Agustín Díaz Pacheco
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22 de marzo de 2008
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Zigurat
Ecologismo escenográfico
Un nuevo actor ha surgido de entre bastidores de la derrota (la suya) ofreciendo sus tesis ante numeroso público. No estudió en el Actor's Studio de New York, sus virtudes comediantes son expuestas en el gran teatro de una incesante y aritmética demagogia, percibiendo ingentes cantidades de dinero, siendo homenajeado por diversos políticos. El artista en cuestión no es otro que Al Gore, ex-viceprensidente de EE UU. Muchos fueron los que no pudieron asistir a su conferencia sobre el cambio climático; no lo impedía una escasa voluntad, sí la adversidad consistente en la cifra a pagar: 150 euros la entrada.
Agustín Díaz Pacheco
He leído con suma atención un buen artículo firmado por José Ramón Arévalo (La Gaceta de Canarias, “Cartas desde Ultramar”, página 2; 4/07/2007) que pone en merecida solfa al iluminado Al Gore, metamorfoseador de la conciencia estrictamente ecológica, apegado a buenas ganancias, sobrado de kilos y seguro militante del colesterol, el político estadounidense se comportó como fervoroso quinto jinete del Apocalipsis. Ahora se entrega con denuedo a confraternizar con un variopinto público, transformado en claque, y que guarda sideral distancia con elementales presupuestos de la ecología. José Ramón Arévalo esgrime acertadamente argumentos a compartir: “A nuestros ilustres folclóricos ecólogos locales, defensores a ultranza de la toma de medidas para paliar el cambio climático, tampoco les he visto deshaciéndose de todas sus propiedades, todoterrenos y varios coches de gran consumo y cilindrada, ni yendo a abrazar la vida bucólica y alternativa...”.
El día en que Al Gore demostró poseer premeditadas tablas, la plutocracia provinciana aplaudió a rabiar, sin olvidarse en degustar opíparos almuerzos nacional-gastronómicos. Se “ignora” lo que ha cobrado por su conferencia el “Hombre de Florida”, aunque cabe suponer que no fue un donativo lo que le extendieron a manera de cheque. Menciona José Ramón Arévalo: “...las élites, grupos empresariales, todos los políticos que se presten, ecologistas, los profesores de universidad prestigiosos (bueno, estos es que se apuntan a un bombardeo), todos allí, todos silentes y escuchadores, enganchados a la ‘Goremanía’ y asumiendo a pies juntillas lo que el apóstol les vino a revelar”; y, una vez más, cabe resaltar la provinciana coquetería relacional, su afán de protagonismo, el comulgar episódicamente con ruedas de automóvil, y dejar para posteriores circunstancias, entre wiskhy y wiskhy, y alguna que otra resaca, un comentario: “¿Te acuerdas cuando vino Al Gore?”
Una vez más se ha dispensado ocasional culto a la personalidad, espíritu gregario, codearse con nuevos gurús, exhibiéndose el consabido complejo de inferioridad -tan insular y nacionalitero de estrechísima vía-, algo difícil de desmentir. Equivocado, quién sabe si a posta, acerca de las motivaciones de la inmigración procedente de África, Catedrático en Demagogia, el actor del Typical Power EE UU, colocó en la anodina vida provinciana una anécdota extremadamente abonada. Quedarán fotos, autográfos, y exquisiteces.
Agustín
Díaz Pacheco
Escritor español, reside en Canarias
otsobakarti@gmail.com
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