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Antonio Mora Vélez Antonio Mora Vélez
25 de mayo de 2008

Fundamentalismo y cambio social

Se denomina fundamentalismo a la tendencia dogmática, sectaria, anacrónica y violenta de alguna ideología. Para los fundamentalistas los principios de su doctrina siguen vigente no obstante los cambios ocurridos en el mundo, solo ella posee la verdad y esta verdad hay que imponerla con la fuerza si es necesario. Hay fundamentalismos religiosos, culturales y políticos, a veces unidos en un mismo partido o movimiento. Los fundamentalismos políticos más conocidos de la vida contemporánea son el extremismo de izquierda –en sus diversas manifestaciones-, el musulmán y el norteamericano. Este último –apoyado por la derecha cristiana de USA-es el más peligroso por cuanto cuenta con bastantes “colmillos nucleares” y puede destruir el mundo si siente que su país se viene abajo como gran potencia rectora. Pero no vamos a ocuparnos de él ahora.

Antonio Mora Vélez*

Nos vamos a ocupar del extremista de izquierda porque he visto en Bogotá en varias paredes el graffiti “La religión es el opio del pueblo. Carlos Marx”. Un texto más desafortunado y anacrónico que el célebre de Montería de los años 70: “Contra el imperialismo vote por Geminiano Pérez”. Y la razón es que ni la religión es la causa de la violencia y la miseria de la mayor parte de la población colombiana ni ninguna empresa gringa era la causa inmediata de los malos servicios públicos, del desempleo, de la baja escolaridad, de la falta de viviendas, de la miseria campesina y de los tugurios de la sociedad monteriana de esos años que poca o ninguna idea tenía del imperialismo.

No vamos a discutir ahora si esa frase de Marx tuvo en su momento alguna razón de ser. Hoy, desde luego, no la tiene. En muchos países han sido líderes religiosos y banderas de esa naturaleza las que han dirigido sus pueblos hacia su independencia. La Teología de la Liberación surgida en América abrió el camino para la vinculación de amplios sectores de la Iglesia católica de este continente con las necesidades de sus pobladores. Como consecuencia de esos nuevos tiempos un sacerdote, Camilo Torres Restrepo, lideró un movimiento esperanzador en nuestra patria que fue frustrado por el acoso criminal de la oligarquía y la irresponsabilidad de la extrema izquierda militarista. El padre Ernesto Cardenal fue durante algún tiempo la inteligencia y la figura de la revolución sandinista. Fidel Castro recibió con todos los honores al Papa Juan Pablo y el gobierno cubano hoy respeta las labores de todas las iglesias hasta el punto de que los asilos de ancianos en Cuba no son atendidos por burócratas del partido comunista sino por religiosas. Un obispo ha sido recientemente elegido presidente de Paraguay con el apoyo de la izquierda. Y hasta Hugo Chávez enarbola como una de sus fuentes doctrinarias, el pensamiento social del cristianismo.

Pero el asunto no se queda allí. El desenfoque de estos fundamentalistas seudo marxistas –que son una minoría radical- llega al extremo de ignorar o de omitir que Marx escribió, a renglón seguido de la frase tantas veces citada, que la religión es “el suspiro de la criatura oprimida” y “el corazón de una sociedad sin corazón”. Con lo cual dejó ver, desde entonces, que la religión era también una forma de expresión y de protesta de los pobres, de los perseguidos y desamparados, y el puro sentimiento en una sociedad inhumana como la capitalista de entonces y la made in USA actual, protesta y sentimiento que, convertidos en acción, pueden generar cambios progresistas como ya ha ocurrido en otras partes del planeta.

Los fundamentalistas del graffiti que comentamos le prestan un flaco servicio a la tesis del cambio social y político en Colombia dado que apartan a los millones de creyentes pobres que sienten también la necesidad de ese cambio. Les pasa lo mismo que a los fundamentalistas del monte. No tienen conciencia de lo que ha ocurrido en el mundo en los últimos veinte años. Siguen aferrados a los dogmas, a los modelos, a las viejas estrategias, a las consignas anacrónicas, de espaldas a una realidad social y política que fluye independientemente de los deseos y que exige nuevas formas de interpretación para, de ese modo, saber y poder encausar sus mejores fuerzas.

23 de mayo de 2008

* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.


Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
 
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