| Página12
de Argentina - 7 de febrero de 2005
Francisco Latorre,
ayudante del documentalista Michael
Moore
| “En
Estados Unidos hay dos países”
Es uruguayo, dejó su país
en los ’70 asfixiado por la dictadura que todo censuraba, e hizo carrera
en Estados Unidos. Desde hace doce años trabaja como ayudante y
sonidista de Michael Moore, por entonces un desconocido que hacía
televisión y películas “molestas”.
María
Esther Gilio
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Monica, Bernardo, Eric Weinrib, David Schankula, Jason
Pollock, y Natalie Rose posando al lado de Francisco.
Foto: www.fahrenheit911.com/ about/cannes/
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–De Michael
Moore puedo hablar poco. ¡Mi Dios, qué cara de desilusión!
–Un periodista que ante esta decisión
no quedara herido de muerte...
–¿Sería un incapaz?
–Peor que incapaz, insensible, indiferente.
Sos uruguayo, vivís en Estados Unidos y desde hace más de
doce años trabajás con Michael Moore... ¿Qué
periodista en Uruguay no querría hablar contigo de este personaje
que conocés bien. Tú sabés cómo somos de politizados
los orientales. Sus películas calaron hondo.
–Te explico, sólo puedo hablar
de algunas cosas. Hay otras que prefiero no tocar porque al aparecer en
Página/12, cualquier otro medio de cualquier lugar del mundo las
toma, las repite. No tal como fueron dichas sino agregando algún
detalle que las deforma. Cuando lo que yo dije pega la vuelta y lleva a
Nueva York muy probablemente se habrá transformado en algo que me
compromete.
–Está bien. Te fuiste a Estados
Unidos cuando tenías 20 años.
–En ese momento –fines de los años
’70– un grupo de amigos y yo habíamos organizado un evento que se
llamaba “Todos al estadio”. Teníamos un plan cultural con músicos
y otras cosas. Lo prohibieron. Sentí que, en este país, era
imposible hacer cosas, crecer.
–Por la falta de libertad.
–Por la total falta de libertad.
–No sería raro del todo,
que en el país donde vivís hoy, un día cualquiera,
te empiece a pasar lo mismo.
–Es así, así mismo.
A partir de las elecciones, Estados Unidos, que más que un país
es un continente, muestra dos países diferentes. Uno azul, unpoco
–mirá que sólo digo “un poco”– más abierto, un poco
más inclusivo, y otro totalmente conservador, reaccionario y extremadamente
religioso.
–¿Qué pasa con Bush
en este aspecto? ¿Cómo ves esta referencia permanente a Dios?
¿Pensás que él cree realmente que Dios lo prefiere
y todo eso?
–Creo que todo es una gran actuación.
Que utiliza a Dios para sus fines.
–Si hay algo que nadie podía
esperar de Estados Unidos, es este giro.
–Un giro en el que todos somos actores.
–Sería interesante saber
cómo ellos ven a Latinoamérica. Cómo nos ven. Sabemos
qué nos hacen, desde fines del XIX, pero cómo nos ven...
Eso sería conocer algún fundamento de su conducta.
–Somos el patio a donde va a dar
todo lo que no sirve.
–¿Qué por ejemplo?
–Pensá en Puerto Rico. Fue
invadido en 1898. Con el tiempo todas las compañías farmacéuticas
se trasladaron allá porque eran dañinas para el hombre. Poluían
el aire y el agua, no podían dejarlas adentro. Esto se transformó
en un gran problema para Puerto Rico. Mirá por ejemplo, lo que ha
pasado en Vieques, una isla portorriqueña que la Marina utilizó
para probar armas. En este momento intervino la Justicia y tendrán
que compensar a las familias en que hay muertos y enfermos, como consecuencia
de la polución. Tú decís cómo nos ven. Creo
que nunca nos miran de frente. Para ellos toda Latinoamérica es
una especie de Tijuana.
–Un lugar de diversión.
–Sí, un lugar a donde se
va a pasar el rato, donde hay gente que se utiliza para lo que sea, pero
que a nadie interesa conocer. Y, sin embargo... no sé. Muchas veces
me he preguntado si lo que ellos sienten en lugar de desinterés
no es miedo.
–¿Miedo? Latinoamérica
no tiene armas, no tiene ejército, no tiene nada.
–Cuando digo miedo pienso en los
potenciales que estos países tienen como sociedad.
–Es posible que tengas razón.
