Antonio Mora Vélez - rodelu.net |
21 de noviembre de 2006
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Novela
A la hora de las golondrinas
Antonio
Mora Vélez*
Capítulo 12
“Yo soy Ernesto Guevara”
I
Según
mis cuentas, "El Che" Guevara había llegado a Montería el 14 de junio de 1964, vestido de campesino costeño, con “liki liki” de color crema, sombrero "vueltiao" y abarcas "tres puntá", en cumplimiento de una misión de estudio de las condiciones topográficas de ciertas regiones de Colombia que él consideraba ideales para su proyecto militar internacionalista.
-Yo soy Ernesto Guevara -me aseguró al entrar por la puerta del patio y darse cuenta que me levantaba temeroso de la hamaca que tenía colgada en dos de las horcones del corredor, en el extremo sombreado por un árbol de mangos de corazón que nos proporcionaba a los integrantes de la peña bohemia y literaria que se reunía los viernes en el Liceo, el pasante del ron que degustábamos entre canciones, poemas y cuentos comprometidos y los discursos de Fidel Castro transmitidos por Radio Habana Cuba.
-¿Guevara?... ¿El Che? -pregunté, todavía retrechero por el incidente que tuve con Bolillo quema'o y que casi me cuesta la vida.
-Sí. Y deseo que usted me indique cómo llegar a la aldea de Centro América y los nombres de algunos compañeros confiables pero que no sean del partido revisionista -me respondió el inesperado visitante, al tiempo que se sentaba en una de las mecedoras de mimbre del corredor, con la intención de disiparme el miedo.
-¿Y cómo sé yo que lo que me dice es verdad? -inquirí desconfiado.
El presunto “Che” Guevara sacó un billete del bolsillo de su pantalón, se acercó adonde yo estaba y me lo mostró:
-Este es un billete del Banco Nacional de Cuba y esta que está aquí es mi firma -me dijo-. Observe usted los rasgos de ella y compare con la que le voy a escribir en este cuaderno.
Yo observé y comparé las dos grafías de la palabra “Che” que me mostró el visitante y ya no me cupo la menor duda de que era parte de un diálogo trascendental que el futuro se encargaría de situar en los anaqueles de la historia. Decidí entonces suministrarle al presunto "Che" Guevara un mapa del San Jorge y varios nombres de simpatizantes de la línea Pekín, de militantes del MRL y de viejos combatientes liberales, como Julio Guerra, contraviniendo así los dictados de la prudencia y de la malicia. "El Che" se marchó casi enseguida, con el mismo halo de misterio con el que llegó y el andar seguro de los hombres que saben para donde van, aunque con una rara sonrisa que no logré descifrar.
-¡Pero en la Colonia no ha estado!- replicó categóricamente Edgar Potes, en la reunión del Comité de Zona en la que se ventiló el asunto, que ya era “vox pópuli” en toda la provincia, gracias a la labor divulgadora de la “radio bemba”, que tenía instalados sus estudios de transmisión en el cabaret de la “Negra” Amalia, quien había adiestrado a todas sus meretrices en el arte de la conversación para sacarle a los clientes los secretos recónditos cuya divulgación le proporcionaban la sal y el picante a la vida monótona y simple de Montería.
-Sobrino siempre ha sido un mitómano, un fantaseador empedernido -sentenció el librero Portillo en esa reunión.
La duda quedó flotando en el entendimiento de los conocedores de la anécdota y yo no pude menos que recordar el episodio que me contó Antonio, del sujeto que se hizo pasar por Carlos Arturo Rueda y que se presentó a las oficinas de la Emisora con el cuento de que el radiomóvil de La Voz de Medellín se le había varado cerca del municipio de Caucasia y él había decidido aprovechar el accidente para conocer y fotografiar las famosas golondrinas de Montería. El supuesto Carlos Arturo Rueda, que hablaba igual al verdadero y se le parecía físicamente, no gestionó favores desmedidos pero el gerente radial, el ya mencionado boyaco Gámez, se deshizo en atenciones con él y no sólo lo invitó a cenar a su casa, sino que lo hospedó por cuenta de la Emisora en el Hotel Finzenú.
