Culturales
6 de julio de 2002
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EN EL INVIERNO DE 1914 MATARON A DELMIRA AGUSTINI
Pasión y muerte
de una poetisa
* Los montevideanos fueron sorprendidos por dos disparos que sonaron con fuerza en el barrio Sur y cuyos ecos terminaron conmoviendo a toda la ciudad. En la fría tarde del 6 de julio de 1914 dos balazos terminaron con la vida de la poetisa Delmira Agustini. Tenía 28 años.
He resuelto arrojarme
al abismo medroso
del casamiento"

Había nacido en Montevideo en 1886 y cuando sobrevino su trágica muerte ya se había convertido en una de las voces poéticas más intensas de toda la lírica uruguaya y es, tal vez, la primera versión profundamente femenina del amor sensual. Hoy, cuando han transcurrido más de ocho decenios de su violento final, continúa cautivando y maravillando a todos aquellos que se acercan a sus poemas.

En sus tres volúmenes de poemas publicados "El libro blanco" en 1907, "Cantos de la mañana" en 1910 y "Los cálices vacíos" en 1913, para muchos estudiosos de su obra la de mayor plenitud poética, y un libro inconcluso, "Los astros del abismo", todos ellos hablan de una personalidad contradictoria, que transcurrió en un permanente entramado de vivencias dolorosas, cargadas de soledad, de misterio y que hicieron reflexionar a Alberto Zum Felde: "Todos sus poemas están hechos de visiones extraordinarias y de gritos de angustia".

Prólogo del drama

Delmira Agustini se había casado el 14 de agosto de 1913 con Enrique Job Reyes, rematador y consignatario de ganado, devoto católico, con amistades en los encumbrados sectores sociales de nuestro país, entre los que se encontraba don Santiago Agustini, estanciero y padre de Delmira.

La poetisa y su novio mantuvieron una relación, al clásico estilo de la época, que se prolongó por cinco años y un breve matrimonio de cincuenta y dos días, según una correspondencia de Enrique Ugarte, encontrada después de la muerte de ambos.

Se casaron por la Iglesia Católica, con todos los ritos y ceremonias de rigor, siendo los padrinos el filósofo Carlos Vaz Ferreira y el poeta Juan Zorrilla de San Martín. Las dudas y temores sobre su futuro matrimonio se reflejaban en una carta que Delmira escribió al poeta Rubén Darío: "He resuelto arrojarme al abismo medroso del casamiento. No sé, tal vez en el fondo me espera la felicidad. ¡La vida es tan rara!".

Unas semanas después de su matrimonio, Delmira le enviaba una correspondencia a su amigo Manuel Ugarte, un escritor y político socialista argentino, que supo frecuentarla, rodearla de afecto y de galanterías en algún momento de su vida. Hay quienes sostienen que la poetisa siempre estuvo enamorada de éste, la carta parece confirmarlo en varios de sus párrafos: "Para ser absolutamente sincera, yo debí decirlas; yo debí decirle que usted hizo el tormento de mi noche de bodas y de mi absurda luna de miel...", confesando más adelante: "Mientras me vestían pregunté no sé cuántas veces si había llegado... Entré a la sala como a un sepulcro, sin más consuelo que el de pensar que lo vería. La única mirada consciente que tuve, el único saludo inoportuno que inicié fueron para usted. Tuve un relámpago de felicidad. Me pareció, por un momento, que usted me miraba y me comprendía..." Y termina diciendo: "Usted, sin saberlo, sacudió mi vida."

Cuando se cumplió un mes y 22 días de la boda, retorna a su hogar donde la espera su celosa y neurótica madre, doña María Murtfeldt de Agustini: "Una matrona adelantada a ese novecientos burgués, quien habría advertido, a Ugarte, que el matrimonio y los hijos terminarían destruyendo el genio de `la nena´", así define a su progenitora Alejandro Cáceres en su trabajo "Delmira Agustini, nuevas penetraciones críticas".

