Niko Schvarz Niko Schvarz - rodelu.net
1 de noviembre de 2007

Plan de ataque

Irán y los entretelones de la invasión a Irak

El ataque o invasión a Irán se prepara a ojos vistas. No sabemos en qué etapa se estará al publicarse esta nota. En cualquier caso hay que considerar como antecedente sugestivo lo que sucedió en Irak, cuatro años atrás. En ese sentido el libro Plan de Ataque de Robert (Bob) Woodward nos ofrece una guía extremadamente útil.
Niko Schvarz*

Bob Woodward fue, desde el Washington Post, el investigador que junto con Carl Bernstein descubrió la trama del Watergate y mandó a Richard Nixon (Tricky Dick, el tramposo y bocasucia) a su casa antes de tiempo. Fue un modelo que dignifica el periodismo de investigación. Lo mismo acontece con Plan de Ataque. Publicado en marzo 2004, a un año de la invasión a Irak, la traducción de editorial Planeta salió en Buenos Aires y ya llegó a Uruguay. Son 500 páginas más un nutrido índice onomástico y de materias. El autor entrevistó a más de 75 personajes de primer plano, empezando por Bush, Cheney, Rumsfeld, Colin Powell, Condoleezza Rice, los de su entorno inmediato como Paul Wolfowitz, la eminencia gris Karl Rove, Lewis ''Scooter'' Libby, los generales con Tommy Franks al frente, y otros.

El subtítulo del libro es: Cómo se decidió invadir Irak, y en su primera frase define como objetivo ''ofrecer la primera crónica detallada con información de primera mano de lo que sucedió tras el telón sobre cómo y por qué el presidente George W. Bush, sus asesores y sus aliados decidieron lanzar una guerra preventiva contra Irak para derrocar a Saddam Hussein'' ( y para seguir ocupando el país después de derrocarlo y ahorcarlo).

Desde el pique se pone de relieve la tesis de la guerra preventiva, llevado adelante contra viento y marea por Bush, que ha envenenado el clima internacional. El libro investiga la génesis de esta concepción, contraria a todas las normas de derecho internacional, en un análisis día por día de un proceso de 16 meses entre noviembre de 2001, aún bajo el impacto de las Torres Gemelas, hasta la invasión desencadenada el 19 de marzo de 2003, tras el contubernio en las islas Azores de Bush con Blair y Aznar y el beneplácito de Berlusconi, sus fieles escuderos  que a esta altura quedaron fuera de la troya.

La otra gran conclusión es el cúmulo fenomenal de mentiras y el andamiaje de falsedades que se acumularon sobre las llamadas armas de destrucción masiva de Saddam, que nunca aparecieron por ningún lado y que se tomaron como pretexto para la invasión. Aparece con los mínimos detalles la historia de los derivados de uranio presuntamente adquiridos por Irak en Níger (y no Nigeria como dice la traducción, y no es su único error), que fue un invento de cabo a rabo, como lo demostró el embajador Joe Wilson, lo que causó la destitución de su esposa Valerie Plame, agente encubierta de la CIA, por una artera maniobra del entourage de Bush. También se historia cómo se gestó el concepto de ''eje del mal'' lanzado por Bush en su discurso sobre el estado de la Unión, que englobaba a Irak, Irán (ya entonces) y Corea del Norte, y que el sistema mediático estadounidense diseminó por el mundo.

En realidad el libro desborda ampliamente los límites temporales señalados, porque el análisis de los antecedentes muestra que el vicepresidente Dick Cheney (el mismo que ahora lleva la batuta en el reclamo del ataque a Irán) era secretario de Defensa durante la guerra del Golfo de 1991 emprendida por Bush padre; porque Donald Rumsfeld, hace poco defenestrado como Secretario de Defensa, ocupaba ese cargo bajo la presidencia de Gerald Ford, el sustituto de Nixon, en 1975-76; porque el general Franks era veterano de la guerra de Vietnam y de la guerra del Golfo; y porque el secretario de Estado, general Colin Powell, tenía a esa altura 35 años en el ejército y había presidido la Junta de Estado Mayor de 1989 a 1993.

Los primeros planes concretos de invasión a Irak, ordenados por Bush y una y otra vez remodelados a pedido suyo y de Rumsfeld, fueron presentados mientras estaba en curso la guerra de Afganistan, desencadenada poco después de las Torres Gemelas y del ataque al Pentágono (que causó 184 muertes según el libro, dato que no recuerdo haber leído en otro lado), todo lo cual fue calificado por Bush como el Pearl Harbour del siglo XXI. Colin Powell, desde la secretaría de Estado, y con una dificultosa relación con Bush, se empeñó en aplicar el freno mientras pudo. En cambio, Rumsfeld reclamaba ''las botas sobre el terreno''.

