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27 de Enero de 2003
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Brecha
895 24/Enero/2003
A 150 años del nacimiento de José MartíUn hombre de pluma y de acciónLucía SalaEl martes 28 se cumplirán 150 años del nacimiento de José Martí, cuya vida y obra vale la pena recordar. Martí fue cónsul uruguayo en Nueva York entre 1887 y 1892 y también representó a Uruguay en la Conferencia Monetaria celebrada en 1891, en la cual desempeñó un destacado papel. Escribió en La Opinión Pública y fue conocida su correspondencia, publicada en La Nación, de Buenos Aires, que incluía textos con abundante información y apreciaciones agudas sobre la Conferencia de Naciones Americanas -primera Conferencia Panamericana- celebrada en Washington entre octubre de 1889 y mayo de 1890. Fue muy amigo de Enrique Estrázulas y su familia, lo suplió interinamente en 1884 como cónsul de Uruguay en Nueva York y lo sustituyó en el cargo. El escritor uruguayo José Enrique Rodó fue gran admirador de la obra martiana, como lo fueron, entre otros, Sarmiento, Rubén Darío, Gutiérrez Nájera y Gabriela Mistral. En más de una oportunidad fue homenajeado por el gobierno de Uruguay y sus diplomáticos. Los niños uruguayos, como otros latinoamericanos, conocieron en la escuela muchos de sus Versos sencillos. EL ESCRITOR Y EL ENSAYISTA. Martí fue uno de los más destacados escritores en lengua española. Se distinguió como ensayista por la profundidad de sus enfoques y por la forma de su escritura. Fue pionero de la renovación literaria, rompiendo con la desgastada tradición romántica. Escribió para numerosos periódicos y revistas en América Latina y Estados Unidos. Abordó temas vinculados con la literatura, las formas de vida norteamericanas, sus personajes, en relación con su perspectiva sobre la mujer, de crítica social, de análisis político. Desde 1892, en Patria, enfocará puntos programáticos, apelará a la conciencia ética y derramará entusiasmo, buscando siempre unir a todos los cubanos en la lucha por la independencia. Entre tantos otros géneros, Martí se destacó en la literatura para niños y sólo por eso merecería ser recordado. Existe una amplísima investigación sobre su obra y su vida realizada por el Centro de Estudios Martianos de Cuba, pero también en el resto de América Latina, Estados Unidos y Europa. Martí fue, al mismo tiempo, figura esencial en la lucha por la independencia de las últimas colonias españolas de América, que en Cuba se abre en 1895. Fue uno de los principales latinoamericanistas de su época en su actitud de resistir al anexionismo estadounidense y en la construcción de la identidad latinoamericana. EL LUCHADOR POR LA INDEPENDENCIA. Martí fue preso, sometido a trabajos forzados, confinado en la Isla de Pinos a los 16 años, al involucrarse con el movimiento por la independencia iniciado en Cuba el 10 de octubre de 1868 con el Grito de Yara. Desterrado en España, donde permaneció entre 1870 y 1874, fue testigo de un momento esperanzador abierto con el derrocamiento de Isabel II en 1868 y que en 1872 culminó con la instauración de la república, de corta duración. Fueron años removedores: durante tres meses vivió la Comuna de París, en 1871, enmarcada en las luchas obreras y campesinas en el sur de Europa, duramente reprimidas. Las décadas finales del siglo xix fueron de aceleramiento de la conquista por parte de potencias europeas, de Asia y África. Estados Unidos, que ya se había extendido en la región más próxima, avanzará en la intervención y ocupación de América Latina, sobre todo a través de la guerra con España. Martí no alcanzó a ver la mediatización de Cuba y la conversión de Puerto Rico en colonia, que tanto temiera. En la metrópoli el joven Martí cursó estudios de derecho y filosofía y letras, se empapó en el rico bagaje de la cultura y, en especial, la literatura española. Al mismo tiempo percibió la singularidad de su patria. Fue influido por el krausismo, que tanto incidió en el pensamiento latinoamericano. Se vinculó con exiliados caribeños, junto a los cuales procuró impedir que fueran ajusticiados estudiantes de medicina en La Habana. Escribió El presidio político en Cuba y La República Española y la independencia de Cuba. Para Martí y para otros antillanos, como los puertorriqueños Eugenio María de Hostos y Ramón Emeterio Betances, fue evidente que ni aun los republicanos estaban dispuestos a admitir la independencia de Cuba y Puerto Rico. El retorno a América incluirá una estadía en México, otra en Guatemala, una muy breve en Cuba, entre 1878 y 1879 -concertada la paz tras la derrota de la Guerra de los Diez Años- donde fue designado vicepresidente del Club Central Revolucionario. Deportado nuevamente a España, logra huir por Francia y, tras una breve estadía en Nueva York en 1880, al año siguiente se radica en Venezuela. Expulsado por el gobierno dictatorial de Antonio Guzmán Blanco, se instalará en su exilio neoyorquino de casi una década y media. Fue deslumbrado por las altas culturas prehispánicas, descubrió una cultura propia hecha de diversidades y la riqueza que en todos los planos poseía la que llamaría Nuestra América. Supo también de las dictaduras y la injusticia de que eran víctimas las mayorías. Se proclamó