Solicita el divorcio, en noviembre de 1913, en el Juzgado Departamental de Segundo Turno, cuando la "Ley de Divorcio", impulsada durante el gobierno de José Batlle y Ordóñez, llevaba apenas dos meses de promulgada. En su poema "La ruptura", que se encuentra en el volumen "Los cálices vacíos" describe su decisión de ruptura matrimonial: "Erase una cadena fuerte como un destino, / Sacra como una vida, sensible como un alma: / la corté con un lirio y sigo mi camino / Con la frialdad magnífica de la muerte..."

El drama

La fractura de la pareja, y la solicitud de divorcio, llevaron a que Enrique Reyes se sintiera herido en su amor propio de masculinidad criolla y golpeado en su conservadora cultura católica.

Decide, a pesar de todo, mantener su relación con su esposa y adopta la posición de amante. Alquila una habitación en una vivienda de la calle Andes 1206 esquina Canelones, colocando en las paredes varias fotos de Delmira llenas de sensualidad, con ojos y cuerpo cargados de fuertes dosis de erotismo. De esa forma acepta los encuentros que le impone Delmira dos o tres veces a la semana.

Una tarde de invierno, finalizado el encuentro amatorio, Enrique Job Reyes dispara dos balazos que dan en la espalda de la poetisa y luego se suicida. Según crónicas de la época, el homicida fue encontrado con vida, el informe médico señala que falleció en el hospital.

Diversas versiones

Escritores y periodistas concitaron siempre un fuerte interés en torno a la vida y a las diversas hipótesis sobre la muerte de Delmira Agustini.

Carlos Martínez Moreno es de los primeros en abordar el tema en su libro "La otra mitad", publicado en 1966, y pone énfasis al señalar, toda la culpa de lo acontecido en la figura de la mujer: "Ella fue el centro de su drama, no el amor ni los celos ni el despecho ni el honor de un pobre aprendiz de corretajes...", para terminar afirmando: "Ella provocó el encuentro, ella provocó la muerte, ella fue la empresaria".

Por su parte, Omar Prego Gadea en "Delmira", afirma: "¿Hubo un pacto suicida como sugirieron algunos? Entonces, ¿por qué se estaba vistiendo Delmira? Si habían acordado morir juntos ese día, después de una última tarde de amor, parecía normal que ella hubiera permanecido en el lecho desnuda o apenas cubierta por un viso. El detalle de las medias es revelador de que Delmira se estaba vistiendo para partir. ¿Habían realmente llegado a acuerdo de separación definitiva y esa era la despedida? Si es así, en el momento supremo de decirse adiós, Reyes tal vez en un instantáneo momento de furia homicida empuñó el revólver y disparó dos veces contra Delmira y luego, como relatan las crónicas, 'se hizo justicia'".

En su relato "Fiera de amor. La otra muerte de Delmira Agustini", su autor, Guillermo Giucci, narra con vigorosa pluma los últimos momentos de Delmira: "No tuvo tiempo. La mató por la espalda. Sin que se diera cuenta. No tendría tiempo de mirar alrededor, el cuarto tapizado de fotos suyas. Un cuarto de enamorados. Se habría visto joven, de perfil, sonriente frente a una cámara oscura... Si solamente él hubiera confesado que iba a matarla, que tenía cinco minutos para ver lo que nunca había visto antes, a Enrique desesperado, al asesino cara a cara, con quien acababa de abrazarse. Pero Enrique no se lo dijo. Quizá porque se hubiera arrepentido, llorando junto a ella, decidido a que lo mejor era abrazarla hasta quitarle el aliento. Besarla otra vez, como pocas horas antes, bajar el revólver, sentir el alivio de la entrega. No lo hizo. Delmira moriría en ese cuarto, sin abrir la ventana para respirar sus minutos finales."

Idea Vilariño en el prólogo de "Poesía y correspondencia" editado por Banda Oriental en 1998 afirma: "Todavía están por escribirse los grandes libros que merecen, por un lado, la personalidad, y por otro, la obra de la Agustini. Ya llegará el importante trabajo de investigación que se le debe."

 
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