Yo me pregunto qué habría pasado en un país latino
si lo hubiera llevado a la guerra con mentiras. ¿Alguien le pide
cuentas a Bush por sus mentiras? En Argentina, las mentiras sobre Malvinas,
precipitó la caída de la dictadura. La mentira de Alfonsín
en aquel fin de semana histórico lo golpeó de manera definitiva
y la mentira de Aznar en España...
–Yo tengo en España familiares
bastante conservadores, no se bancaron la mentira del PP sobre el 11 de
marzo. Su respuesta fue votar a la Izquierda Republicana.
–Lo curioso, en Estados Unidos,
respecto a las armas de destrucción masiva, es que diarios bastante
respetables como el “New York Times” fundamentaban esta tesis, la defendían.
–Sí, salvo excepciones fue
así. Depende que de quién escribe. Si es Noam Chomsky dirá
otra cosa.
–¿Pero quién lo lee?
–Pocos.
–¿Qué pasó
en Estados Unidos con Fahrenheit?
–Para mí, como espectador,
lo más importante es la cantidad de soldados norteamericanos que
siguen yendo a verla. Tiene la mayor audiencia en el sur de Estados Unidos.
Soldados y familiares de soldados están muy interesados en la película.
–Sin embargo, el Sur es zona de
Bush.
–Sí, pero allí están
muchos de quienes terminarán pagando el costo de esta guerra.
–¿Cómo se eligen los
soldados que van a la guerra?
–Van aquellos que están en
la Guardia Nacional o en las Fuerzas Armadas. Se trata, en general, de
muchachos pobres, que tienen pocas posibilidades de acceder a buenos trabajos
y entran al ejército para aprender un oficio. Mecánico, por
ejemplo. Pero de pronto se enfrentan al hecho de que tienen que ir a la
guerra. Pensaban aprender un oficio y abandonar, pero la realidad fue otra
porque los mandaron al Golfo Pérsico a patrullar un pueblo miserable.
Esa es también la tragedia de todas estas guerras. Que enfrentan
a gente pobre iraquí con gente pobre norteamericana.
–No tenés en cuenta a los
ingleses, italianos, polacos.
–Daneses. No cuentan. El 98 por
ciento son norteamericanos. En cuanto a lo que tú decías
sobre el New York Times fundamentando la idea de las armas de destrucción
masiva no debe sorprender a nadie. No hay verdadero interés en informar.
–¿Por qué? ¿Se
supone que no hay lectores interesados en conocer la verdad?
–No, no es eso. Lo que hay es interés
en mantener cierta perspectiva editorial. O sea, lo que el sistema dice
debe ser repetido y repetido hasta que todos lo creamos. Tanto el New York
Times como el Washington Post son grandes compañías que salvo
honrosas excepciones –Watergate, por ejemplo– cumplen esta función.
En este momento, en Estados Unidos, estamos viviendo una situación
que no podríamos imaginar hace unos años. Se está
aplicando el concepto que conocemos de la Seguridad Nacional.
–El que se aplicó acá.
–Acá, en Chile, en Brasil
y Uruguay se lo están aplicando a ellos mismos.
–Según creo, un periodista
puede decir lo que quiera sin que eso lo lleve a la cárcel.
–A la cárcel tal vez no,
pero ¿qué pasa con el ostracismo? El editor sabe qué
se puede y qué no se puede publicar en el medio en que está.
–Terminás saliendo del escenario.
–Terminás excluido del mundo
de tu trabajo. No es la cárcel, pero es muy duro. Estados Unidos
fue a la guerra sin tomar en cuenta muchas voces que debían haberse
escuchado. Si veías y escuchabas a Colin Powell en su famoso discurso
en el Consejo de Seguridad podías ver cómo esa persona no
estaba nada convencida de lo que decía. Ni respecto a las armas
de destrucción masiva ni respecto a los breves 45 minutos que le
llevarían a Irak a desatar un ataque.
–Cosas ambas que confirmaron los
ingleses.
–Sí, claro. Por otra parte
tenemos a los medios de comunicación norteamericanos modificando
los que fueron los objetivos de la guerra. Ayer fue neutralizar las armas
de destrucción masiva. Hoy es devolver la democracia a Irak.
–Pero esto lo desmiente la historia
de los Estados Unidos en los últimos 120 años.
–Para que esto pesara había
que contar con una memoria colectiva que no existe. Es un país de
inmigrantes donde la gente que llegaba de Irlanda, Suecia, Italia o Polonia
llegaba sin conocer los zapatos y unas cuantas generaciones más
tarde no carecían de nada... Mi abuelo decía que amigos suyos
que salieron comunistas de España después de unos años
en la Argentina, donde se enriquecieron, hablaban con odio y temor del
problema del comunismo. El dice que les decía “pero, escucha, ¿no
te acuerdas que cuando llegamos todos estábamos en la misma trinchera?”