hijo de la que Torres Caicedo llamara América Latina y defendió con la mayor pasión la unidad de sus pueblos. Discrepó con el plan expuesto en 1884 por dos generales veteranos del 68: el dominicano Máximo Gómez, al que siempre consideró el jefe militar capaz de encabezar la lucha armada, y el gigante negro Antonio Maceo. Consideró que la preeminencia militar que postulaban no ayudaría a conducir a un pueblo, aunque fuera eficaz para mandar en un campamento. En 1887 comenzará a participar más activa y directamente en un exilio cubano y puertorriqueño dividido. En esos años finales de la década del ochenta, adquirirá la convicción de que predominan en el gobierno estadounidense tendencias a la anexión, de una u otra manera, de Cuba y Puerto Rico. Advirtió sobre el peligro representado por la política expansionista tradicional de Estados Unidos sobre el subcontinente y cuando sus gobiernos defendían los grandes intereses económicos. Martí había transitado desde el entusiasmo inicial por las instituciones estadounidenses, al rechazo del poder de las grandes empresas. Denunció la represión obrera, sobre la cual escribió con dolor, sobre todo ante el ajusticiamiento de los mártires de Chicago. La existencia de una coyuntura propicia en Cuba y la urgencia de evitar que Estados Unidos sucediera a España como dominador, hizo para él urgente la lucha práctica para lograr la independencia. Junto a conspiradores internos y exiliados se dedicó, desde 1892 a tiempo completo, a crear las condiciones para lograrla. UN LATINOAMERICANISMO MADURO. Es posible distinguir en Martí un latinoamericanismo resistente y otro que es construcción de su o sus identidades. En sus artículos y en la correspondencia entre 1889 y 1891 durante la Conferencia Panamericana y la Monetaria, Martí pondrá de manifiesto la duplicidad de declaraciones y los fines reales del gobierno y el capital estadounidense. En particular, en relación con la propuesta de unión aduanera mientras practica un fuerte proteccionismo que denuncia con ejemplos concretos y su negativa reiterada a concertar acuerdos de libre comercio bilaterales. Se alegrará la oposición, encabezada en torno a estos puntos por la delegación argentina, pero también sufrirá el rechazo del arbitraje obligatorio y del reconocimiento, siquiera temporal, de que la ocupación de terrirorios no generaba derechos. Serán las propias contradicciones estadounidenses las que matarán la propuesta de una unión monetaria, que tanto criticó. El latinoamericanismo resistente se manifestó en la denuncia de los planes expansionistas, pero también en la acción para lograr la independencia, buscando apoyos latinoamericanos. En diversos artículos y documentos expresará que, de apoderarse de las Antillas, Estados Unidos dominaría todo el continente. Su perspectiva constructiva para América Latina se expresó en su versión de su especificidad, con su componente indígena, mestizo, negro y criollo, su rechazo a la oposición entre civilización y barbarie, la condena a la falsa erudición y la exaltación del hombre natural, la necesidad que manifiesta de abrirse a los vientos del mundo, pero partiendo de las propias raíces. Encareció la unión avalada por la historia y la urgencia de su época. ÉTICA Y POLÍTICA. Tal vez uno de los rasgos más atrayentes de su personalidad sea la unidad de pensamiento y accionar que caracterizó toda su vida. Este último aspecto pasa a primer plano cuando desarrolla una febril actividad, a partir de 1892. Emprendió la tarea no menor de unir al exilio, conformar el Partido Revolucionario -cuyos estatutos redactó-, y publicar artículos en Patria. Además de a la Florida, viajó a la República Dominicana, a Costa Rica, a Jamaica y a México. Reunió recursos para comprar armas y barcos. Acordó el plan para iniciar la lucha desde dentro y fuera de Cuba, con Máximo Gómez y con Antonio Maceo. En el Manifiesto de Montecristi, que suscribió el 25 de marzo de 1895 junto a Gómez, fueron formulados los objetivos nacionales, latinoamericanos e internacionales del movimiento. Pese a varios contratiempos, había llamado a la insurrección en enero y ésta se inicia en Cuba en febrero. En los primeros días de abril realiza una travesía difícil y desembarca en la costa occidental junto con Máximo Gómez y otros jefes. Designado mayor general por Gómez, considerará un deber moral participar directamente en la guerra, pese a su falta de preparación militar, y morirá el 19 de mayo. En la conocida carta que escribió el 18 de mayo, un día antes de su muerte, a su amigo mexicano Manuel Mercado, expresará el propósito "de impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos, y caigan, con más fuerza, sobre nuestras tierras de América". Martí, lejos de ser un iluso, fue un luchador, un ideólogo y un político, en el mejor sentido del término. En ningún caso consideró posible subordinar la ética a la política. En los fundamentos inspiradores de la actitud personal, pero también en el accionar colectivo que, en ese momento, entendió pasaba por la lucha por la independencia y la construcción futura de un país libre y justo. La historia se hace entre todos; sean cuales sean sus caminos se necesita gente con grandeza, generosidad y lucidez. |
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