Plan de ataque
Irán y los entretelones de la invasión a Irak
El ataque o invasión a Irán se prepara a ojos vistas. No
sabemos en qué etapa se estará al publicarse esta nota. En
cualquier caso hay que considerar como antecedente sugestivo
lo que sucedió en Irak, cuatro años atrás. En ese sentido el
libro Plan de Ataque de Robert (Bob) Woodward nos ofrece una
guía extremadamente útil.
Niko Schvarz*
Bob Woodward fue, desde el Washington Post, el investigador
que junto con Carl Bernstein descubrió la trama del Watergate
y mandó a Richard Nixon (Tricky Dick, el tramposo y bocasucia)
a su casa antes de tiempo. Fue un modelo que dignifica el
periodismo de investigación. Lo mismo acontece con Plan de
Ataque. Publicado en marzo 2004, a un año de la invasión a
Irak, la traducción de editorial Planeta salió en Buenos Aires
y ya llegó a Uruguay. Son 500 páginas más un nutrido índice
onomástico y de materias. El autor entrevistó a más de 75
personajes de primer plano, empezando por Bush, Cheney,
Rumsfeld, Colin Powell, Condoleezza Rice, los de su entorno
inmediato como Paul Wolfowitz, la eminencia gris Karl Rove,
Lewis ''Scooter'' Libby, los generales con Tommy Franks al
frente, y otros.
El subtítulo del libro es: Cómo se decidió invadir Irak, y
en su primera frase define como objetivo ''ofrecer la primera
crónica detallada con información de primera mano de lo que
sucedió tras el telón sobre cómo y por qué el presidente
George W. Bush, sus asesores y sus aliados decidieron lanzar
una guerra preventiva contra Irak para derrocar a Saddam
Hussein'' ( y para seguir ocupando el país después de
derrocarlo y ahorcarlo).
Desde el pique se pone de relieve la tesis de la guerra
preventiva, llevado adelante contra viento y marea por Bush,
que ha envenenado el clima internacional. El libro investiga
la génesis de esta concepción, contraria a todas las normas de
derecho internacional, en un análisis día por día de un
proceso de 16 meses entre noviembre de 2001, aún bajo el
impacto de las Torres Gemelas, hasta la invasión desencadenada
el 19 de marzo de 2003, tras el contubernio en las islas
Azores de Bush con Blair y Aznar y el beneplácito de
Berlusconi, sus fieles escuderos que a esta altura
quedaron fuera de la troya.
La otra gran conclusión es el cúmulo fenomenal de mentiras
y el andamiaje de falsedades que se acumularon sobre las
llamadas armas de destrucción masiva de Saddam, que nunca
aparecieron por ningún lado y que se tomaron como pretexto
para la invasión. Aparece con los mínimos detalles la historia
de los derivados de uranio presuntamente adquiridos por Irak
en Níger (y no Nigeria como dice la traducción, y no es su
único error), que fue un invento de cabo a rabo, como lo
demostró el embajador Joe Wilson, lo que causó la destitución
de su esposa Valerie Plame, agente encubierta de la CIA, por
una artera maniobra del entourage de Bush. También se historia
cómo se gestó el concepto de ''eje del mal'' lanzado por Bush
en su discurso sobre el estado de la Unión, que englobaba a
Irak, Irán (ya entonces) y Corea del Norte, y que el sistema
mediático estadounidense diseminó por el mundo.
En realidad el libro desborda ampliamente los límites
temporales señalados, porque el análisis de los antecedentes
muestra que el vicepresidente Dick Cheney (el mismo que ahora
lleva la batuta en el reclamo del ataque a Irán) era
secretario de Defensa durante la guerra del Golfo de 1991
emprendida por Bush padre; porque Donald Rumsfeld, hace poco
defenestrado como Secretario de Defensa, ocupaba ese cargo
bajo la presidencia de Gerald Ford, el sustituto de Nixon, en
1975-76; porque el general Franks era veterano de la guerra de
Vietnam y de la guerra del Golfo; y porque el secretario de
Estado, general Colin Powell, tenía a esa altura 35 años en el
ejército y había presidido la Junta de Estado Mayor de 1989 a
1993.
Los primeros planes concretos de invasión a Irak, ordenados
por Bush y una y otra vez remodelados a pedido suyo y de
Rumsfeld, fueron presentados mientras estaba en curso la
guerra de Afganistan, desencadenada poco después de las Torres
Gemelas y del ataque al Pentágono (que causó 184 muertes según
el libro, dato que no recuerdo haber leído en otro lado), todo
lo cual fue calificado por Bush como el Pearl Harbour del
siglo XXI. Colin Powell, desde la secretaría de Estado, y con
una dificultosa relación con Bush, se empeñó en aplicar el
freno mientras pudo. En cambio, Rumsfeld reclamaba ''las botas
sobre el terreno''.
