En agosto de 1904, el abogado Alfredo Palacios, de 26 años de edad, fue
elegido diputado nacional en representación del Partido Socialista, por la
4ª Circunscripción de Buenos Aires que comprendía al barrio de La Boca,
por ese entonces, un caserío de conventillos habitado por miles de
inmigrantes llegados desde Europa. Esto sirvió para que el dramaturgo
Florencio Sánchez manifestara: "...a La Boca le ha salido un diente".
Marcó, desde el comienzo, su perfil en el Parlamento, al negarse a
jurar por Dios y los Santos Evangelios y al emplear en sus discursos
palabras que nunca se habían escuchado en ese recinto. Clase obrera,
proletariado, explotación capitalista, imperialismo, sonaban con fuerza en
la voz del joven diputado ante el asombro de parlamentarios dominados por
los distintos matices del conservadurismo.
En varias oportunidades manifestó que llegó a las filas del Partido
Socialista Argentino, fundado en 1896, más por la influencia de su madre,
una devota católica, que por la lectura de Marx, Engels o Hegel.
En su adolescencia frecuentaba un círculo de obreros católicos que
dirigía un sacerdote de apellido Grote. Su ingreso a las filas del
socialismo no le impidió conservar una fuerte admiración por la figura de
Jesús, algo que proclamaba, ante el asombro de sus compañeros de
partido.
La Argentina de 1900
Tres meses después de haber sido electo diputado, el 12 de octubre de
1904, la Casa Rosada era un hervidero de invitados. Ese día el general
Julio Argentino Roca, entregaba el bastón de mando al doctor Manuel
Quintana, flamante Presidente de la República Argentina.
Diplomáticos de cuidadosa ropa, militares abrumados de condecoraciones,
inquietos parlamentarios buscando acuerdos políticos ante el cambio de
presidente, junto a los infaltables arribistas y aduladores de turno,
llenaban los salones del edificio.
Manuel Quintana había sido un ferviente partidario de Bartolomé Mitre,
abogado del Banco de Londres y América del Sud. Admirador de la Inglaterra
victoriana, arrogante y soberbio, toda su persona desprendía un frío
desprecio por los humildes, a quienes acusaba de criollos perezosos, y por
los obreros, a quienes definía de revoltosos, por los desórdenes que
provocaban en la capital con sus movilizaciones y manifestaciones.
En medio de este difícil panorama comienza la vida política del joven
diputado, que se agrava cuando estallan una serie de huelgas obreras en
Buenos Aires y el 22 de noviembre de 1904, la policía carga contra una
manifestación en la ciudad de Rosario y muere un obrero, se registran
varios heridos y se contabilizan cientos de detenidos. Luego la seguirían
otras represiones.
La unidad latinoamericana
A lo largo de su vida Palacios fue un estudioso de todos los problemas
sociales de su país y algunos de sus trabajos de investigación merecieron
reconocimiento internacional.
Desde la cátedra o el rectorado universitario volcó en las aulas
inteligencia y talento, al igual que lo hacía en el Parlamento.
Fue uno de los primeros en plantear, dentro de los sectores de la
izquierda argentina, la unidad latinoamericana y el apoyo a todas las
luchas que se libraban en el continente contra las oligarquías nativas y
las empresas extranjeras.
Augusto César Sandino y el portorriqueño Pedro Albizú Campos supieron
de su activa solidaridad en los años treinta. Luego se repetiría, en el
último tramo de su vida, cuando asume con firmeza la defensa de la
Revolución Cubana.
La idas y vueltas de la vida
En 1915 siendo diputado, es expulsado de las filas de su partido cuando
decide retar a duelo un legislador radical quién, en una sesión
parlamentaria, había agraviado a Juan B. Justo, figura líder del
socialismo argentino.
En los estatutos del Partido Socialista se consideraba al duelo como
una costumbre inmoral practicada por las burguesías más atrasadas y
corrompidas del mundo.
Palacios renunció a su banca el 2 de junio de 1915 y pronunció un
memorable discurso, que arrancó una prolongada ovación del público que
desbordaba las barras de la Cámara. "Una disidencia en materia de honor me
separa del partido al que di los mejores años de mi vida y debo irme.
Mi honor, es mi dignidad exteriorizada en el conjunto de actos que
forman mi conducta. Y nada más subjetivo que la dignidad: no he de
discutirla", manifestó.
Se reincorporó a su partido 15 años después, ocupaba en esos momentos
el cargo de Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos
Aires, "lo hago para luchar por la libertad" manifestó en su reingreso. No
estaba errado, el 6 de setiembre de 1930, el general José Félix Uriburu,
daría el golpe de Estado que derribaría al gobierno constitucional del
radical Hipólito Irigoyen. Sería el comienzo de lo que se denominó "la
década infame" y vendrían años de duras luchas.
El peronismo
Rechazó en forma tajante al gobierno de Juan Domingo Perón instaurado
en junio de 1946, así como el régimen militar que le precedió, los
consideraba como fenómenos políticos liberticidas, autoritarios, de
prácticas reaccionarias y cercenadores de todas las libertades.
Sin embargo otros socialistas, como María Moreau de Justo, sostenían
que buena parte de las leyes sociales otorgadas por Perón eran copias de
proyectos redactados por los socialistas y que durmieron, durante años, en
los escritorios de muchos parlamentarios.
Derrocado Perón, en setiembre de 1955, el general Eduardo Lonardi que
ocupaba la Presidencia de la Argentina, lo designa embajador en nuestro
país. El líder socialista llegaba cansado y viejo, siendo recibido con
honores y simpatía por dirigentes políticos uruguayos. Volvía a un país
que le había dado asilo político en 1944 durante la dictadura militar del
general Farrell.
Su nombramiento como embajador le traería nuevos dolores de cabeza ya
que muchos socialistas cuestionaban su aceptación diplomática por parte de
un gobierno "gorila".
Vivió en Montevideo en forma sencilla y austera, destacándose su figura
cuando transitaba las calles céntricas de nuestra ciudad con su traje
oscuro, sus bigotes a lo Salvador Dalí, su eterno sombrero de alas cortas
y su corbatita voladora.
Sus últimos años
Retornó a su país para vivir el trance amargo de la división de su
partido, ocurrida en 1958. Palacios se ubicó en una de las fracciones, con
amplio respaldo juvenil, que pasó a llamarse Partido Socialista Argentino,
ocupando una banca en el Senado en 1961 durante el mandato de Arturo
Frondizi.
Su última actividad legislativa, y su tercer período en la Cámara de
Diputados, se inicia en 1963 y concluye con su muerte el 20 de abril de
1965.
Al despedir sus restos en el Congreso, habló el ministro Juan Palmero,
en nombre del presidente radical Arturo Illía, definiéndolo como: "Un
fiscal de la República, abogado de toda causa noble, defensor de los
sedientos de justicia, los perseguidos, los humildes."
Toda su trayectoria de luchador social se puede definir en una frase
del cubano José Martí: "La muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien
la obra de la vida".