Niko Schvarz - rodelu.net |
6 de noviembre de 2007
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Guatemala sigue la tendencia de América Latina
EL SOCIALDEMÓCRATA Alvaro Colom, con la Unión Nacional de la Esperanza (UNE),
derrotó al derechista general retirado Otto Pérez Molina, del Partido Patriota
(PP), en el segundo turno de las elecciones presidenciales guatemaltecas del
domingo 4. Desde enero de 2008 sucederá al presidente Oscar Berger, de Gran
Alianza Nacional (GANA), de derecha. Es un cambio de rumbo en el país. De esta
manera Guatemala se suma a la corriente hacia la izquierda que graba su sello en
la América Latina de hoy.
Niko Schvarz*
Socialdemócrata Colom vence al derechista Pérez Molina
Ls cifras finales fueron de 52,7% para Colom y 47,2% para Pérez Molina, con
una diferencia de más de 150 mil votos. Se revirtió exactamente el resultado de
las encuestas previas, que daban esa diferencia de 5,5% a favor del que resultó
perdedor. En el primer turno electoral del 9 de setiembre Colom obtuvo 28,23%,
seguido por Pérez Molina con 23,51%. En esa instancia la UNE ganó en 18 de los
22 departamentos y el PP apenas en tres. Obtuvo 103 alcaldías contra 22 de su
contrincante. En la Asamblea Nacional unicameral de 158 miembros la UNE logró 52
diputados, la mayor bancada, contra 30 del PP, que llega en tercer lugar, porque
la sobrepasa la Gran Alianza Nacional (GANA) del presidente Berger, con 37
legisladores. En cuarto término figura, con 14 diputados, el Frente Republicano
Guatemalteco (FRG), del general Efraín Ríos Montt, un auténtico genocida,
golpista en 1982 y con 15 mil asesinatos en el primer año de su dictadura.
Colom cuenta aproximadamente con un tercio de los órganos de gobierno. Su
mayor fuerza radica en el interior del país, en las comunidades campesinas e
indígenas. Pérez Molina ganó en la capital. La abstención fue muy superior al
50%. Ya es una tradición, porque los votantes acuden en mayor número al primer
turno, en el cual se definen las alcaldías y los gobiernos departamentales.
Además el clima de violencia imperante en el curso de la campaña electoral aleja
a la ciudadanía de las urnas.
Si bien el desarrollo del acto electoral en sí puede considerarse normal
(según testimoniaron observadores de la OEA, de la Unión Europea, de países como
Canadá, Suecia y Holanda), la violencia imperó en las semanas previas, al punto
de que se registraron 35 asesinatos políticos. Sobre el final, dos catedráticos
de la Universidad de San Carlos que criticaron a Pérez Molina fueron ultimados,
lo mismo que un dirigente del Comité de Unidad Campesina. José Carlos Marroquín,
un periodista que se desempeñó como jefe de campaña de Colom, debió abandonar el
país con su familia por las amenazas de muerte recibidas. Este es uno de los
principales problemas que afectan al país, por la existencia además de pandillas
y mafias del narcotráfico, del contrabando y otras.
Proceso de cambios
Pero mientras Pérez Molina planteó resolver este problema con "mano dura",
Colom abogó por medidas de prevención, de fortalecimiento de las instituciones
para enfrentar al crimen organizado y principalmente de combate a la pobreza,
que afecta al 51% de los 13,3 millones de guatemaltecos. Dijo durante la campaña
que "el pueblo ya está cansado de 50 años de gobiernos neoliberales y de la
'mano dura'". Y apenas fue proclamado vencedor, en la madrugada del lunes,
declaró que las elecciones dieron vuelta al militarismo y abrieron un proceso de
cambios en cuanto a la generación de empleos, el combate a la pobreza, el
crecimiento de la producción, todo lo cual requiere asegurar la
gobernabilidad.
Aludía así a la torturada historia de Guatemala a lo largo del último medio
siglo, después que la invasión de Castillo Armas de junio de 1954, organizada
por el imperialismo norteamericano y anunciada por el secretario de Estado John
Foster Dulles en la X Conferencia Interamericana de Caracas en marzo de ese año,
derribara el régimen democrático del coronel Jacobo Arbenz y convirtiera al país
en un lago de sangre. Vino luego la sucesión cruenta de golpes de Estado
castrenses, o de militares aupados mediante elecciones fraudulentas. En ese
período, además de los asesinatos en masa, centenares de poblaciones rurales
fueron devastadas, decenas de miles de guatemaltecos se refugiaron en los países
vecinos, especialmente México, o en las montañas. Surgió la guerrilla de la URNG
(Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca), por la fusión de cuatro grupos que
durante años combatieron a las sucesivas dictaduras. En 1996, tras 36 años de
guerra civil, el gobierno de Alvaro Arzú firmó con la URNG un acuerdo de paz,
como había sucedido en El Salvador en 1992. La URNG pasó a actuar en el terreno
de la lucha civil y participó en las elecciones de 1999 y 2003, con resultados
apreciables. En el último caso presentó la candidatura de Gaspar Ilom, como se
conocía a un ex jefe guerrillero, hijo del gran escritor Miguel Angel Asturias.
Posteriormente, en 2001, este grupo se dividió, dando lugar a la formación de la
Alianza Nueva Nación (ANN), dirigida por otro ex comandante guerrillero, Pablo
Monsanto. El presidente electo Alvaro Colom estuvo originalmente vinculado a
este grupo y fue su candidato en 1999.
Con el "Popol Vuh"
En la etapa previa a las elecciones de 2003 formó su propio grupo político,
la UNE, compitió y perdió frente a la GANA de Berger. Ahora la tercera fue la
vencida. La URNG anunció antes del segundo turno que apoyaría a Colom. Más aún:
es muy probable que muchos integrantes de este sector hayan votado por Colom en
el primer turno, cuando las encuestas daban como ganador a Molina. Ahora le
prestará el concurso de sus dos diputados en la Asamblea Nacional.
Ingeniero de 56 años y director del Fondo Nacional para la Paz (Fonapaz) de
1991 a 1997, Colom tiene además la peculiaridad de ser uno de los tres
guatemaltecos no indígenas convertidos en sacerdotes mayas. Declara que su
programa de gobierno es "el 'Popol Vuh' (libro sagrado maya) de la
socialdemocracia".
Publicado en La República, el 6 de noviembre de 2007
Niko
Schvarz
Analista internacional de La República
nikomar@adinet.com.uy
* Publicista uruguayo, miembro
de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente
Amplio.
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