Cinco recuerdos
La primera vez que oí y vi escrito su nombre fue en ocasión del asalto al
Cuartel Moncada, en 1953. Hacíamos un pequeño periódico diario, previo a la
salida de El Popular. Tuvimos la clara sensación de que no se trataba de un
simple putsch, o golpe de mano, sino que se proponían sacarle las armas a la
tiranía batistiana para entregárselas al pueblo y hacer una revolución de
verdad. Después fuimos siguiendo la gesta de la Sierra Maestra.
Niko Schvarz*
El segundo recuerdo refiere a su visita al Uruguay en las inundaciones de
1959 y su discurso en la Explanada. Lo presencié desde los balcones del local
del ICUS, en 18 de Julio y Barrios Amorín (que después fue sede del FIdeL,
precisamente). Allí explicó los orígenes y las perspectivas de la revolución
cubana. Después vimos desde la lejanía la pelotera que se armó, las
interrupciones de políticos de los partidos tradicionales y el tumulto
posterior.
El tercer recuerdo es de un encuentro en La Habana, creo que en 1960. Yo
estaba acompañando a Arismendi y asistí a una conversación entre ambos, en medio
de delegados provenientes de todo el mundo. Un poco más tarde, mientras
comíamos, a Fidel le dio por explicar, en forma minuciosa, las normas del
béisbol. No entendí nada y nunca pude entender en qué consiste y por qué
apasiona a tanta gente en esas latitudes.
Pasaron muchos años para llegar al IV Encuentro del Foro de São Paulo (FSP)
que tuvo lugar durante varios días en La Habana en julio de 1993, en el entorno
de los cuarenta años del asalto al Moncada. Fidel Castro asistió puntualmente a
todas las sesiones plenarias, de punta a punta. Ha quedado en la historia su
señalamiento sobre la lucha armada y otras formas de lucha, efectuado en su
discurso de resumen del 24 de julio:
"Bien saben ustedes que les está hablando alguien que participó en la lucha
armada y que apoyó el movimiento revolucionario armado, de lo cual no nos
arrepentimos, pero vemos con claridad que ahora, en estos momentos, en estas
circunstancias, no es el camino más prometedor... Vemos hoy las posibilidades
que tiene el pueblo, y sobre todo el pueblo unido, el pueblo coordinado, el
pueblo luchando en una misma dirección".
En ese sentido hizo pública su satisfacción por las negociaciones de paz que
se estaban llevando a cabo (los casos de El Salvador, Nicaragua y Guatemala
estuvieron vivamente presentes en la discusión), y advirtió sobre los riesgos de
que se repitiera lo sucedido en Chile, si no se adoptan las medidas adecuadas en
caso de que la izquierda acceda al gobierno.
Mi último recuerdo viaja también a La Habana en diciembre 2001, en el X
Encuentro del FSP, tres meses después de las Torres Gemelas y del discurso
belicista de Bush en el sentido de que "quienes no están con nosotros están
contra nosotros". A lo largo de los debates, en que tuvo una participación
constante, Fidel Castro contribuyó a desmantelar el mito de la "guerra
preventiva" (que después habría de exteriorizar su real contenido en las
invasiones a Afganistán e Irak), el trasfondo racista, xenófobo y genocida de la
nueva cruzada por el dominio mundial que emprendía el imperialismo
norteamericano, que incluía a la vez el intento de criminalizar y calificar de
"terrorista" a los movimientos de liberación nacional, a las fuerzas de
izquierda, a los movimientos sociales y progresistas. Esta caracterización
mantiene una validez acrecentada al día de hoy, con los cientos de miles de
muertos en Irak, los atentados permanentes en Afganistán, las amenazas a Irán y
otros países y las masacres de Israel, principal aliado de EEUU en la región,
contra los resistentes palestinos.
De esta reunión, tengo un recuerdo personal y directo. A su término, Fidel
bajó del estrado a mezclarse con los delegados. Los uruguayos estábamos en
primera fila. Yo le pregunté por la cifra de la mortalidad infantil, y me
contestó, como un pistoletazo: 6,29. Hoy está más abajo.
Publicado en La República,
el 21 de febrero, 2008