Se habían olvidado. Este parece ser un problema del ser humano.
–La poca memoria. ¿Con qué
crees que tiene que ver esa poca memoria en este caso?
–Creo que tiene que ver con la manera
de vivir, con que se vive el día a día. En el día
a día no se analizan las cosas. Estados Unidos es un país
en el que nunca te asentás, siempre te estás probando. El
sistema funciona así. Si preguntás a gente que vivió
durante la presidencia de Reagan las famosas cruzadas en las que murió
el arzobispo Romero asesinado, los curas españoles de la Universidad
Centroamericana...
–Siete curas.
–Siete más la empleada y
su hija. Las tres monjas más la trabajadora social norteamericana...
Si tú preguntás sobre esto nadie lo recuerda y si lo recuerda
nadie piensa que Estados Unidos fue quien lo hizo, y si saben que Estados
Unidos fue quien lo hizo, piensan que era lo que correspondíahacer.
No saben bien por qué, pero seguramente era para salvar a esos países
de algo mucho peor.
–¿Pasa eso en este momento
con la guerra de Irak?
–En este momento, como te dije hay
dos países. Son muchos hoy, los grupos que han entendido que están
metidos en una guerra injusta e inmoral.
–Son muchos, pero no sobrepasan
a los que piensan lo contrario.
–Las cosas fueron manejadas de manera
tal que era difícil que ocurriera algo diferente de lo que ocurrió.
Se insistió mucho en el matrimonio entre homosexuales y se dejaron
de lado problemas mucho más graves. En los Estados Unidos hay 35
millones de personas que están por debajo del nivel de pobreza.
Y 45 millones que no tienen cobertura médica, quienes deben hacer
colas de 14 horas en los hospitales para que les receten una aspirina.
Esta es la realidad. Una realidad que tanto la prensa como la televisión
ocultan.
–En cuanto a los informativos están,
en su mayoría, bastante manipulados.
–Una de cada cuatro personas en
Estados Unidos ve la Cadena Fox de noticias. Cualquiera sabe que la información
que trasmite Fox está totalmente parcializada, que es una especie
de vocero del presidente.
–Tú entraste a Estados Unidos
con 20 años ¿cómo llegaste a colaborador de Michael
Moore?
–Cuando llegué hice lo que
hacen todos los que llegan de una clase media montevideana. Pinté
ventanas, refiné oro, fui a la Universidad. Manejé taxis.
Hasta que en un momento me metí en el programa de una radio bilingüe
no comercial llamada WBAI, que fue fundada por regresados de Vietnam con
el apoyo de una iglesia protestante. Ahí trabajé durante
12 años. Todos los latinos que estaban en la vuelta, me decían
“Nosotros te admiramos mucho. No podríamos decir las cosas que tú
decís”. Yo preguntaba si no podían decirlas porque no las
pensaban, y ellos: “No, no es eso, si nos ponemos a decir lo que pensamos,
este medio se nos cierra y aquí hay que hacer plata”. Allá
todo se mueve en función de la plata. Yo, sin embargo, me he demostrado
que puedo tener cierto confort económico sin renunciar a las cosas
que, en mi trabajo, me importan.
–¿Qué tipo de programas
hacían?
–Por ejemplo, cuando el perdón
a los militares, en Argentina, tuvimos al rabino Marshal Mayer, y después
en el mismo programa a Hebe de Bonafini, Estela Carlotto, León Rozitchner,
Pérez Esquivel. Trasmitimos desde Haití, el plebiscito de
Chile. Tratamos siempre de hacer cosas que informaran y educaran. Pero
tú querés saber de cómo llegué a Michael Moore.
De la radio salté a la televisión, en un programa llamado
“60 minutos” que hago todavía. Y, estando en esos trabajos, aparece
una persona que había hecho un documental llamado Roger y yo y precisaba
un equipo de televisión para un programa que se llamaría
TV Nation.
–La persona era Michael Moore.
–Sí, ahí empecé
a trabajar con él. Hicimos una cantidad de trabajo y, desde el comienzo
se estableció un muy buen relacionamiento. El es una persona bastante
especial, generosa. Te doy un ejemplo. Vos hacés un trabajo y ese
trabajo saca un premio. Los que colaboraron en el trabajo o la inmensa
mayoría, queda en la sombra. Cuando ganamos un Emmy con TV Nation,
nos mandó al cameraman y a mí un diploma con la alusión
al Emmy. Después de esto él hizo The awfuln truth. O sea
La verdad terrible, donde presentaba diferentes historias.
–Contanos un poco.