Su subsecretario en la Defensa, Paul
Wolfowitz (que después ocupó fugazmente la presidencia del
Banco Mundial de donde fue destituido por corrupción), quería
ocupar los mil pozos petrolíferos del sur, que producían los
2/3 de todo el crudo de Irak. Cheney clamaba porque EEUU no
respondía adecuadamente a los atentados de que había sido
objeto: contra el mismo World Trade Center de New York en
1993; a las instalaciones militares de las Torres Khobar en
Arabia Saudita; a dos embajadas del este de África en 1998; al
USS Cole de la marina de guerra en 2000. (En referencia a esa
fecha se dice que Bush tuvo minoría de votos en las elecciones
de ese año y su proclamación fue una trapisonda).
El general Franks, encargado de definir la logística de la
invasión, le imprimió lo que habría de ser una constante en el
período (y ahora también): la decisión de proteger a Israel,
que se lleva el grueso de la millonada armamentista que EEUU
destina a la región. Entonces comenzó a aparecer el extendido
rechazo internacional a la proyectada invasión por parte de
Francia, Alemania, Rusia, Bélgica; y las presiones para que
los países de la OTAN aporten bases y autorización para
atravesar su espacio aéreo. (Ahora mismo Robert Gates se queja
de que la OTAN no aporta efectivos militares en
Afganistán).
A partir de los primeros meses de 2002, y antes aún,
se produce una inflexión y el gobierno de Bush marcha
decididamente hacia la guerra, en medio de forcejeos internos
con neto predominio de los halcones. A la vez procura aliados
internacionales, que le resultan sumamente esquivos. Por otro
lado monta un amplísimo plan de espionaje, que ese sí le dio
resultados. Con autorización expresa firmada por Bush el 16 de
febrero 2002, los agentes de la CIA pasan a operar dentro de
Irak. Tratan de infiltrarse dentro del propio régimen, donde
ya tenían algunos puntos de apoyo, y compran agentes a 10 mil
dólares por mes.
El objetivo era apoyar a los grupos de
oposición, operaciones de sabotaje, obtener datos de
inteligencia, operaciones de desinformación y engaño,
entorpecer las fuentes de ingresos e impedir adquisiciones de
material militar por parte del régimen.
Todo esto es orquestado por el director de la agencia,
George Tenet, que a la vez compró los servicios de espionaje
de Jordania, el GID, y presionó a los respectivos servicios de
Egipto, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita,
Yemen, Bahrain, Qatar, Turquía, más allá de sus vínculos
permanentes con Israel. El 15 de marzo Cheney voló hasta el
portaaviones USS John C. Stennis, estacionado en el mar
de Arabia con 5 mil hombres a bordo y que catapultaba
bombarderos para misiones en Afganistán. El 2 de marzo 2002
Tenet se reunió con Jalal Talabani, líder de una de las
principales facciones kurdas, la Unión Patriótica del
Kurdistán (UPK), que no por azar es hoy el presidente de Irak,
con Nuri al-Maliki como primer ministro. Se logró montar una
base efectiva de espionaje en el norte de Irak, a un costo de
cientos de millones de dólares para pagar a los agentes, que
lograron infiltración y contactos en la proximidad de Saddam.
En la CIA la calificaban como ''una mina de oro''. Aportaron
datos que permitieron atacar con bombas y misiles una
granja en la cual se encontraba Saddam. El ataque produjo
muertos y heridos, pero Saddam escapó.
En el Consejo de Seguridad Nacional, Cheney, Rumsfeld,
Rice, Rove forman un frente contra Colin Powell. Se decide
pavimentar grandes pistas de aeródromos de Kuwait sin que el
Congreso se entere. Se le miente permanentemente a la prensa,
ya que los planes de guerra están en marcha. El 26 de agosto,
Cheney patea el tablero. Dice que ''el peligro de un Irak
nuclear justifica un ataque'' y que las inspecciones son
fútiles. El 12 de setiembre Bush habla en la ONU y pide una
nueva resolución sobre Irak. Powell reparte borradores
sucesivos entre los otros 14 miembros del Consejo de
Seguridad. A EEUU sólo lo respaldan Gran Bretaña, España y
Rumania. Chirac y Schröder expresan firme rechazo. En el
frente interno, Bush consigue que el Senado apruebe una ley de
seguridad interior que reduce las libertades civiles.
