El hombre que siempre puso el pellejo detrás de las ideas
Cuarenta años del Che
Mañana 8 de octubre el mundo se detendrá un instante me
permití decir hace unos días para recordar a uno de los protagonistas de la
historia del turbulento siglo XX. Uno de los hombres que más hizo por los
hombres, por el futuro de la humanidad, por el socialismo y el comunismo. El Che
nos entregó la lección de su vida, porque siempre puso el pellejo detrás de las
ideas. Ideas de liberación nacional y social, de dignificación de cada ser
humano. El hombre nuevo de la nueva sociedad, del que muchas veces se habla y
que el Che evoca en la carta a Marcha sobre el socialismo y el hombre en Cuba,
lo tiene a él mismo como ejemplo: en esa lucha por las ideas, hasta dar la vida
por ellas.
Niko Schvarz*
Cuando la humanidad supere el régimen de la explotación capitalista e ingrese
a una etapa superior de convivencia entre los seres, mantendrá siempre vivo el
recuerdo del Che, como un forjador de ese futuro que será presente.
Práctica revolucionaria, también teoría
En fechas recientes han salido a luz varios trabajos teóricos del Che, que
inexplicablemente estuvieron soterrados por décadas o se dieron a conocer en
forma muy fragmentaria. Ello ha permitido valorar la profundidad de sus
conocimientos y de un pensamiento esencialmente antidogmático y creador, vertido
en lenguaje directo, sin pelos en la lengua, como se expresa en particular en la
crítica acerada, hecha desde el ángulo de los países del tercer mundo, del
conocido Manual de Economía Política soviético. Dichos análisis permiten renovar
el debate sobre el socialismo, el más palpitante de nuestro tiempo y
particularmente acuciante en nuestra América Latina con la llegada al gobierno
de las fuerzas de izquierda en la mayoría de los países a partir del nuevo siglo
y milenio. Este debate se lleva a cabo en Brasil, con aportes sustanciales como
pudimos apreciar en el reciente III Congreso del PT, en otras condiciones en
Venezuela y en Bolivia, también en nuestro país y en Nicaragua, y comienza a
asomar en Ecuador, donde el presidente asume bajo el lema "Hasta la victoria
siempre" y arrasa con millones de votos en la elección de la Asamblea
Constituyente.
Por eso el presidente de la Asamblea Nacional cubana, Ricardo Alarcón, podía
afirmar unos días atrás que "la presencia del Che en América Latina es más
profunda y real que en aquella época. Se está dando algo que entonces no
imaginamos posible; un sueño: que haya múltiples formas de socialismo. Él habría
saludado lo de Venezuela, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Uruguay, Ecuador". Desde
el pasado el propio Che nos alecciona. "Es preciso, decía, tener una gran dosis
de humanidad, de sentido de justicia y de verdad, para no caer en extremos
dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Es necesario
luchar todos los días para que ese amor a la humanidad viva se transforme en
hechos concretos, en gestos que sirvan de ejemplo, de movilización".
Todo lo cual entronca con su teoría de la revolución en América Latina.
Dos, tres, muchos Vietnam contra el imperialismo
No siempre se prestó la debida atención a trabajos teóricos del Che que
procuraban sintetizar las experiencias de la revolución cubana. El Che ha
abierto una cantera muy valiosa en ese sentido. Me refiero, por ejemplo, a su
artículo en la revista Verde Olivo, publicado en el lejano 9 de abril de 1961
bajo el título: "Cuba, ¿excepción histórica y vanguardia de la lucha
anticolonialista?". Allí Guevara se levanta contra la tesis de los
"excepcionalistas", según los cuales la revolución cubana fue un fenómeno único
e irreproducible, que transitó caminos abiertos exclusivamente para ella. "Falso
de toda falsedad", proclama. Y sin amenguar un ápice su significación al
contrario, ubicándola como "el acontecimiento cardinal de América", y en el
plano internacional como el que sigue en importancia a la revolución rusa, la
victoria antinazi en la segunda guerra mundial y la revolución china
concluye que "la revolución cubana ha contado con factores excepcionales que le
dan su peculiaridad y factores comunes a todos los pueblos de América que
expresan la unidad interior de esa revolución". A esa conclusión arriba luego de
un análisis muy fino de los movimientos de las clases antes, durante y después
del 1º de enero de 1959, que tiene además el mérito de no absolutizar ninguna de
las vías de la revolución ni de las formas de lucha. Sin dejar de analizar las
particularidades de la acción guerrillera en Cuba, encara con notable madurez
subrayada por el momento histórico y la experiencia todavía fresca iniciada
en la Sierra Maestra- la posibilidad de utilizar la vía no armada. Aunque la
considera "muy remota", sostiene que "sería un error imperdonable desestimar el
provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral
dado". Este concepto fue ampliado en el discurso que el Che pronunciara en
agosto del mismo año 1961 en el Paraninfo de la Universidad en Montevideo, tras
participar en la conferencia del CIES en Punta del Este y denunciar allí, en el
rostro del secretario del Tesoro Douglas Dillon, a la fementida Alianza para el
Progreso del presidente Kennedy, que en abril de ese mismo año había dado luz
verde a la invasión de Playa Girón.
De ahí la táctica preconizada por él de abrir "dos, tres, muchos Vietnam"
contra el imperialismo yanki en América Latina.
Una imagen recorre el mundo
En estos días, sobre todo mañana, en el mundo entero se recordará al Che, en
las avenidas y en las plazas, y también en la reflexión íntima con que cada uno
examina, a esa luz, su propia vida y su destino. Me surge una pregunta: ¿cómo
estaría el mundo de hoy, tan complejizado, preso de invasiones, guerras y las
mayores inequidades, pero con esperanzas renacientes, sobre todo en nuestro
continente, si hubiera varios millones de seres como él? Por lo pronto, los
pioneritos cubanos aspiran a ser como el Che. Al fin de cuentas, el ser humano
como él mismo lo dijo es el "actor de ese extraño y apasionante drama
que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y
miembro de la comunidad". Y sin perder nunca la ternura.
Publicado en La República, el 7 de octubre de 2007