Niko Schvarz - rodelu.net |
20 de noviembre de 2007
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Musharraf se mantiene gracias al apoyo de EEUU
El general Musharraf, dictador de Pakistán y golpista por partida doble, está
jaqueado por una amplísima oposición. Impuso el estado de excepción el 3 de
noviembre, reprime a sangre y fuego las manifestaciones en su contra, mantiene
encarcelados a miles de militantes políticos, retuvo en prisión domiciliaria a
la líder opositora Benazir Bhutto, clausuró órganos de prensa y canales de TV,
postergó las elecciones legislativas. Se niega a dimitir del comando general del
ejército, cargo que detenta junto a la presidencia a la que accedió tras una
elección espuria, desoyendo el clamor nacional de que abandone ambos cargos.
EEUU envió a Pakistán a John Negroponte, dicen que para restablecer la
democracia. Veamos de qué se trata.
Niko Schvarz*
Las andanzas de Negroponte
John Negroponte es uno de los halcones de marca mayor, incrustado en los
órganos de decisión de la política exterior de EEUU. Oficia actualmente como
número 2 del Departamento de Estado a cargo de Condoleezza Rice. Estuvo metido
hasta el pescuezo en el escándalo Irán-contras desde su cargo de embajador en
Tegucigalpa, Honduras, fue embajador en Irak ocupado por las tropas yankis, y
representante de EEUU ante las Naciones Unidas para defender la invasión a aquel
país.
En forma pública, con destino a los medios de difusión internacionales,
Negroponte le está pidiendo a Pervez Musharraf que modere algunas de las
expresiones más impresentables de su política y tenga algún gesto vis à vis de
la oposición (y al mismo tiempo también está procurando que la oposición atenúe
sus críticas y permita blanquear un tanto la imagen de Musharraf ante el mundo).
Pero lo que sucedió en esta semana larga es que el dictador se mantuvo
íntegramente en sus tesitura intransigente y no desandó un milímetro de camino.
Tiene la plena seguridad de contar hasta el fin con el apoyo de EEUU, y de que
todos los movimientos de Negroponte son pour la galerie.
Hay pocos ejemplos en el mundo de hoy (salvo quizá el de Birmania) de una
dictadura militar que al igual que la de Pakistán quiera encubrir sus tropelías
autoritarias con un ropaje seudo democrático. Musharraf expulsó a los jueces del
Tribunal Supremo de Justicia, que es precisamente el que debe dictaminar la
legalidad o no de su elección, y nombró él a otros jueces a su gusto y paladar.
No por azar los jueces y abogados han participado en forma masiva en las
manifestaciones que cubrieron todo el país, y particularmente sus grandes
ciudades, reclamando el fin del estado de excepción, la renuncia de Musharraf a
la doble investidura que usurpa y el reintegro de sus potestades al máximo
Tribunal. La represión sañuda a las manifestaciones, que hemos visto por TV,
culminó con el encarcelamiento de miles de opositores, que reclaman la salida de
Musharraf y elecciones democráticas (véase nuestra nota del 7 de noviembre, "El
segundo golpe de Estado del general Musharraf").
El estado de excepción
Al amparo del estado de excepción (que equivale a un estado de sitio) se
mantuvo en prisión domiciliaria durante muchos días y se impidió participar en
manifestaciones a la ex primera ministra Benazir Bhutto. Ésta, que retornó al
país luego de años de exilio forzado, intentó en un primer momento iniciar un
proceso concertado de retorno a la democracia, pero ante los desmanes brutales
de Musharraf pasó a liderar el campo de la oposición, en el que participa
también el ex primer ministro Nawaz Sharif, que regresó de Arabia Saudita, donde
debió exiliarse tres el primer golpe de Estado de Musharraf de octubre de 1999,
el cual después prorrogó su mandato por cinco años tras un plebiscito
fraudulento en abril de 2002 en el cual le adjudicaron 97% de los votos. A ambos
líderes opositores se dirigió Negroponte, llamándolos a pactar un acuerdo con
Musharraf. "Si ambas partes dan pasos para volver a las negociaciones de
reconciliación, creemos que eso sería muy positivo", declaró. Pero los aludidos
no entran en ese corral de ramas. A esta altura, ese giro se ha vuelto
impracticable.
En efecto: además de decapitar al Tribunal Supremo de Justicia, de posponer
su renuncia al mando del ejército sin fijar ninguna fecha, y de clausurar
órganos de prensa y canales de televisión que trasmitían desde Dubai, uno de los
emiratos de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Musharraf se niega a fijar la
fecha definitiva de los comicios legislativos, dispuestos para enero y que
postergó sin fecha al decretar el estado de excepción. Actúa en forma ladina y
efectúa promesas vagas. La indefinición persiste, y él mantiene ambos cargos en
un puño.
La ayuda militar de EEUU
Pakistán, que posee la bomba atómica, es el destinatario de la principal
ayuda militar de Estados Unidos después de Israel, que también dispone de armas
atómicas y ha amenazado con emplearlas (contra Irán, llegado el caso). Después
de los atentados del 11 de setiembre 2001 y de la ocupación de Afganistán,
Pakistán se transformó en el principal aliado de EEUU en la lucha contra los
talibanes afganos, y la frontera pakistano-afgano en una de las zonas más
conflictivas del planeta, que además está en expansión. Allí combate el ejército
pakistaní a los islamistas próximos a los talibanes y Al Qaeda. Esa es la
alianza que EEUU no está dispuesto a perder bajo ningún concepto.
Máxime cuando su situación se complica al extremo en otros frentes de guerra,
como en el propio Irak, con el aumento del número de soldados norteamericanos
muertos. En estos momentos, las autoridades de EEUU procuran alistar en las
fuerzas armadas de su país el mayor número posible de latinos, para que vayan a
matar y morir en Afganistán y en Irak. Y se denuncia también que procuran
reclutar efectivos militares en países latinoamericanos para oficiar de carne de
cañón en ambas naciones, de donde los demás países están retirando sus tropas.
Publicado en La República,
el 20 de noviembre de 2007
Niko
Schvarz
Analista internacional de La República
nikomar@adinet.com.uy
* Publicista uruguayo, miembro
de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente
Amplio.
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