Luego entré a notificarme del mismo en mi condición de redactor responsable
de El Popular, y los hados decidieron que lo hiciera conjuntamente con Daniel
Rodríguez Larreta, mi homólogo de El País, con quien había mantenido ásperas
discusiones ideológicas en los diarios respectivos. Ya se sabe que ese diario
fue un amanuense incondicional de la dictadura, que denunciaba a los luchadores
por la libertad, y que el propio Rodríguez Larreta fue consejero de Estado
puesto a dedo por el régimen.
En la noche anterior, y hasta la alta madrugada, yo había estado en el
despacho del senador Enrique Rodríguez, y hasta allí llegó el senador Luis
Hierro Gambardella a alertarnos que el golpe de Estado era un hecho y no lo
paraba nadie. Yo no lo podía creer.
Hierro (a quien yo estimaba como ser humano, como legislador y como poeta) me
tomó por las solapas del saco y me dijo que había visto el decreto firmado por
Bordaberry. Después presencié la histórica sesión póstuma del Senado, de la cual
retengo la invocación de Enrique Rodríguez a la huelga general de la clase
obrera que a esas horas despuntaba, las intervenciones del propio Hierro, de
Vasconcellos, de Rodríguez Camusso y la vibrante alocución final de Wilson
Ferreira.
Ahora, 34 años después, algo de todo eso se recordó en un acto muy emotivo
que se realizó por la mañana en el Palacio Legislativo. Allí se rindió homenaje
a los trabajadores que protagonizaron esa gesta que fue la huelga general, con
ocupación reiterada de fábricas y talleres, acompañada de las acciones de los
estudiantes y la ocupación de sus centros de estudio.
Ello se sintetizó en el reconocimiento a José D'Elía, el padre de la unidad
total de los trabajadores. Pero se extendió a la vez, premiándolos con medallas
conmemorativas, a muchos de los sobrevivientes de aquellas jornadas que
conmovieron al país y se difundieron en el mundo entero, que cavaron una fosa
entre la dictadura y todo el pueblo y abrieron cauce a la solidaridad
internacional con la lucha del pueblo uruguayo contra la dictadura. En el acto
se subrayó, con razón, que los trabajadores pusieron el pellejo en la lucha por
la democracia y la libertad.
Por la tarde asistí a un encuentro mucho más modesto pero igualmente
significativo. Por iniciativa de la Junta Departamental de Montevideo se rindió
homenaje a la memoria de Juan Manuel Brieba, un trabajador gráfico de El Popular
que integra la lista de los desaparecidos tras su detención por las Fuerzas
Conjuntas en noviembre de 1975.
En una placita de Carlos de la Vega y Santa Lucía (que en ese tramo toma el
nombre de Eduardo Paz Aguirre, casualmente el senador quincista que presidió la
sesión del 27 de junio) se descubrió una placa alusiva con el nombre de Brieba,
en un acto en el que participaron ediles, compañeros de trabajo, dirigentes
políticos y numerosos vecinos de ese barrio de trabajadores. Allí también la
emoción estaba a flor de piel, y el sentimiento de solidaridad y afecto con la
gente próxima al trabajador desaparecido.
Yo iba mirando uno por uno a los asistentes. Conocía por cierto a todos
aquellos antiguos compañeros de trabajo en las distintas secciones, con los
cuales iniciamos aquella aventura periodística medio siglo atrás.
Cada uno es una vida, todos distintos, con trayectorias diversificadas al
infinito, pero hermanados en el sentimiento solidario y fraternal. En la
dignidad, y en el recuerdo de haber combatido por una causa noble que llevan en
el alma y los enaltece. Algunos, muchachos en aquel entonces, totalmente
encanecidos, otros con bastón, otros más que siguen trabajando y ganándose el
puchero como pueden.
Hoy están unidos además por un reclamo común: la Ley 18.033 no ampara al
personal que quedó cesante debido a la clausura del diario por la dictadura, al
revés de lo que sucede con el personal de otras empresas que dejaron a su
personal en la calle. Esto es lo que debe repararse, según se explicó en
reportaje exhaustivo en estas página días pasados, ante lo cual expresaron su
acuerdo parlamentarios de diversas tendencias y las autoridades del Ministerio
de Trabajo. Pero el tiempo pasa.
Tanto en el acto del Palacio Legislativo como en el de la plazoleta se evocó
la gran jornada del 9 de julio, a las cinco de la tarde.
El Popular estuvo en el epicentro de esa valerosa expresión de lucha contra
la dictadura, en medio de la huelga general. Esto también se va a recordar
dignamente en fecha próxima, igualmente por iniciativa de la Junta Departamental
de Montevideo, colocando una placa en esa esquina de 18 de Julio y Río Branco,
hoy Wilson Ferreira Aldunate.
En la noche de ese día, 34 años atrás, El Popular fue asaltado y marchamos
todos presos al Cilindro. Pero lo que queremos resaltar sobre todo es la altura
y la combatividad del pueblo, que enfrentó la brutal represión y colmó una y
otra vez la principal avenida, en flujo y reflujo incesante. El 9 de julio están
todos invitados a esa esquina. A las cinco en punto de la tarde.
Publicado en La República, el 30 de junio de 2007