Su subsecretario en la Defensa, Paul Wolfowitz (que después ocupó fugazmente la presidencia del Banco Mundial de donde fue destituido por corrupción), quería ocupar los mil pozos petrolíferos del sur, que producían los 2/3 de todo el crudo de Irak. Cheney clamaba porque EEUU no respondía adecuadamente a los atentados de que había sido objeto: contra el mismo World Trade Center de New York en 1993; a las instalaciones militares de las Torres Khobar en Arabia Saudita; a dos embajadas del este de África en 1998; al USS Cole de la marina de guerra en 2000. (En referencia a esa fecha se dice que Bush tuvo minoría de votos en las elecciones de ese año y su proclamación fue una trapisonda).

El general Franks, encargado de definir la logística de la invasión, le imprimió lo que habría de ser una constante en el período (y ahora también): la decisión de proteger a Israel, que se lleva el grueso de la millonada armamentista que EEUU destina a la región. Entonces comenzó a aparecer el extendido rechazo internacional a la proyectada invasión por parte de Francia, Alemania, Rusia, Bélgica; y las presiones para que los países de la OTAN aporten bases y autorización para atravesar su espacio aéreo. (Ahora mismo Robert Gates se queja de que la OTAN no aporta efectivos militares en Afganistán).

A  partir de los primeros meses de 2002, y antes aún, se produce una inflexión y el gobierno de Bush  marcha decididamente hacia la guerra, en medio de forcejeos internos con neto predominio de los halcones. A la vez procura aliados internacionales, que le resultan sumamente esquivos. Por otro lado monta un amplísimo plan de espionaje, que ese sí le dio resultados. Con autorización expresa firmada por Bush el 16 de febrero 2002, los agentes de la CIA pasan a operar dentro de Irak. Tratan de infiltrarse dentro del propio régimen, donde ya tenían algunos puntos de apoyo, y compran agentes a 10 mil dólares por mes.

El objetivo era apoyar a los grupos de oposición, operaciones de sabotaje,  obtener datos de inteligencia, operaciones de desinformación y engaño, entorpecer las fuentes de ingresos e impedir adquisiciones de material militar por parte del régimen.

Todo esto es orquestado por el director de la agencia, George Tenet, que a la vez compró los servicios de espionaje de Jordania, el GID, y presionó a los respectivos servicios de Egipto, Omán,  Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Yemen, Bahrain, Qatar, Turquía, más allá de sus vínculos permanentes con Israel. El 15 de marzo Cheney voló hasta el portaaviones  USS John C. Stennis, estacionado en el mar de Arabia con 5 mil hombres a bordo y que catapultaba bombarderos para misiones en Afganistán. El 2 de marzo 2002 Tenet se reunió con Jalal Talabani, líder de una de las principales facciones kurdas, la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), que no por azar es hoy el presidente de Irak, con Nuri al-Maliki como primer ministro. Se logró montar una base efectiva de espionaje en el norte de Irak, a un costo de cientos de millones de dólares para pagar a los agentes, que lograron infiltración y contactos en la proximidad de Saddam. En la CIA la calificaban como ''una mina de oro''. Aportaron datos que permitieron atacar con bombas y misiles  una granja en la cual se encontraba Saddam. El ataque produjo muertos y heridos, pero Saddam escapó.

En el Consejo de Seguridad Nacional, Cheney, Rumsfeld, Rice, Rove forman un frente contra Colin Powell. Se decide pavimentar grandes pistas de aeródromos de Kuwait sin que el Congreso se entere. Se le miente permanentemente a la prensa, ya que los planes de guerra están en marcha. El 26 de agosto, Cheney patea el tablero. Dice que ''el peligro de un Irak nuclear justifica un ataque'' y que las inspecciones son fútiles. El 12 de setiembre Bush habla en la ONU y pide una nueva resolución sobre Irak. Powell reparte borradores sucesivos entre los otros 14 miembros del Consejo de Seguridad. A EEUU sólo lo respaldan Gran Bretaña, España y Rumania. Chirac y Schröder expresan firme rechazo. En el frente interno, Bush consigue que el Senado apruebe una ley de seguridad interior que reduce las libertades civiles.

