Antonio Mora Vélez |
10 de marzo de 2008
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Colombia
El triunfo de la sensatez
Antonio
Mora Vélez*
La
integración suramericana que empieza a cuajar con los diferentes convenios económicos que han firmado varios países del área, hubiera sido la gran perjudicada con una guerra entre Colombia y sus vecinos. No se necesita ser un genio para entender que a los Estados Unidos no le conviene que los países de América Latina decidan intercambiar sus productos sobre la base de la complementariedad de sus economías, porque desde siempre han buscado que todos comerciemos con ellos, cada uno por separado mediante TLCs leoninos, y que nosotros, que somos hermanos con intereses comunes, apenas nos veamos las caras en los estadios de fútbol. Tampoco le conviene a Washington que haya gobiernos independientes que defiendan sus riquezas naturales, su industria y su comercio, como en efecto ya sucede en Chile, en Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba, Uruguay y Venezuela.
Estados Unidos no tiene las reservas de petróleo que necesita para sostener su industria y su maquinaria de guerra, por esto invadió Irak, con argumentos falsos, y tiene en la mira a Irán. En Irak, como es de público conocimiento, está metido en un atolladero y no sabe cómo salir sin que aparezca una derrota peor que la de Vietnam. Militarmente no las tiene todas el Imperio en el mundo árabe. Por eso está mirando hacia Venezuela, que tiene las mayores reservas petroleras del planeta. Le falta el pretexto. Y una guerra con Colombia, sustentada con el argumento del apoyo de Chávez al terrorismo de las FARC, le viene como anillo al dedo porque intervendría para apoderase del petróleo venezolano, torpedear la integración y desarrollo independiente de los pueblos suramericanos y derrocar gobiernos socialistas y de izquierda que no cantan la misma sonata que ellos orquestan para el mundo.
Por fortuna esta amenaza de guerra ha sido desmontada en la reunión del grupo de Río en Santo Domingo, reunión en la que el Presidente Uribe reconoció su grave error y comprometió la palabra de Colombia de no volver a violar la soberanía nacional de otro pueblo en aras de la lucha en contra de las FARC. Y en la que canceló su intención de denunciar al presidente de Venezuela y se comprometió a devolverle al Ecuador los documentos y computadores encontrados en el campamento de las Farc que fue bombardeado por orden suya. El corolario feliz de la reunión fue el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua y la tranquilidad de sus respectivos pueblos.
Seguí el curso de todo el debate por la TV y debo decir que me sorprendió gratamente la dignidad corajuda de Correa, la inteligencia y la palabra firme pero conciliadora de los presidentes Hugo Chávez y Daniel Ortega, quienes de ese modo facilitaron el acuerdo y le evitaron a Colombia una condena; el brillo intelectual de la presidenta de Argentina Cristina Fernández, el buen manejo de la reunión por parte del presidente dominicano y la actitud gallarda de buen perdedor del presidente Uribe al levantarse de su puesto para saludar a sus contradictores, luego de que el presidente de la reunión lo solicitara como un gesto de reconciliación que daba por terminado el lamentable incidente.
El documento final de la reunión rechaza la acción de Colombia en el Ecuador, llama al respeto de la soberanía de las naciones y a la utilización de la legalidad para atacar la ilegalidad. “No se puede combatir la ilegalidad con las mismas armas de la ilegalidad sino con la legalidad y la democracia”, dijo Cristina de Argentina. Quedó claro también que el problema de violencia en Colombia afecta a la comunidad latinoamericana, que es partidaria del acuerdo humanitario y de la negociación política del conflicto armado colombiano y que por lo mismo no comparte la tesis de que éste se inserte en la llamada lucha mundial contra el terrorismo “made in USA”. Venezuela y Ecuador fueron enfáticos al afirmar, sin contradictores, que el conflicto armado colombiano es interno y que ellos pueden ayudar política pero no militarmente a resolverlo.
En la cumbre de Río fueron derrotados: el Imperio, que aspiraba a pescar en río revuelto, y la derecha recalcitrante de Colombia que le carga las maletas.
8 de marzo de 2008
* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.
Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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