Antonio Mora Vélez - rodelu.net |
21 de febrero de 2008
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El retiro de Fidel
La decisión de Fidel Castro de no aspirar a la reelección como presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe de la revolución le ha dado la vuelta al mundo y es motivo de especulaciones en los círculos políticos y de prensa, algunas objetivas y otras con el marcado interés de ver desaparecer a la Cuba socialista del mapa de América.
Antonio
Mora Vélez*
Era de esperarse que, dado su estado de salud que no le permite los desplazamientos propios de un gobernante, Fidel Castro renunciara a esos cargos de dirección política y militar.
Pero se equivocan quienes opinan que tal retiro de la actividad como gobernante significa un marginamiento del poder. Fidel es el símbolo de esa revolución y ni siquiera muerto dejará de influir con su pensamiento en los hombres que tomen las riendas de Cuba en el futuro. En su carta de renuncia ha dicho que seguirá escribiendo sus reflexiones semanales sobre temas de actualidad, las cuales se publican en todos los medios de prensa de la Isla.
Además, el poder en Cuba lo maneja el partido comunista, no los Castro como erróneamente se afirma. Y ambos –Fidel y Raúl.—pueden morir incluso, sin que se produzca un cambio sobre el rumbo socialista de la revolución. A menos que el Imperio aproveche algún disturbio minúsculo de las minorías disidentes para invadir a Cuba como ya lo hizo en el pasado por Playa Girón y lo hace en otras latitudes del planeta con los gobiernos que no son de su agrado o que poseen los recursos que sus empresarios quieren. O que el pueblo cubano aproveche la situación para retirarle el apoyo e los nuevos dirigentes del partido y le abran paso a una contra revolución como la de Boris Yeltsin en Rusia, lo que parece menos probable.
Más acertadas me parecen las opiniones de quienes sostienen que dirigentes como Carlos Lage, Ricardo Alarcón y el propio Raúl Castro estarían inclinados a mejorar las relaciones diplomáticas con el nuevo gobierno de Washington y a hacer una apertura económica –a la cubana-- que permita el ingreso a la Isla de empresas y productos de la industria norteamericana y de otros países capitalistas. Apertura que en poca escala ha ocurrido en la industria del turismo con cadenas hoteleras españolas, en la agricultura con la pequeña propiedad campesina y los llamados mercados paralelos, y en la de servicios con los restaurantes de familia, los famosos “paladares”.
En lo internacional Cuba va a mantener su actual posición de respeto a las normas del derecho internacional y al principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, conducta que le ha permitido granjearse el reconocimiento de presidentes y gobiernos como el colombiano, lo que ya es suficiente decir. Hoy Cuba no tiene ningún interés en exportar su revolución, que mantiene gracias al prestigio del comandante y al heroísmo de su pueblo no obstante los problemas derivados del bloqueo, del colapso de la extinta Unión Soviética, de los problemas propios de una economía del tercer mundo, de los errores del pasado y de un modelo que hizo aguas con la desaparición del campo socialista. Ahora exporta médicos, maestros y entrenadores de deportes en lugar de guerrilleros. Sus dirigentes condenan el secuestro como forma de lucha revolucionaria, el terrorismo –del cual Cuba ha sido víctima durante muchos años, originado en los Estados Unidos-- y se muestran más partidarios de la lucha electoral en las actuales condiciones del mundo y de América Latina en particular, en donde al orden del día están –como consecuencia del fracaso neoliberal-- los triunfos electorales de las fuerzas populares, democráticas y de izquierda.
Fidel Castro Ruz es el líder histórico de una revolución que dividió en dos la historia de América. Una revolución que demostró que se podía vivir sin la tutela de los magnates financieros de Washington. Que rescató para el país las riquezas naturales que estaban en manos extranjeras. Que le brindó a su pueblo educación y salud gratis. Que masificó el deporte y convirtió a Cuba en potencia mundial deportiva. Que le entregó la tierra a los campesinos y a los obreros el derecho a participar en la administración de las empresas. Una revolución que redujo el analfabetismo a menos del 2% de la población y el desempleo a un 1.9%. Que tiene un médico por cada 160 habitantes. En la que ningún niño se muere por desatención médica ni duerme abandonado en las calles. Que muestra unos índices de crecimiento económico superiores a los de la mayoría de los países de América Latina. Y algo más importante, que le enseñó a todo su pueblo lo que es tener dignidad y orgullo de patria frente al criminal bloqueo y a la agresión constante de los gobiernos norteamericanos.
Lejos del dogmatismo de los dirigentes comunistas europeos que condujeron al fracaso a sus respectivos países, Fidel Castro mejoró la democracia política siguiendo las exigencias de perfeccionamiento del sistema para de ese modo ampliar la base social de la revolución. Baste señalar sobre este punto que el partido comunista ha sido desplazado del trabajo de selección de los candidatos a los organismos colegiados del poder popular, los cuales son escogidos directamente por el pueblo en sus bases territoriales teniendo como criterios sus méritos y el servicio a la comunidad que los postula.
Por todo lo anterior, por sus logros como revolucionario y como estadista, Fidel Castro es una de las figuras más sobresalientes de la historia universal.
Sincelejo, 20 de febrero de 2008
* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.
Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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