Niko Schvarz - rodelu.net |
27 de mayo de 2007
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Marx, la continuidad y el cambio
La perspectiva socialista
El intercambio de ideas sobre el socialismo como horizonte y meta a alcanzar
(y no para las calandrias griegas, como diría el paisano) está despuntando en
América Latina. Es lógico. Las victorias de la izquierda, sobre todo en América
del Sur, y su acceso al gobierno en la mayoría de los países, han traído a primer
plano el debate sobre un tipo de sociedad que supere las injusticias flagrantes
del régimen de explotación capitalista y las formas de construirla. Lo más
importante es lo último. Cómo se hace, cómo se recorren los caminos de la transición.
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José Luis Massera
Matemático y teórico marxista (foto de Eduardo Collins)
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Niko Schvarz*
La primera afirmación no implica que todo lo que se está diciendo sea oro de ley. Existe excesivo apresuramiento, mucha improvisación, consignas prematuras y no debidamente fundamentadas, meras expresiones de buenos deseos. A veces no se sabe bien de qué se está hablando, o que se confunde alguna medida de nacionalización con el socialismo. Pero de todos modos es saludable (y además, inevitable) que la discusión se abra. Para eso conviene ir a las raíces.
La herencia marxista: un trabajo de Massera
A fines de abril publiqué en La República un artículo titulado “Qué piensan los rusos hoy de la Rusia de ayer”, basado en una encuesta reciente (17 y 18 de marzo). Algunos de sus resultados me sorprendieron, sobre todo en la apreciación de las ventajas del régimen socialista vigente desde la revolución de 1917 hasta el desplome de la URSS. Claro que la comparación se hace con la situación actual, que ha ahondado el clivaje de la sociedad, las dificultades en la vida diaria de millones, el empobrecimiento colectivo y el surgimiento de una casta de multimillonarios erigida en buena medida sobre la base de la antigua nomenklatura.
En la introducción de esa nota mencioné la muerte de Boris Yeltsin, que en esos días volcaba las miradas sobre Rusia. Fui a buscar un artículo en que resumí “Lo nuevo del XXVIII Congreso del PCUS” de julio 1990, publicado en el Nº 107 de la revista Estudios del mes siguiente, en que menciono la retirada de Yeltsin el Congreso y del PCUS. Allí también se incluye una bibliográfica mía titulada “El socialismo como democracia de la vida cotidiana” sobre un libro del filósofo húngaro Georg Lukács, que en su hora polemizó con Lenin. El volumen conoció diversos nombres según las traducciones (Democratización hoy y mañana en el original alemán, Socialismo y democratización en la versión italiana, El hombre y la democracia en la española publicada en Argentina). Lo vuelvo a mencionar porque tiene una relación directa, a través del tiempo, con el tema que estamos comentando a varias voces. Y porque no hay que hacer tabla rasa y creer que se parte de cero, como veremos luego. Toda la argumentación final se concentra en el tema ético-político de la humanización. Se trata en última instancia, según Lukács, de que cada uno pueda construir su propia vida y las relaciones con los otros en el espíritu de un auténtico ser humano. Agrega este concepto de fondo sobre lo que debe ser la sociedad socialista: “En la medida en que la democracia socialista está llamada a superar la última forma, la más evolucionada del inhumanismo (la otra persona como límite, como mero objeto, como posible adversario o enemigo, para la propia práctica de la autorealización) sólo ella está en condiciones de producir la base objetiva, socio-humana, para la realización decisiva”. En este terreno, por su fuerza de
atracción el socialismo puede ganarle al imperialismo en el esfuerzo por la conquista de las mentes de amplísimas masas del mundo. “El atractivo de la humanización lo posee solamente –en forma potencial- la sociedad socialista”.
Ese número de la revista Estudios se abre (tras un editorial de Esteban Valenti, mira qué casualidad) con un trabajo de José Luis Massera titulado Renovación del marxismo –leninismo: necesidad y riesgos”. Es una polémica de alto nivel en que hace trizas las concepciones del publicista soviético Yuri Krasin sobre todos los problemas globales de la humanidad, planteados a esa altura –1990- en forma extremadamente agudizada, y con un subrayado especial sobre el Tercer Mundo y América Latina. Allí se encuentra una condena sin atenuantes del stalinismo “con todos sus errores y horrores”. En realidad el trabajo desborda el marco en cierto modo coyuntural para ir a los orígenes de la concepción marxista y su aplicación al mundo actual.
Subrayo ante todo el concepto de renovación. Está dicho sin atenuantes. Esa fue la base sobre la cual se estructuraron las jornadas de Actuel Marx en la mítica universidad de Nanterre en París a la que concurrimos con Massera en setiembre de 1995, y luego el Encuentro que específicamente se denominaba Vigencia y renovación del marxismo que organizamos el año siguiente en el Cabildo y la Facultad de Ciencias Sociales y cuyas ponencias están reunidas en el grueso volumen Marx Hoy. (Menciono estos hechos para reiterar la idea de que las elaboraciones al respecto, y fundamentalmente sobre el socialismo, la democracia y las relaciones entre ambos vienen de largo tiempo atrás. Más aún, fueron impuestos como una necesidad perentoria a raíz del derrumbe del campo socialista europeo).
