Niko Schvarz Niko Schvarz - rodelu.net
19 de agosto de 2007

La ex candidata Ingrid Betancourt
y el cabo Pablo Moncayo

Ingrid Betancourt

Han transcurrido 2.000 días, más de cinco años, desde que en febrero 2002 fue secuestrada por las FARC la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, y hace casi diez años que está en manos de la guerrilla el cabo del ejército Pablo Emilio Moncayo, capturado en el ataque a la base militar de Patascoy el 21 de diciembre 1997. Son episodios de un enfrentamiento que dura desde hace 43 años. Estos días se han renovado las movilizaciones y reclamos a favor del intercambio humanitario, que chocaron con la intransigencia del presidente Uribe. Este en cambio privilegia "la búsqueda de la impunidad para sus socios narcoparamilitares", como se ha dicho, lo que lo lleva a enfrentar a la Corte Suprema de Justicia.

Niko Schvarz*

La carta al profesor Moncayo

Desde París ayer los familiares de Ingrid Betancourt lanzaron un llamado al mundo para lograr la liberación de los detenidos. Entre ellos su madre, Yolanda Pulecio, que ha mantenido una enérgica crítica al presidente por su actitud inhumana, al tiempo que solicita a la guerrilla que no prolongue el cautiverio de su hija.

En nuestra nota del día 8 destacamos la marcha que a lo largo de 47 días llevó a cabo el profesor Gustavo Moncayo, padre del cabo mencionado, uniendo a su natal Sandoná en el departamento de Nariño con Bogotá, para reclamar tanto al presidente como a la guerrilla la conclusión de un acuerdo humanitario. La marcha logró un vivo impacto en las zonas recorridas, y en buena parte fue acompañada por manifestantes bajo el lema de: "Sí al acuerdo humanitario, No al rescate a sangre y fuego", alternativa esta última lanzada por el presidente y de la cual desistió ante el rechazo clamoroso de la sociedad colombiana y en particular de los familiares de los retenidos. Ya reseñamos el altercado a viva voz del profesor con el presidente en la céntrica Plaza Bolívar, seguido por el público allí congregado que recriminó al presidente su connivencia con el paramilitarismo.

En la misma Plaza Bolívar el profesor Moncayo recibió una carta de la dirección de la guerrilla, que expresa un "sentimiento de admiración por su reciente proeza", dice luego que "a medida que avanzaba su marcha avanzaba también en la conciencia de los colombianos la necesidad y urgencia del intercambio humanitario", y agrega: "Aunque preveíamos la respuesta del Presidente, nunca pensamos que fuese a ser tan zahiriente con su esfuerzo, con su amor de padre y con esas manifestaciones de solidaridad desatadas a su paso por los pueblos y en su entrada a Bogotá". Recalca además que Uribe ni siquiera escuchó los razonamientos del ex presidente López Michelsen, que terminó sus días empuñando esa noble causa.

Lo que Uribe rechaza  y lo que apoya

No es este el único ex presidente proclive a una negociación para resolver el angustiante problema. En el debate que conmueve a la sociedad colombiana se recordaron las conversaciones entre la guerrilla y el gobierno de Andrés Pastrana en 1999, para lo cual se procedió al despeje de la zona del Caguán, antecedente ignorado por Uribe cuando rechaza de plano la desmilitarización de los municipios de Pradera y Florida para proceder al intercambio, como lo viene reiterando la guerrilla. En aquellas instancias intervino el entonces ministro Alvaro Leyva Durán, en carácter de negociador de la paz con las FARC, actitud que mantuvo nuevamente en la actual instancia, sobre todo a raíz de la muerte de los once diputados del Valle de Cauca. Su ofrecimiento de mediación fue desechado sin más por Uribe, el cual a la vez ridiculizó la actitud del anterior presidente Ernesto Samper, que en su gobierno autorizó el intercambio de detenidos y ahora trabaja en un proyecto para realizar un referéndum sobre acuerdo humanitario. Como se ve, ninguno de los anteriores presidentes mantuvo la dureza de piedra y la insensibilidad del actual.

En cambio, Uribe ha enviado un proyecto al Congreso para legalizar a los paramilitares. Por eso decíamos que se le acusa de buscar "la impunidad para sus socios narcoparamilitares". Lo hace en un momento muy especial. Ha quedado archiprobada la connivencia de altas figuras de su gobierno, con el vicepresidente y el ministro de Defensa a la cabeza, con las bandas asesinas de los paramilitares, que además efectuaban operaciones conjuntas con los mandos del ejército y estaban infiltrados hasta la médula en los servicios de seguridad. Por añadidura, se ordenó la captura de tres coroneles del ejército por infiltración de la mafia narcotraficante, según confirmó el propio ministro de Defensa, José Manuel Santos. Y el ex senador uribista Alvaro Araújo, hermano de la defenestrada ex canciller María Consuelo y encarcelado (después de haberse dado a la fuga) por sus vínculos con los paramilitares, dirige con toda comodidad desde la cárcel la campaña electoral para la próxima gobernación del departamento de César. A ello se agrega otro crimen odioso de los "paracos", como el de Dairo Torres, dirigente de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, acribillado por integrantes de estas bandas perfectamente individualizados, a plena luz del día 13 de julio. Es para esta gente que Uribe propone la impunidad y el lavado de sus crímenes.

Campaña de mentiras

Pour la galerie, se habla de negociaciones con la guerrilla del ELN (mediante conversaciones prolongadas que se vienen desarrollando en Cuba) poniendo condiciones que presumiblemente las transformen en inviables, como la de que todos sus miembros abandonen el país. Y para aderezar el pastel, el país (y el mundo) se inundan con una campaña de mentiras. Por ejemplo, la de que Ingrid Betancourt está en Venezuela, lo que no guarda el menor contacto con la realidad pero de paso mezcla al demonizado Chávez en la historia.

Publicado en La República, el 17 de agosto de 2007


Niko Schvarz
Analista internacional de La República
nikomar@adinet.com.uy

* Publicista uruguayo, miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio.

 
NIKO SCHVARZ