El 10 de octubre el Congreso vota la autorización al presidente a emplear la fuerza en Irak, ''tal y como estime necesario y adecuado''. Edward Kennedy vota en contra, John Kerry a favor, sale 77 a 23. ''Es un cheque en blanco a todos los efectos''. El 8 de noviembre 2002 el Consejo de Seguridad aprueba nuevas inspecciones. Nunca se encontró nada. Los informes de Blix y de El Baradei sobre ADM enfurecen a Bush. Se va armando el dispositivo de agresión a fines de 2002.

Cuando Bush reúne a su gabinete en pleno el 6 de enero, la decisión de guerra ya está tomada. De hecho ya había decidido con el general Franks comenzar en marzo. Llega a la zona el cuarto portaaviones, Harry S. Truman y se instala un centro operativo en Qatar. El 10 de enero 2003 Bush y Cheney se reúnen en la Casa Blanca con disidentes iraquíes; éstos prometen que las tropas estadounidenses serán recibidas con dulces y flores. El 13 de enero  Bush le dice a Powell que se ponga el uniforme de general y el secretario de Estado decide seguir jugando la carta diplomática. El 14 de enero Bush se reúne con el presidente polaco Alexandr Kwasniewski, que promete enviar tropas. Ese fin de semana se realiza la mayor manifestación contra la guerra desde la época de Vietnam. El 20 de enero Dominique de Villepin declara en el Consejo de Seguridad que ''nada, nada en absoluto justifica la guerra''. Al día siguiente Bush declara a periodistas que ''lideraremos una coalición para obligar a Saddam a desarmarse''. Millones manifiestan contra la guerra en capitales europeas, árabes y asiáticas. El 27 de enero Blix y El Baradei presentan su informe sobre dos meses de inspecciones, diciendo que no se encontraron ADM, contradiciendo a la Casa Blanca. En su informe de enero sobre el estado de la Unión, Bush arremete y pronuncia la frase fatídica: ''El gobierno británico ha podido saber que Saddam ha adquirido grandes cantidades de uranio en África'', lo que demostró ser un embuste de marca mayor. El 30 de enero Bush conversa con Berlusconi y el 31 se reúne con Blair. El 7 de febrero Chirac, Schröder y Putin declaran conjuntamente que están contra la guerra. Blix reitera el 14 de febrero ante el Consejo de Seguridad su informe, que resume 400 inspecciones en 300 sitios, 200 muestras químicas y más de 100 biológicas, con resultado negativo. El 22 de febrero Bush recibe a Aznar, y se produce la conversación a cuatro bandas con Blair y Berlusconi. Se acuerda reclamar una segunda resolución en la ONU. El enviado del Papa Juan Pablo II, cardenal Pio Laghi, le pide a Bush detener la agresión.  EEUU se esfuerza por conseguir 9 votos (los 3/5) en el Consejo de Seguridad, a esos efectos Bush habla con Fox y Ricardo Lagos.

El resultado es negativo. Bush deja de lado la segunda resolución y anuncia la cumbre de las Azores con Blair y Aznar. El equipo de la CIA provoca atentados en el norte de Irak. El primer ministro búlgaro Simeón de Sajonia-Coburgo apoya a Bush, que se comunica con Howard en Australia y Ariel Sharon en Israel. Blair gana la votación en el Parlamento por 396 a 217, con el apoyo de los conservadores y la pérdida de un tercio de su propio partido.

En la mañana del 17 de marzo, Bush dio a sus comandantes la orden de comenzar la guerra. Dijo que cumplía la voluntad de Dios. Según el comentario del Washington Post, mostró ''una solemnidad fúnebre y un aura de pesadumbre lastimera''.

Las operaciones militares comenzaron el 19 de marzo. El 20, el general Franks anunciaba que las fuerzas tenían el control de la zona desértica occidental y de los yacimientos petrolíferos del sur. El contingente militar ya presente en la región estaba formado por 241.516 estadounidenses, unos 4000 británicos, 2000 australianos y 200 polacos. El ejército de tierra de EEUU, con 183.000 militares, estaba dispuesto a cruzar la frontera desde Kuwait y recorrer hacia el norte los 400 kilómetros hasta Bagdad. Esto pasó hace 4 años y medio, el resto es historia conocida.

Publicado en Bitácora, el 1 de noviembre de 2007


Niko Schvarz
Analista internacional de La República
nikomar@adinet.com.uy

* Publicista uruguayo, miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio.

 
NIKO SCHVARZ