El falso Carlos Arturo Rueda desapareció del mismo modo que el "Che" Guevara. Varios meses después el gerente recibiría del verdadero Rueda una carta en la que éste le contaba que no había viajado a la Costa por esa fecha y menos en un radiomóvil de la cadena. Con el "Che" no sucedió lo mismo. Jamás se supo de sus andanzas por Colombia. Hay quienes afirman que Pedro Márquez Ribón lo mandó para el carajo porque pretendió ser el comandante de la revolución en el San Jorge y que Pedro Antonio Marín ni siquiera lo recibió en su tienda de campaña y que le mandó a decir que él nada tenía que enseñarle a los guerrilleros de Marquetalia. Por eso, hasta el día de hoy, en estos instantes en que la vida se me pierde con la sangre derramada, sostengo que el "Che" Guevara que yo conocí esa tarde de Junio de 1964, en el corredor interior del Liceo Atenas, era el genuino, el auténtico Ernesto "Che" Guevara de Cuba, de Argentina y de América.
II
A
pesar del dolor, no puedo evitar una sonrisa recordar en este instante el paro cívico nacional contra la carestía convocado por las centrales sindicales en enero de 1965 y en cuya organización participaba activamente la izquierda. El jefe seccional del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en cumplimiento de órdenes del poder central, ordenó la captura de Rafael Yances; del diputado y rector del Liceo Atenas, Hernando Santos Rodríguez; del concejal y Vicerrector, Edgardo Nieto; del profesor Cujavante; del tesorero de los pequeños comerciantes del mercado, Manuel Beltrán; de Antonio, que había vuelto a los estudios y figuraba como activista del movimiento estudiantil, después de cuatro años de trabajo como discotecario y locutor, y la mía. Decía el sabueso del DAS que detrás de todo ese plan subversivo estaba el Che Guevara, escondido en quien sabe qué recodo del San Jorge o en alguno de los escondrijos de la Sierra Chiquita construido por la célula conspirativa de los comunistas. Rafael se presentó personalmente a la jefatura del DAS y le dijo a su director: "Aquí estoy, para que no tengan la molestia de buscarme". Llevaba una bolsa de manigueta en cuyo interior había una pijama, una camisa de algodón y varios artículos de uso personal. En la otra mano tenía la novela corta Nemesio el anacoreta, escrita por su amigo de farras Santander Suárez Brango, y el sainete La segueta y el candado, de Federico Palomo Romero, obras de la picaresca regional que le disipaban la tensión emocional y le ayudaban a sobrellevar los momentos difíciles, durante los cuales se veía obligado a entretener el pensamiento. Y que le ayudaban también a revolver el baúl de los recuerdos y a reír con anécdotas como la de Santander en el cabaret de Rosalba, la vez que el célebre camorrista “godo” Clodomiro Carazo le hizo bailar cien veces La cucaracha en ritmo de porro, en castigo por no haber repetido el viva al partido conservador que éste lanzó cuando hizo su entrada, escoltado por matones, a la popular casa de lenocinio.
Antonio y yo fuimos avisados con antelación y nos escondimos en la casa del compañero José Luis Sossa, quien vivía en el barrio P5, a pocas cuadras del frondoso Camajón que le sirvió de escenario de iniciación en materia sexual a más de un adolescente de esa generación, en los famosos corrales de burros y de burras o “María Casquitos” que por esos lados mantenía el ganadero Austreberto Navarro. Otros fichados por la seguridad del Estado tuvieron la misma suerte nuestra pero porque hacía varios meses se habían mudado a otras partes. Rafael Rosso, a Barranquilla en busca de una mejor tierra para educar a sus hijos y montar su negocio de venta de cacharros por clubes que había iniciado en Montería, luego de perder su curul de concejal; Remberto Canabal, a Santa Marta, desde la desaparición por inanición publicitaria de El Informativo y de la separación conyugal a que se vio forzado desde el día en que su esposa, en un arrebato de locura, intentó asesinarlo con un machete para acabar de un tajo con la tortura que, según ella, significaba estar casada con un hombre insensible que creía poder vivir la vida sin sobresaltos ni aspiraciones; el “polaco” Portillo, a Corozal, en donde todavía reside, luego del criminal incendio de su librería folletinesca de Montería; Benjamín Puche, de correría por Méjico y Guatemala, tras la prueba pictórica y artesanal que demostraría la influencia maya en la cultura zenú; y el bohemio Maximiliano De la Ossa, en Cartagena de Indias, como redactor de la correspondencia comercial en un almacén de camisas de algodón situado en la calle de las Carretas.
