Agustín Díaz Pacheco - rodelu.net |
22 de julio de 2007
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Zigurat
Otras guerras
Los conflictos armados están presentes en la trayectoria de la humanidad. Diversos motivos, variados fanatismos y pretextualidades de orden religioso, étnico, ultranacionalista, emancipatorio y revolucionario, son recogidas por la Historia para poder comprobar la violencia extremista de todo signo.
Agustín Díaz Pacheco
Muchos capítulos acercan crónicas jalonadas por acciones directas, sumamente sangrientas. El pensamiento ácrata -puesto en acción-; el antizarismo en muchas de sus manifestaciones; el fascismo y el nazismo; la temible Guardia de Hierro rumana; las acciones independentistas reclamando la soberanía de lo que hoy son numerosas naciones (no olvidemos la crueldad sionista del Irgun, Stern o la Hagannag, previas y posteriores al Estado de Israel); la chipriota EOKA, formada por el general George Grivas, que mantuvo en jaque al ejército británico; el IRA; la OAS del general francés Raoul Salan y las réplicas de los insurgentes argelinos; la repugnante ETA, hasta la actualidad; la banda Baader-Meinhof (que puso en evidencia una consecutiva serie de más que sospechosos suicidios y presuntas eliminaciones selectivas); el siempre nebuloso GRAPO; las brigadas rojas y las tramas negras italianas, respectivamente, o el reciente integrismo islámico, y así muchas organizaciones más, que figuran en los anales de la Historia.
Organizaciones terroristas -como ETA: Euskadi Ta Askatasuna- son absolutamente reprobables. Que no quepa la menor duda. Pero otros procesos, en ocasiones salvajemente indiscriminados, son actualmente estudiados en cuanto a los factores que pueden hacerlos surgir y hasta prosperar. Frente al terrorismo clásico -por denominarlo de alguna manera- se encuentra el llamado terrorismo de Estado -tan antiguo y perverso como él-, cuyas pruebas son bien evidentes. Execrables uno y otro, también la pervivencia de injustas estructuras socio-económicas empeñadas en laminar al ser humano, pongamos por caso, generadoras de pobreza, marginalidad, hambre y miseria, siempre inadmisibles. Las propuestas de Tsun Tzu -luego desarrolladas en China o Vietnam, y hoy estudiadas por los cadetes de bastantes academias militares-, las de Von Clausewitz, sobre el arte de la guerra, o la guerra relámpago de Erwin Rommel, posteriormente contrario al siniestro Adolf Hitler, han dado paso a inteligentes y generosas alternativas que estudian situaciones económicamente estructurales que generalmente provocan violencia, o bien la sociología o la psicosociología aplicadas, valorando toda suerte de orígenes, entre los que cabe destacar la profunda relación existente entre integrismo religioso y terrorismo (IRA, ETA y AL QAEDA).
En muchos países, afortunadamente, son algunos partidos y organizaciones políticas avanzadas las que pugnan por abrirse paso y obtener distinto eco histórico, condenando pacíficamente al terrorismo y su cruel “pariente”: la injusticia estructural. A destacar, grupos cristianos de base, consecuentes creyentes partícipes de la entrañable teología de la liberación, propugnada por Helder Camara, Gustavo Gutiérrez o Leonardo Boff que apuestan decididamente por otro modelo económico-social, el imprescindible reparto de la riqueza y la siempre incuestionable dignidad humana a tener en cuenta.
Agustín
Díaz Pacheco
Escritor español, reside en Canarias
otsobakarti@gmail.com
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