an existido libros que han revolucionado la conciencia y la actitud de hombres y mujeres. Resultan ser textos rigurosos, enraizados en soportes argumentales que han invitado y continúan haciéndolo, salvo que dichos libros son susceptibles de una necesaria revisión o una respectiva acomodación al momento histórico de quienes los leen.
Uno de esos libros, sin grandes pretensiones, salvo la de ahondar en las complejas por abisales profundidades humanas es El hombre light, y cuya autoría corresponde al Dr. Enrique Rojas, eminente psiquiatra y hombre subrayado por su humanismo. El hombre light viene a engrosar la larga lista del catálogo de los textos de autoayuda, salvo que sus destinatarios pueden resultar gratificados al aportarles una visión sobre las miserias y capacidades potenciales de renovación tanto del hombre como de la mujer. En él el doctor Enrique Rojas manifiesta: “Es la decepción plena [la del hombre], el atrincheramiento de cada uno en su individualismo atroz”. Y es que el individualismo es objeto de detenido estudio, no en vano el cuatrípode hedonismo-consumismo-permisividad-relativismo representan una nueva expresión bárbara de lo que Enrique Rojas define como cinismo práctico. Tengamos en cuenta que el hombre, o alguno de sus ensambladores críticos, ha despertado entre desconcertado y exultante en el seno de miserable sociedad que le viene entre ancha y estrecha a la vez, llena de reclamos, propensa del todo al hipnotismo fetichista del consumo y a la deshumanización que conporta otra desgraciada interpretación de la existencia.
En una sociedad (¿?), mejor aún, en una vomitiva tribu que sólo persigue satisfacer sus más inmediatos egoísmos, y en la cual el hombre es un reptil para el hombre, la contribución de Enrique Rojas, sin ser una solución, sí aspira a incorporar a la mente de los demás un principio: La misión del intelectual es guiar a una gran mayoría por el camino de la verdad. Puede parecer pretenciosa la frase, pero si nos paramos a pensar en la absoluta necesidad de que esta envolvente miseria colectiva cuente con suficientes rebeldes con causa para estremecer no sólo al hombre light, confiriéndole distinta categoría y diferente meta, tanto intrahistórica como histórica, y también a la sociedad o a la tribu que le da albergue, podríamos concebir que dicha frase es una semilla.
El hombre consumista, agotado en sí mismo, carente de horizontes, puesto a la deriva, inmolado en un caos que limita con el naufragio, y que parece cultivar sus propias servidumbres, requiere la más radical emancipación.