–Una historia refería a la
situación de dos hermanas mexicanas que habiendo pasado de México
a Minneápolis entran a trabajar en una cadena de hoteles donde tratan
de organizar a los trabajadores para obtener mejoras salariales. El encargado
del hotel las cita a una reunión y allí las enfrenta a funcionarios
de inmigración que se las lleva detenidas. Mujeres con hijos con
esposos que quedaron destrozados. Recuerdo las palabras del sacerdote dominico
en cuyo coro cantaban las muchachas “Ellas pertenecen al coro de mi iglesia,
se están llevando a mis palomas. No vamos a tenerquien nos cante”,
decía. Y todo el mundo lloraba. Todo el mundo, latinos y norteamericanos.
Michael trajo inspectores de la ciudad, dio las vueltas que había
que dar hasta que finalmente las mexicanas fueron reincorporadas.
–Ahí, todavía no era
cine.
–No, era televisión. Luego
se planteó hacer cine. Yo había hecho mucha televisión,
pero cine casi nada, apenas pequeñas cosas comerciales.
–Era un desafío.
–Sí, porque en el cine la
exigencia es mayor. La cosa fue que Michael me tomó como ingeniero
de sonido.
–En Bowling for Columbine. La verdad
que subiste rápido.
–Sí, cuando estaba por salir
la película nos avisan que competiría en Cannes. Michael
nos invita a Cannes a los colaboradores y gana el Premio Especial del Jurado,
“55º aniversario” por unanimidad. Luego es presentada en París
donde gana el César a la mejor película extranjera.
–De ahí va al Oscar, donde
compite con esa fantástica película de pájaros, llamada
Migraciones.
–Exactamente. Gana el Oscar. Sube
al escenario y una vez ahí invita a subir a toda la gente de los
otros documentales nominados. Suben y él hace su discurso.
–“Tenemos un presidente ficticio
que nos ha metido en una guerra ficticia”. Aunque no es textual.
–Sí, pero por ahí
anda.
–Creo que estas palabras, en la
ceremonia del Oscar, movieron a mucha gente a ver la película. Contanos
como es él en el día a día.
–Es muy afable, lleno de ideas.
Una persona que siempre tiene muy claro hacia dónde va y qué
es lo que debe tomar para demostrar lo que quiere.
–Hay gente que lo critica diciendo
que no es objetivo.
–Yo no creo que en los documentales
uno tenga que ser “objetivo”. El documental, de alguna manera está
mostrando el punto de vista que tiene el autor del documental respecto
de algo. El pregunta, investiga, analiza y cuando llega a una conclusión,
la muestra.
–Tal vez esta gente que no lo ve
objetivo querría ir siguiendo los pasos que lo llevaron a determinada
conclusión.
–Es posible.
–Hubo un solo momento en que en
Bowling..., desconfié de la veracidad de la imagen. Fue cuando en
Canadá tantea los pestillos de las casas y todas están abiertas.
–Sin embargo, eso fue así
mismo. No hubo mentira.
–Esa película hace referencia
al miedo. ¿Cuál sería, en una sociedad la función
del miedo?
–Aislar. El mundo aísla.
Y cuando uno más se aísla más se aleja de la realidad,
no de la que nos quieren vender sino de la verdadera realidad.
–Aquellos que quieren dominarnos
buscan meternos miedo. Eso hizo Bush después del 11 de septiembre
y Aznar después del 11 de marzo. Lo interesante es ver las consecuencias
de conductas iguales en sociedades diferentes. Mientras la mayoría
de los norteamericanos se tragaron la píldora del peligro y aceptaron
la guerra, los españoles rechazaron, condenaron, castigaron. Son
dos conductas que hablan de dos maneras de participar estos dos pueblos.
–Es así, en cuanto a Bush,
yo creo que éste tenía ya toda una estrategia preparada para
la eliminación de los Derechos Civiles. La caída de las Torres
le sirvió para implementarla.
–¿No produjo ninguna protesta
el hecho de que 140 ciudadanos de Arabia Saudita salieran del país
inmediatamente después de la caída de las Torres si pensamos
que sólo se salía del país con permiso de la Casa
Blanca? ¿No hubo protestas, preguntas, nada?
–No. A pesar de que 15 de los 19
que intervinieron en el acto terrorista eran sauditas no hubo nada. Protestas,
preguntas, nada.–Yo me pregunto algo. ¿Le creen a Bush realmente,
cuando habla de su relación con Dios, de los mensajes que recibe
de Dios y todo eso?
–Sí, pienso que sí.
El con eso logró movilizar y galvanizar una gran parte de la sociedad.
