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Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez
6 de abril de 2008

Colombia

Jorge Eliécer Gaitán: 60 años

Jorge Eliécer Gaitán

El 9 de abril se celebra en todo el país un aniversario más del asesinato del dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán, líder que amenazó con llevar al pueblo al poder, y después de 60 años del infausto acontecimiento todavía las autoridades judiciales no han encontrado a los autores intelectuales del crimen pero seguimos pagando sus consecuencias. Tal y como él mismo lo vaticinó: transcurrirían 50 años de violencia si las oligarquías lo asesinaban. Y han transcurrido más.
Antonio Mora Vélez*

La historia registra que las guerrillas colombianas surgieron como una respuesta del pueblo liberal frente al asesinato de Gaitán. Fueron inicialmente guerrillas liberales que fueron derrotadas como consecuencia de la muerte de varios de sus dirigentes, el abandono a que se vieron enfrentados por las directivas del partido liberal y la conversión al “bandolerismo” de otros. Pero que dejaron la secuela de la afiliación de uno de tales jefes guerrilleros gaitanistas de nombre Pedro Antonio Marín, al partido comunista, que por entonces organizaba también sus huestes campesinas llamadas entonces de “autodefensa” y que tenían como objetivo enfrentar la violencia de los terratenientes y de la policía.

Como es sabido, Pedro Antonio Marín adoptó el seudónimo de Manuel Marulanda Vélez en homenaje a un dirigente sindical comunista asesinado y decidió desmovilizarse pero sin entregar las armas. Fundó un caserío de nombre Marquetalia en el cual vivía dedicado a la agricultura junto con muchos de sus combatientes y sus respectivas familias. Hasta el día en que un senador de la República dijo que Colombia no podía permitir que en una aldea suya mandaran los comunistas y el estado decidió enviar una brigada militar aerotransportada de 16.000 hombres para doblegarlos. Ese día de 1964 se inició la segunda etapa –revolucionaria-- de la guerrilla colombiana.

La gran verdad histórica es que Gaitán no fue asesinado sólo por Roa Sierra ni por el comunismo internacional—sindicado por el presidente Ospina Pérez para desviar la atención –ni por ningún enemigo personal resentido con alguna de sus exitosas defensas penales. Fue asesinado por quienes temían un ascenso del pueblo al poder de la mano suya y del partido liberal del cual se había apoderado con su verbo y su carisma en contra de la voluntad de las oligarquías que lo combatían. Y presuntamente por la CIA, interesada en crear las condiciones para que en la conferencia Panamericana que se realizaba en Bogotá se aprobara la declaración anticomunista que proponía el delegado de los EEUU y que inicialmente no contaba con el apoyo mayoritario de los asistentes. Recientes declaraciones de agentes de dicho organismo de inteligencia gringo refuerzas esta tesis. Y también la negativa de los EEUU a desclasificar los documentos que tiene sobre este episodio de la vida nacional.

Es bueno aclarar que en las elecciones de 1946 el partido comunista de entonces, dirigido por Augusto Valencia --un partidario de las tesis tildadas de revisionistas de Earl Browder--, calificaba a Gaitán de demagogo, fascistoide y populista y prefirió adherir a Gabriel Turbay, el candidato apoyado por las oligarquías liberales en las elecciones de 1946 ganadas por Ospina Pérez. Pero ya en la campaña de las elecciones de 1950 cuenta con el apoyo del partido comunista, que ha expulsado a Durán y demás “revisionistas” de sus filas e instalado en la secretaría general a Gilberto Vieira.

Tal vez por esto algunos comentaristas –entre ellos Fidel Castro-- han sostenido que su triunfo en las elecciones de 1950 hubiera significado una verdadera revolución política en Colombia. Pero Gaitán era un reformista, un liberal de tendencias socialdemócratas, un socialista democrático si se quiere, pero en modo alguno marxista ni simpatizante del comunismo. Y por esto cabe suponer que tal revolución no hubiera seguido el cauce marxista-leninista como ocurrió en Cuba dos lustros después. Su ideario así lo decía claramente. Gaitán pensaba en repartir mejor la riqueza nacional para permitirle a los pobres tener su parte y en tener en cuenta al pueblo a la hora de las grandes decisiones del Estado, manejado entonces como ahora por círculos plutocráticos. Abogó por la “restauración moral de la República” en contra de “los mismos con las mismas”, los oligarcas de ambos partidos que empezaban a manchar la dignidad de Colombia con actos de corrupción y violencia, y llamó a la unidad del pueblo de todos los partidos diciéndole que “el hambre no era liberal ni conservadora”. Era amigo de los indígenas, de los obreros, de los campesinos y deseoso forjador de un partido liberal con ideas de transformación social encaminadas a poner a Colombia a tono con los cambios que se había producido en el capitalismo de Europa. A nada distinto aspiró el caudillo inmolado. De haberlo logrado como presidente hubiera reducido la miseria, las desigualdades, la corrupción, acabado con la intolerancia política, y hubiera iniciado el proceso de construcción de un país con justicia social. Y tal vez hoy no tuviéramos un 80% de colombianos en la pobreza y no tendríamos guerrillas secuestradoras ni hubiéramos sabido de las masacres del paramilitarismo y Uribe Vélez no hubiera sido presidente.

Con la muerte de Gaitàn murió temporalmente el país que debió nacer en esa época y que todavía lucha por nacer no obstante las talanqueras de “los mismos con las mismas” empotrados en el poder. De espaldas a la miseria del pueblo e indolentes frente al dolor y la sangre de los miles de compatriotas que ha corrido desde entonces.

5 de abril de 2008

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.


Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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