Por la plata baila el mono
En El Nuevo Herald del 6 de julio se publica un artículo enviado desde Bogotá
por su corresponsal Gonzalo Guillén bajo el título: "Cazarrecompensas habrían
causado masacre de los 11 diputados". Su versión acerca del trágico
acontecimiento está resumida en la frase inicial:
"Los 11 diputados colombianos recientemente asesinados en cautiverio cuando
permanecían secuestrados en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia, FARC, murieron, al parecer, en medio de fuego cruzado entre los
captores que los cuidaban y cazadores de recompensas que buscan cobrar los 2.5
millones de dólares que el gobierno colombiano ofrece por cada uno de los ocho
miembros del Secretariado, máxima jefatura de esa organización, dijeron ayer a
El Nuevo Herald fuentes militares y analistas vinculados al ministerio de
Defensa".
Más adelante explicita que según le expresó un oficial de la Armada, además
de las recompensas por los máximos jefes el gobierno ofrece 800 mil dólares por
los líderes de segundo nivel, 100 mil por los de tercero y 70 mil por los de
cuarto. El alto precio por esas cabezas ha atraído a mercenarios de EEUU, de
Israel y de Europa, confirmaron las mismas fuentes, pero hasta ahora no lograron
acercarse a los jefes principales. En Quito y en Caracas fueron capturados dos
dirigentes de segundo nivel, conocidos como Simón Trinidad y Rodrigo Granda, y
según esta versión las recompensas se pagaron apenas fueron entregados los
guerrilleros. En suma, la oferta de pago es una invitación "abierta y legal"
para que "nacionales y extranjeros se pongan a buscar a los guerrilleros". No
solamente las fuerzas militares están detrás de ellos. Lo que sí está en manos
del Ministerio de Defensa es la coordinación de esos operativos de búsqueda.
Mercenarios y paramilitares
A esos efectos el ministerio distribuye a cada interesado una carpeta (baraja
en la jerga colombiana) en que consta la foto del guerrillero, el precio que se
paga por él y las instrucciones para contactar a las autoridades. El "as de
diamantes" es Pedro Antonio Marín, o Manuel Marulanda, o Tirofijo, que cuenta
con 21 órdenes de captura por parte de Interpol.
Dice luego el periódico: "Otras hipótesis sobre los diputados muertos indican
que pudieron haber sido asesinados (...) por paramilitares que atacaron el
inhóspito campamento andino en el que supuestamente permanecían los secuestrados
desde hace cinco años". Describe a los grupos paramilitares como "escuadrones de
la muerte de extrema derecha, muchos de cuyos frentes de guerra ingresaron a un
proceso de paz con el gobierno pero no han entregado a los secuestrados que
tienen en su poder pese a estar obligados a hacerlo".
O sea que va cobrando fuerza la versión de la participación de fuerzas
mercenarias y de bandas paramilitares en el asesinato, tal como lo habíamos
señalado en notas anteriores. El 30 de junio, bajo el título de "Operativo
sangriento de Uribe, militares, paramilitares y mercenarios", decíamos que en
esa área se habían desarrollado desde varias semanas atrás amplias operaciones
conjuntas de militares y de paramilitares (como por otra parte viene sucediendo
desde hace años, y está documentado en las declaraciones del máximo jefe de las
AUC, Salvatore Mancuso), y que ello había generado numerosos combates y
creciente presencia de fuerzas oficiales, con el agregado de que esas tropas
recibían apoyo de mercenarios extranjeros. Esos días el ministro del Interior y
Justicia, Carlos Holguín, había admitido la posibilidad de la participación de
destacamentos paramilitares. Se llegó a mencionar incluso con nombre propio
varias de estas bandas: Los Rastrojos, del capo Wílber Varela, y Nueva
Generación, vinculada al conocido como "Macaco", mezclados en operativos de
aviones y helicópteros que sobrevolaban la zona y de fuerzas especiales del
ejército y la marina. Cabe recordar que el Congreso estadounidense se negó a
aprobar el TLC con Colombia hasta tanto no se esclareciera el papel de los
paramilitares.
Noguera preso y un antecedente ignorado
Nos enteramos por CNN que ha sido encarcelado nuevamente Jorge Noguera, el ex
zar de los servicios de seguridad estatal del DAS, señalado por su estrecha
conmixtión con las bandas paramilitares, en particular con su jefe Rodrigo Tovar
Pupo, alias "Jorge 40", a las cuales les facilitaban información para sus
actividades criminales contra las fuerzas de oposición, el movimiento sindical y
popular. En ese contexto se recordaron las negociaciones del gobierno de Andrés
Pastrana con las FARC en 1999, para lo cual se procedió al despeje de la zona
del Caguán, antecedente ignorado por Alvaro Uribe al negarse a desmilitarizar
los municipios de Pradera y Florida para proceder al intercambio humanitario de
prisioneros, como lo reclama la mayor parte de la sociedad colombiana.
Publicado en La República, el 10 de julio de 2007