También figuraban en la lista del Departamento de Seguridad: Jerónimo Triviño, apodado El Caimán del Sinú, y en cuyo honor había escrito un libreto radial en el que destacaba su labor como fundador de sindicatos en Montería por los años 40's y como boxeador que se paseó airoso por los tinglados de Cuba, Jamaica, Venezuela, Puerto Rico, Ecuador y el Perú. Y la legendaria mujer sabanera, Juana Julia Guzmán, compañera de armas de Vicente Adamo, y quien presidió en 1919 la Sociedad de Obreras Redención de la Mujer, primera asociación femenina de la Costa.
Tal atiborramiento de nombres en las listas del DAS, la mayor parte de ellos pertenecientes a personas ya fallecidas o desvinculadas de la palestra política, llevó a Rafael Yances a decirle al jefe del organismo estatal de seguridad, con su humor característico, que estaban en mora de actualizar los archivos.
-Mientras la subversión renueva sus cuadros, ustedes mantienen la misma lista y cogen al que no es -le comentó socarronamente, simulando querer ayudarlo en su labor de inteligencia.
Luego ocurriría el célebre interrogatorio que fue difundido posteriormente en octavillas impresas, interrogatorio que motivó la puesta en marcha de un proceso de autoevaluación de los mecanismos de investigación del Estado y de un proyecto de capacitación de sus agentes que todavía no culmina. En uno de los anaqueles polvorientos de la biblioteca de Rafael encontré las referidas octavillas, y por ello puedo reproducir ese interrogatorio policial de antología, con las notas entre paréntesis escritas por su editor de ese año de 1965.
Detective Molina: ¿Cuál es el hombre que usted más admira?
Rafael Yances P. (Con displicencia): Su Santidad el Papa...
Detective Elles: ¿Y a Marx? (Rafael dudó y el detective se alegró porque creyó que atinaba con la pregunta).
Rafael Yances P.: ¿A cuál de ellos? (A los sabuesos del DAS los desconcertó la repregunta. Intercambiaron miradas rápidas de incertidumbre).
Detective Elles (Con ira): ¡El comunista!
Rafael Yances P. (Impasible): Me gusta más el humorista Groucho Marx.
Detective Elles: ¡Pero ese señor no es comunista! (Había desespero en su voz).
Rafael Yances P.: ¿Y usted cómo lo sabe?
La empleada repartidora del tinto produjo una pausa en el interrogatorio, pausa que aprovechó Rafael para apreciar por la ventana las palmeras del parque y las alambradas de la energía eléctrica, que ya empezaban a llenarse de golondrinas. Todavía con los pocillos en las manos, el interrogatorio continuó.
Detective Molina: ¿Cuáles son sus amigos más frecuentados?
Rafael Yances P. (Enumerando con los dedos): El padre Mercado, Elías Bechara, Nazario Martínez, el doctor Sotomayor, el alcalde Méndez y el gobernador Berrocal.
Detective Elles: ¿Y a cuál de ellos visita más? (Impaciente).
Rafael Yances P. (Imperturbable): Al padre Mercado porque es quien me saca de apuros cuando tengo que pagar los "cantinazos" y los "conejos" a que me veo obligado porque las meseras de La Paridad o de La “Negra” Amalia se aprovechan de mi ebriedad y me sacan el dinero de los bolsillos (Sin poder atajar la risa).
Detective Molina: ¿Conoce usted a Felipe Zabala? (Molina hojeó un documento, posiblemente un libelo teórico de Felipe encaminado a demostrar la inevitabilidad histórica del socialismo).
Rafael Yances P.: Sí, lo conozco ¿Por qué? (Con naturalidad).