El 10
de octubre el Congreso vota la autorización al presidente a
emplear la fuerza en Irak, ''tal y como estime necesario y
adecuado''. Edward Kennedy vota en contra, John Kerry a favor,
sale 77 a 23. ''Es un cheque en blanco a todos los efectos''.
El 8 de noviembre 2002 el Consejo de Seguridad aprueba nuevas
inspecciones. Nunca se encontró nada. Los informes de Blix y
de El Baradei sobre ADM enfurecen a Bush. Se va armando el
dispositivo de agresión a fines de 2002.
Cuando Bush reúne a su gabinete en pleno el 6 de enero, la
decisión de guerra ya está tomada. De hecho ya había decidido
con el general Franks comenzar en marzo. Llega a la zona el
cuarto portaaviones, Harry S. Truman y se instala un centro
operativo en Qatar. El 10 de enero 2003 Bush y Cheney se
reúnen en la Casa Blanca con disidentes iraquíes; éstos
prometen que las tropas estadounidenses serán recibidas con
dulces y flores. El 13 de enero Bush le dice a Powell
que se ponga el uniforme de general y el secretario de Estado
decide seguir jugando la carta diplomática. El 14 de enero
Bush se reúne con el presidente polaco Alexandr Kwasniewski,
que promete enviar tropas. Ese fin de semana se realiza la
mayor manifestación contra la guerra desde la época de
Vietnam. El 20 de enero Dominique de Villepin declara en el
Consejo de Seguridad que ''nada, nada en absoluto justifica la
guerra''. Al día siguiente Bush declara a periodistas que
''lideraremos una coalición para obligar a Saddam a
desarmarse''. Millones manifiestan contra la guerra en
capitales europeas, árabes y asiáticas. El 27 de enero Blix y
El Baradei presentan su informe sobre dos meses de
inspecciones, diciendo que no se encontraron ADM,
contradiciendo a la Casa Blanca. En su informe de enero sobre
el estado de la Unión, Bush arremete y pronuncia la frase
fatídica: ''El gobierno británico ha podido saber que Saddam
ha adquirido grandes cantidades de uranio en África'', lo que
demostró ser un embuste de marca mayor. El 30 de enero Bush
conversa con Berlusconi y el 31 se reúne con Blair. El 7 de
febrero Chirac, Schröder y Putin declaran conjuntamente que
están contra la guerra. Blix reitera el 14 de febrero ante el
Consejo de Seguridad su informe, que resume 400 inspecciones
en 300 sitios, 200 muestras químicas y más de 100 biológicas,
con resultado negativo. El 22 de febrero Bush recibe a Aznar,
y se produce la conversación a cuatro bandas con Blair y
Berlusconi. Se acuerda reclamar una segunda resolución en la
ONU. El enviado del Papa Juan Pablo II, cardenal Pio Laghi, le
pide a Bush detener la agresión. EEUU se esfuerza por
conseguir 9 votos (los 3/5) en el Consejo de Seguridad, a esos
efectos Bush habla con Fox y Ricardo Lagos.
El resultado es negativo. Bush deja de lado la segunda
resolución y anuncia la cumbre de las Azores con Blair y
Aznar. El equipo de la CIA provoca atentados en el norte de
Irak. El primer ministro búlgaro Simeón de Sajonia-Coburgo
apoya a Bush, que se comunica con Howard en Australia y Ariel
Sharon en Israel. Blair gana la votación en el Parlamento por
396 a 217, con el apoyo de los conservadores y la pérdida de
un tercio de su propio partido.
En la mañana del 17 de marzo, Bush dio a sus comandantes la
orden de comenzar la guerra. Dijo que cumplía la voluntad de
Dios. Según el comentario del Washington Post, mostró ''una
solemnidad fúnebre y un aura de pesadumbre lastimera''.
Las operaciones militares comenzaron el 19 de marzo. El 20,
el general Franks anunciaba que las fuerzas tenían el control
de la zona desértica occidental y de los yacimientos
petrolíferos del sur. El contingente militar ya presente en la
región estaba formado por 241.516 estadounidenses, unos 4000
británicos, 2000 australianos y 200 polacos. El ejército de
tierra de EEUU, con 183.000 militares, estaba dispuesto a
cruzar la frontera desde Kuwait y recorrer hacia el norte los
400 kilómetros hasta Bagdad. Esto pasó hace 4 años y medio, el
resto es historia conocida.
Publicado en Bitácora, el 1 de noviembre de 2007