La carta al profesor Moncayo
Desde París ayer los familiares de Ingrid Betancourt lanzaron un llamado al
mundo para lograr la liberación de los detenidos. Entre ellos su madre, Yolanda
Pulecio, que ha mantenido una enérgica crítica al presidente por su actitud
inhumana, al tiempo que solicita a la guerrilla que no prolongue el cautiverio
de su hija.
En nuestra nota del día 8 destacamos la marcha que a lo largo de 47 días
llevó a cabo el profesor Gustavo Moncayo, padre del cabo mencionado, uniendo a
su natal Sandoná en el departamento de Nariño con Bogotá, para reclamar tanto al
presidente como a la guerrilla la conclusión de un acuerdo humanitario. La
marcha logró un vivo impacto en las zonas recorridas, y en buena parte fue
acompañada por manifestantes bajo el lema de: "Sí al acuerdo humanitario, No al
rescate a sangre y fuego", alternativa esta última lanzada por el presidente y
de la cual desistió ante el rechazo clamoroso de la sociedad colombiana y en
particular de los familiares de los retenidos. Ya reseñamos el altercado a viva
voz del profesor con el presidente en la céntrica Plaza Bolívar, seguido por el
público allí congregado que recriminó al presidente su connivencia con el
paramilitarismo.
En la misma Plaza Bolívar el profesor Moncayo recibió una carta de la
dirección de la guerrilla, que expresa un "sentimiento de admiración por su
reciente proeza", dice luego que "a medida que avanzaba su marcha avanzaba
también en la conciencia de los colombianos la necesidad y urgencia del
intercambio humanitario", y agrega: "Aunque preveíamos la respuesta del
Presidente, nunca pensamos que fuese a ser tan zahiriente con su esfuerzo, con
su amor de padre y con esas manifestaciones de solidaridad desatadas a su paso
por los pueblos y en su entrada a Bogotá". Recalca además que Uribe ni siquiera
escuchó los razonamientos del ex presidente López Michelsen, que terminó sus
días empuñando esa noble causa.
Lo que Uribe rechaza y lo que apoya
No es este el único ex presidente proclive a una negociación para resolver el
angustiante problema. En el debate que conmueve a la sociedad colombiana se
recordaron las conversaciones entre la guerrilla y el gobierno de Andrés
Pastrana en 1999, para lo cual se procedió al despeje de la zona del Caguán,
antecedente ignorado por Uribe cuando rechaza de plano la desmilitarización de
los municipios de Pradera y Florida para proceder al intercambio, como lo viene
reiterando la guerrilla. En aquellas instancias intervino el entonces ministro
Alvaro Leyva Durán, en carácter de negociador de la paz con las FARC, actitud
que mantuvo nuevamente en la actual instancia, sobre todo a raíz de la muerte de
los once diputados del Valle de Cauca. Su ofrecimiento de mediación fue
desechado sin más por Uribe, el cual a la vez ridiculizó la actitud del anterior
presidente Ernesto Samper, que en su gobierno autorizó el intercambio de
detenidos y ahora trabaja en un proyecto para realizar un referéndum sobre
acuerdo humanitario. Como se ve, ninguno de los anteriores presidentes mantuvo
la dureza de piedra y la insensibilidad del actual.
En cambio, Uribe ha enviado un proyecto al Congreso para legalizar a los
paramilitares. Por eso decíamos que se le acusa de buscar "la impunidad para sus
socios narcoparamilitares". Lo hace en un momento muy especial. Ha quedado
archiprobada la connivencia de altas figuras de su gobierno, con el
vicepresidente y el ministro de Defensa a la cabeza, con las bandas asesinas de
los paramilitares, que además efectuaban operaciones conjuntas con los mandos
del ejército y estaban infiltrados hasta la médula en los servicios de
seguridad. Por añadidura, se ordenó la captura de tres coroneles del ejército
por infiltración de la mafia narcotraficante, según confirmó el propio ministro
de Defensa, José Manuel Santos. Y el ex senador uribista Alvaro Araújo, hermano
de la defenestrada ex canciller María Consuelo y encarcelado (después de haberse
dado a la fuga) por sus vínculos con los paramilitares, dirige con toda
comodidad desde la cárcel la campaña electoral para la próxima gobernación del
departamento de César. A ello se agrega otro crimen odioso de los "paracos",
como el de Dairo Torres, dirigente de la Comunidad de Paz de San José de
Apartadó, acribillado por integrantes de estas bandas perfectamente
individualizados, a plena luz del día 13 de julio. Es para esta gente que Uribe
propone la impunidad y el lavado de sus crímenes.
Campaña de mentiras
Pour la galerie, se habla de negociaciones con la guerrilla del ELN
(mediante conversaciones prolongadas que se vienen desarrollando en Cuba)
poniendo condiciones que presumiblemente las transformen en inviables, como la
de que todos sus miembros abandonen el país. Y para aderezar el pastel, el país
(y el mundo) se inundan con una campaña de mentiras. Por ejemplo, la de que
Ingrid Betancourt está en Venezuela, lo que no guarda el menor contacto con la
realidad pero de paso mezcla al demonizado Chávez en la historia.
Publicado en La República, el 17 de agosto de 2007