierda?
Sincelejo, 10 de febrero de 2008
* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.
Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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