Poeta, profeta del country rock, te queremos desde niños, cuando en el tórrido verano del año '75, con 37 grados Celsius a la sombra, asistimos al recital a Beneficio de Bangladesh, para paliar la terrible hambre y miseria de ese país remoto.
Mauricio Otero
George Harrison tomó el micrófono vestido con una sudadera de mangas recortadas color celeste, y en la oscuridad enchufamos una primeriza máquina grabadora para guardar un registro de ese filme que veíamos, y el ex Beatle anunció a Mister Bob Dylan, y el ídolo saludó escuetamente y comenzó a cantar con su áspera, pastosa voz, llena de recov-ecos, de retruécanos, de diálages y rimas internas en sus versos, de metalenguaje, creando en cada línea un sanctorum verbal. Sus canciones andaban flotando en el viento, haciendo un templo volante de boca en boca, de quien sufriera o necesitara ser escuchado y mostrar su corazón desolado, él, Bob, estuvo apoyando con su protesta a los desamparados del mundo, fiel a su fe, la del humanismo hecho carne y pan.
Los jóvenes de entonces, que llegaríamos en pocos días a los quince años, permanecíamos como frente a un dios que hubiera descendido en una nube rosada de auroras celestiales y deslizado en nuestras almas la espuma de sal de la vida, en una Venus que lagrimeaba cerca de nuestras butacas, y al oír su gemido susurrante nos estremecimos aún más…
Ciertamente, con los años nos enteraríamos que todos guardamos hondas penas de amor de amadas perdidas o fugadas a la nada entre la niebla, como aquella con una túnica blanca orlada de púrpuras y perlas de soles que va descendiendo en abrazos silenciosos…De mano en mano va la que yo amo/ llorar llorar orillas del mar/ ay de mí desOlado/ mi alma vas desalitando/ y astillas mis huesos en una alfombra blanca de nieve/ por la que pasas pisando y yo me estoy quemando/ oh Bel'Lesa…Y la mancha de sangre/ de mi corazón/ te envuelve en una estela/ que no llega a ahogarte/ sino prendes tus ojos de rojo turquesa…
He leído la prensa del país, con motivo de la visita del poeta Dylan y como siempre sucede en Chile, no hay un solo homenaje limpio, acaso con el resentimiento de otros poetas que si bien reconocen sus aportes, de Dylan, pasan luego a colgarlo por ser discreto y no dar entrevistas ni hacer declaraciones. Cuándo se comprenderá que un vate habla en sus poemas y que allí va dejando su testamento. No adoremos al becerro de oro, que los mitos sean místicos, en su penitente reserva de estar solos y ofrendarnos la melodía eterna desoladora. Quienes no comprenden la poesía,…mutis… respeto a la armonía de un corazón solitario.
Bob quiso bautizarse Dylan en tributo y émulo de Dylan Thomas, el bardo galés que murió el 53 luego de errar de madrugada Bajo el Bosque Lácteo…
Ya no nos puede oír; nosotros escuchemos las canciones de Bob Dylan.
20 de marzo de 2008