Massera dice –estamos en 1990- que “hay que revisar a fondo todo (el marxismo-leninismo), y someterlo a un cerrado proceso de crítica científica apoyado en el estudio de la realidad; lo que no es lo mismo que partir de cero. Es preciso llevar a cabo una reflexión que sea, a la vez, severa y serena” tomando en cuenta que durante más de un siglo el marxismo fue una guía principal para la interpretación de los fenómenos sociales por parte de un abanico muy amplio de pensadores y actores sociales (fenómeno que se acrecentó en los últimos tiempos, aunque parezca paradojal); que el instrumental teórico del marxismo ha sido aplicado muchas veces con éxito a la interpretación de la realidad, incluso en las ciencias de la naturaleza; y que “una investigación teórica de semejante envergadura debe incluir necesariamente investigaciones serias de la realidad social y de su historia, así como reflexiones críticas y profundas de la teoría, que podría dar a luz una nueva y distinta teoría de las sociedades humanas o, por lo menos, nuevos y considerables aportes a un marxismo renovado. Ello no puede hacerse sin una metodología adecuada; y no puede descartarse que ella pudiera ser la del propio marxismo”. Casos análogos han ocurrido en la historia de las ciencias.
Aquí quería llegar. El marxismo lleva en sí mismo, intrínsecamente, las posibilidades de su renovación perenne. Eso está en su médula. Existe a condición de una renovación permanente y sistemática, partiendo de los nuevos datos de la realidad en las distintas geografías. En ese sentido Lenin hablaba del desarrollo
independiente del marxismo (Nuestro programa, 1899) y lo mismo planteaba y practicaba Mariátegui en nuestra América. Es una doctrina esencialmente crítica y revolucionaria, destinada a transformar el mundo y a la vez, profundamente autocrítica, dispuesta a un permanente reexamen de sus propias tesis. Ejemplos contundentes en ese sentido pueden espigarse en los sucesivos prólogos del Manifiesto Comunista. Allí Marx y Engels advierten acerca del posible “envejecimiento” del documento y su historicidad intrínsecamente irreductible, o declaran sin vueltas que ciertas tesis han caducado o están incompletas, agregan otras nuevas (a raíz de la experiencia de la Comuna, por caso) e incitan permanentemente a introducir cambios en su propia teoría. Y esto sucede nada menos que con el documento fundacional. Por probidad intelectual, pero a la vez por exigencia irrenunciable de su método dialéctico. Este imbricamiento de continuidad y cambio, de superación permanente, me hacen recordar La despedida de Gorgias de Rodó. “Por quien me venza, con honor, en vosotros”.
El camino y la meta
En el trabajo aludido Massera analiza la democracia y el socialismo, y los caminos de transición (en rigor, a la fase socialista de la nueva formación social comunista) que la humanidad debe transitar para sustituir y superar al régimen capitalista. Desarrolló estos conceptos en el Encuentro de Montevideo, donde profundizó el concepto de democracia, entendida “en su significado mucho más laxo y amplio, en tanto metodología de relacionamientos flexibles, respetuosos y abiertos, en el seno de la sociedad civil, y el carácter cada vez más policlasista de sus sectores avanzados”. En otras notas aludí a las elaboraciones del Foro de Sâo Paulo, de valorización plena de la democracia (enriquecida luego por la teoría y la práctica de formas múltiples de democracia participativa) sin renunciar a los ideales socialistas, concebidos de cierta forma como la democracia en su máxima amplitud y profundidad. Eran algo así como el camino y la meta, para usar una expresión bíblica. Pero no meramente instrumental, sino destacando los valores universales de la democracia y su extensión como una conquista histórica de nuestros pueblos. En episodios anteriores de esta novela por entregas procuré destacar los importantes avances registrados en los últimos tres lustros, por lo menos, en la lucha de ideas sobre estos temas, contra el pensamiento único y las concepciones neoliberales.
El intelectual colectivo
La renovación del marxismo debe ser obra colectiva, sin duda. Massera sugería un nuevo internacionalismo, conjugar el esfuerzo y la inteligencia de muchos para interpretar una masa de información y de fenómenos interconectados a nivel mundial. Lo mismo se le había ocurrido a Lukács varias décadas antes. Para superar el prolongado período de estancamiento y de deformaciones stalinistas, era imprescindible a su juicio una labor multidisciplinaria de investigación colectiva sobre los temas de principio de la teoría, de la historia, etc. Entre otras cosas, además, porque no hay ningún Marx a la vista.
Cuando terminaba estas líneas me llega un libro inédito del Che, que por razones incomprensibles permaneció sucuchado durante 40 años, y que tiene que ver con estos aspectos críticos. Hablaré de ello en otra nota, si me dan la bolada.
Publicado en Bitácora, suplemento de La República, el 17 de mayo de 2007
Niko
Schvarz
Analista internacional de La República
nikomar@adinet.com.uy
* Publicista uruguayo, miembro
de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente
Amplio.
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