Detective Molina (Sintiéndose dueño de la situación): ¡El es uno de los cabecillas de la subversión!
Rafael Yances P. (Frunciendo el ceño): Pero como subversivo es muy malo (Adoptó la pose de expositor trascendental que utilizaba para tomarle el pelo a sus interlocutores). Es muy teórico –subrayó-. Una vez, en una concentración campesina en Carrillo, se dirigió a casi doscientos aparceros y jornaleros, así: "La historia de la humanidad comienza en Sumer, en el Asia Menor". Yo le dije entonces a Sobrino, a Nando Santos y a Roberto que nos fuéramos a comer el bocachico en viuda que nos había preparado el jefe del MRL del corregimiento. Como a la media hora de estar esperando la comida le dijimos a Geminiano, un muchacho de las juventudes, que fuera a averiguar por donde iba Felipe en su perorata. Fue, vino y nos contó que apenas por la sociedad esclavista de los griegos. Entonces yo le propuse a mis contertulios que nos tomáramos el champurrado que nos prometió el referido anfitrión, porque lo que era yo no me aguantaba ese mundo de paja del materialismo histórico y menos con la parsimonia arzobispal de Felipe (Rafael notó que los detectives se impacientaban). El fin del cuento es que nos tomamos el champurrado, nos comimos la viuda de bocachico con fruición golosa, regresamos al lugar de la conferencia, constatamos que la mayor parte de los campesinos se había ido y Felipe apenas introducía el tema de la revolución burguesa en los Países Bajos. Por eso les digo que como subversivo es muy malo, y ustedes lo andan persiguiendo en vez de dejarlo que ahuyente a la gente con su discurso (Fumó el habano que había empezado después del tinto).
Detective Elles (Seguro de haber descubierto lo que esperaba): Luego ¿Usted lo defiende?...
Rafael Yances P.: Mire usted, señor detective, yo defiendo las instituciones democráticas y con subversivos como Felipe Zabala ellas pueden estar tranquilas por muchos años, pero con detectives como ustedes no estoy seguro de poder afirmar lo mismo (La risita burlona y cansina de Rafael canceló la escena)."
III
Una
semana después de ese interrogatorio seguíamos, Antonio y yo, en la casa de José Luis Sossa, en el barrio P-5, esperando la cancelación de la orden de captura expedida en contra nuestra. Por las mañanas, luego de levantarnos y de contemplar por segundos el escultural cuerpo moreno de la Yiyo tendida semidesnuda sobre su cama de lona, comentábamos los temas del acontecer político nacional e internacional. Esa mañana que hoy recuerdo, discutíamos el tema de la aparición del movimiento armado que había hecho la espectacular toma de Simacota. Yo les dije que VOZ había calificado el hecho como una respuesta de los sectores populares a la represión militar que el Ejército adelantaba contra las llamadas repúblicas independientes de Marquetalia, Pato y Guayabero. A Antonio le pareció que tal hecho y la extensión del ejemplo de Marquetalia, simultáneamente con la actividad legal del Partido, creaban una situación compleja que contrariaba los “principios leninistas”.
-Lenin dice que un partido proletario debe prepararse en períodos de legalidad para pasar a la clandestinidad, pero no plantea la simultaneidad de las formas de lucha legal e ilegal -manifestó.
-El camarada Vieira dice que esa tesis es un aporte del 9° Congreso al marxismo-leninismo y que ella es consecuencia de que la burguesía criolla combina la legalidad con la represión -agregó José Luis.
-Pa’ joderlo a él -dije yo- A los hombres que se vayan pa'l monte no los van a coger fácilmente, y tienen armas con que defenderse, pero a los que se queden en las ciudades los van a cazar como a patos.
Esa mañana, que hoy se me pierde de vista con la vida, la esposa de José Luis nos brindaría un desayuno con chocolate de harina, bollo limpio en trozos pequeños extendidos en una mesa cubierta con hojas de plátano y una totuma llena de suero atolla buey, para acompañar.
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* Antonio Mora Vélez, abogado, escritor, columnista de prensa, docente universitario y Director de la Revista Institucional de la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo.
Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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