–Yo creo que la presidencia de Bush
proporcionará, en el futuro, los más importantes datos para
pensar la sociedad norteamericana. ¿Cómo se entiende que
una gran cantidad de personas en Estados Unidos creyera que Saddam Hussein
representaba el mayor peligro para la nación?
–El 70 por ciento, según
una encuesta creía eso. Bueno, es lo que decía Goebbels,
una mentira que se repite termina por transformarse en verdad. Una cadena
de televisión latina, dos días antes de las elecciones pasó
infinidad de veces algo sobre John Kerry. En el programa la imagen de John
Kerry aparecía siempre pegada a las de Chávez y Fidel.
–Como si perteneciera a la izquierda
radical. Pero Kerry ni siquiera es la izquierda.
–Claro que no, por eso es que no
hay una real alternativa. Kerry es un multimillonario que fue como Bush
a Yale y como Bush, en Yale fue miembro de “Calaveras y Huesos”, sociedad
secreta donde sólo es posible entrar por invitación y sólo
se invita a quienes pertenecen a las familias patricias.
–Bueno, podría después
de esa etapa haberse volcado hacia la izquierda...
–Sí, claro, pero no es el
caso. No está en la izquierda ni en el centro. El centro no existe.
–Son dos partidos de derecha.
–Los demócratas con algunas
posiciones más aceptables.
–Hay algo que a simple vista impresiona
y me gustaría saber si hay algún estudio serio sobre el fenómeno.
Me refiero al porcentaje de obreros..
–No sé si tal estudio existe.
Sé sí que una gran responsabilidad le cabe al tipo de comida
que se ingiere. Te cuento. Hace un tiempo hice una historia sobre la obesidad
en Estados Unidos para una cadena de televisión francesa. La historia
empezó en Estados Unidos y luego pasó a México. Allí
en un distrito cuya población alcanzaba a 42 millones de personas
cuando se firmó el tratado de Libre Comercio había 10 millones
de obesos. A partir del tratado los obesos crecieron un millón por
año. Los obesos se fueron a 20 millones en 10 años.
–Es decir que hoy, en ese territorio,
hay 20 millones de obreros.
–Sí, lo que me comentaron
es que la comida que México importa de Estados Unidos viene procesada
y genéticamente modificada. Ya no es más natural la comida
que se consume.
–México importa comida y
qué exporta.
–Mexicanos.
–¡Mexicanos! Pero los mexicanos
no velan nada. Los norteamericanos no los quieren.
–No los quieren, pero la economía
funciona en base a ellos. Son mano de obra barata. Los americanos no quieren
relación con los chinos que son comunistas.
–Pero son infinitas las cosas chinas
que se venden en Estados Unidos.
–Sí, en un puesto de California
mientras sale 6 mil millones de productos para China, entran 32 mil millones
desde China para Estados Unidos. Aunque no quieren relaciones con los chinos
todo se produce en China. Con fábricas norteamericanas instaladas
en China.
–¿Ya no instalan sus fábricas
en México?
–Ya no. En gran parte las maquilas
se están trasladando a China.
–Es más barata la mano de
obra.
–Mucho más barata. Una de
las razones de los préstamos que tomó México desde
hace 30 o 40 años los tomó para hacer carreteras que permitieran
el funcionamiento de las maquilas. ¿Qué van a hacer ahora
con las fábricas que van quedando abandonadas, con carreteras que
no conducen a ninguna parte? Nadie sabe. Para México será
un grave problema.
–Contame algo más de Michael
Moore.
–Creo que algo importante es la
manera como él se implica en la historia. ¿Recordás
en Bowling for Colombine el diálogo con la directora de la escuela
donde un niñito mató a una niñita de un balazo? Ahí
no hay nada montado, preparado. Todo es como es. El se compenetra con la
historia que muestra, se compenetra a su propia manera. Tiene una gran
autenticidad. Salir a filmar con él es siempre una aventura. Yo
cambié mucho a partir de trabajar en sus films, pude entender muchas
cosas. Trabajar con él me permitió entender mucho mejor las
fallas que tiene el sistema capitalista como se le conoce en este momento.
En una película que hicimos para televisión sobre la fabricación
de baterías fuimos a un pueblo donde al pasar las manos por las
paredes de las casas nos quedaban grises por el plomo. Yo pensaba si esto
se lo hacen a un niño rubio de Missouri, qué no le harán
a un niño guatemalteco o a un boliviano.
–Además de las dos películas
de Moore que conocemos, ¿hizo algo en las elecciones?
–Dedicó los 30 días
anteriores a la elección a tratar de mover a la gente a votar. En
30 días visitó 60 pueblos. |