Niko Schvarz Niko Schvarz - rodelu.net
1 de julio de 2007

27 de junio de 1974

Un día lleno de emociones

Escribo estas líneas el 27 de junio, una fecha que no se borrará de la memoria de los uruguayos. Recuerdo la mañana de un día como este, 34 años atrás, y se me cruza por la mente el verso de Quevedo, el desvelado poeta de la muerte según Alberti: "¡Cómo de entre mis manos te resbalas/ Oh, cómo te deslizas, edad mía/ Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría/ pues con callado pie todo lo igualas!". Esa mañana yo estaba, casi sin dormir, en el Ministerio del Interior, escuchando la cháchara infame del coronel doctor Néstor J. Bolentini justificando el decreto antológico (después supe que era copia del de la dictadura de Terra) que prohibía "atribuir intenciones dictatoriales al Poder Ejecutivo".

Niko Schvarz*
Luego entré a notificarme del mismo en mi condición de redactor responsable de El Popular, y los hados decidieron que lo hiciera conjuntamente con Daniel Rodríguez Larreta, mi homólogo de El País, con quien había mantenido ásperas discusiones ideológicas en los diarios respectivos. Ya se sabe que ese diario fue un amanuense incondicional de la dictadura, que denunciaba a los luchadores por la libertad, y que el propio Rodríguez Larreta fue consejero de Estado puesto a dedo por el régimen.

En la noche anterior, y hasta la alta madrugada, yo había estado en el despacho del senador Enrique Rodríguez, y hasta allí llegó el senador Luis Hierro Gambardella a alertarnos que el golpe de Estado era un hecho y no lo paraba nadie. Yo no lo podía creer.

Hierro (a quien yo estimaba como ser humano, como legislador y como poeta) me tomó por las solapas del saco y me dijo que había visto el decreto firmado por Bordaberry. Después presencié la histórica sesión póstuma del Senado, de la cual retengo la invocación de Enrique Rodríguez a la huelga general de la clase obrera que a esas horas despuntaba, las intervenciones del propio Hierro, de Vasconcellos, de Rodríguez Camusso y la vibrante alocución final de Wilson Ferreira.

Ahora, 34 años después, algo de todo eso se recordó en un acto muy emotivo que se realizó por la mañana en el Palacio Legislativo. Allí se rindió homenaje a los trabajadores que protagonizaron esa gesta que fue la huelga general, con ocupación reiterada de fábricas y talleres, acompañada de las acciones de los estudiantes y la ocupación de sus centros de estudio.

Ello se sintetizó en el reconocimiento a José D'Elía, el padre de la unidad total de los trabajadores. Pero se extendió a la vez, premiándolos con medallas conmemorativas, a muchos de los sobrevivientes de aquellas jornadas que conmovieron al país y se difundieron en el mundo entero, que cavaron una fosa entre la dictadura y todo el pueblo y abrieron cauce a la solidaridad internacional con la lucha del pueblo uruguayo contra la dictadura. En el acto se subrayó, con razón, que los trabajadores pusieron el pellejo en la lucha por la democracia y la libertad.

Por la tarde asistí a un encuentro mucho más modesto pero igualmente significativo. Por iniciativa de la Junta Departamental de Montevideo se rindió homenaje a la memoria de Juan Manuel Brieba, un trabajador gráfico de El Popular que integra la lista de los desaparecidos tras su detención por las Fuerzas Conjuntas en noviembre de 1975.

En una placita de Carlos de la Vega y Santa Lucía (que en ese tramo toma el nombre de Eduardo Paz Aguirre, casualmente el senador quincista que presidió la sesión del 27 de junio) se descubrió una placa alusiva con el nombre de Brieba, en un acto en el que participaron ediles, compañeros de trabajo, dirigentes políticos y numerosos vecinos de ese barrio de trabajadores. Allí también la emoción estaba a flor de piel, y el sentimiento de solidaridad y afecto con la gente próxima al trabajador desaparecido.

Yo iba mirando uno por uno a los asistentes. Conocía por cierto a todos aquellos antiguos compañeros de trabajo en las distintas secciones, con los cuales iniciamos aquella aventura periodística medio siglo atrás.

Cada uno es una vida, todos distintos, con trayectorias diversificadas al infinito, pero hermanados en el sentimiento solidario y fraternal. En la dignidad, y en el recuerdo de haber combatido por una causa noble que llevan en el alma y los enaltece. Algunos, muchachos en aquel entonces, totalmente encanecidos, otros con bastón, otros más que siguen trabajando y ganándose el puchero como pueden.

Hoy están unidos además por un reclamo común: la Ley 18.033 no ampara al personal que quedó cesante debido a la clausura del diario por la dictadura, al revés de lo que sucede con el personal de otras empresas que dejaron a su personal en la calle. Esto es lo que debe repararse, según se explicó en reportaje exhaustivo en estas página días pasados, ante lo cual expresaron su acuerdo parlamentarios de diversas tendencias y las autoridades del Ministerio de Trabajo. Pero el tiempo pasa.

Tanto en el acto del Palacio Legislativo como en el de la plazoleta se evocó la gran jornada del 9 de julio, a las cinco de la tarde.

El Popular estuvo en el epicentro de esa valerosa expresión de lucha contra la dictadura, en medio de la huelga general. Esto también se va a recordar dignamente en fecha próxima, igualmente por iniciativa de la Junta Departamental de Montevideo, colocando una placa en esa esquina de 18 de Julio y Río Branco, hoy Wilson Ferreira Aldunate.

En la noche de ese día, 34 años atrás, El Popular fue asaltado y marchamos todos presos al Cilindro. Pero lo que queremos resaltar sobre todo es la altura y la combatividad del pueblo, que enfrentó la brutal represión y colmó una y otra vez la principal avenida, en flujo y reflujo incesante. El 9 de julio están todos invitados a esa esquina. A las cinco en punto de la tarde.

Publicado en La República, el 30 de junio de 2007


Niko Schvarz
Analista internacional de La República
nikomar@adinet.com.uy

* Publicista uruguayo, miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio.

 
NIKO SCHVARZ