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20 de abril de 2005
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La República de Uruguay - 20 de abril de 2005

Alfredo Palacios

El primer diputado socialista de América

El político argentino vivió en nuestro país, primero como exiliado, después como embajador

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Alfredo Palacios
 
El 20 de abril de 1965, fallecía el político argentino Alfredo Palacios, en una austeridad que era casi una pobreza. Abogado de los humildes, defensor de presos políticos y de luchadores sociales, autor de infinidad de leyes en protección del trabajador, de la mujer obrera y de la niñez. Toda su vida fue un continuo ir y venir, entre el clavel y la espada.
Ruben Borrazas
En agosto de 1904, el abogado Alfredo Palacios, de 26 años de edad, fue elegido diputado nacional en representación del Partido Socialista, por la 4ª Circunscripción de Buenos Aires que comprendía al barrio de La Boca, por ese entonces, un caserío de conventillos habitado por miles de inmigrantes llegados desde Europa. Esto sirvió para que el dramaturgo Florencio Sánchez manifestara: "...a La Boca le ha salido un diente".

Marcó, desde el comienzo, su perfil en el Parlamento, al negarse a jurar por Dios y los Santos Evangelios y al emplear en sus discursos palabras que nunca se habían escuchado en ese recinto. Clase obrera, proletariado, explotación capitalista, imperialismo, sonaban con fuerza en la voz del joven diputado ante el asombro de parlamentarios dominados por los distintos matices del conservadurismo.

En varias oportunidades manifestó que llegó a las filas del Partido Socialista Argentino, fundado en 1896, más por la influencia de su madre, una devota católica, que por la lectura de Marx, Engels o Hegel.

En su adolescencia frecuentaba un círculo de obreros católicos que dirigía un sacerdote de apellido Grote. Su ingreso a las filas del socialismo no le impidió conservar una fuerte admiración por la figura de Jesús, algo que proclamaba, ante el asombro de sus compañeros de partido.

La Argentina de 1900

Tres meses después de haber sido electo diputado, el 12 de octubre de 1904, la Casa Rosada era un hervidero de invitados. Ese día el general Julio Argentino Roca, entregaba el bastón de mando al doctor Manuel Quintana, flamante Presidente de la República Argentina.

Diplomáticos de cuidadosa ropa, militares abrumados de condecoraciones, inquietos parlamentarios buscando acuerdos políticos ante el cambio de presidente, junto a los infaltables arribistas y aduladores de turno, llenaban los salones del edificio.

Manuel Quintana había sido un ferviente partidario de Bartolomé Mitre, abogado del Banco de Londres y América del Sud. Admirador de la Inglaterra victoriana, arrogante y soberbio, toda su persona desprendía un frío desprecio por los humildes, a quienes acusaba de criollos perezosos, y por los obreros, a quienes definía de revoltosos, por los desórdenes que provocaban en la capital con sus movilizaciones y manifestaciones.

En medio de este difícil panorama comienza la vida política del joven diputado, que se agrava cuando estallan una serie de huelgas obreras en Buenos Aires y el 22 de noviembre de 1904, la policía carga contra una manifestación en la ciudad de Rosario y muere un obrero, se registran varios heridos y se contabilizan cientos de detenidos. Luego la seguirían otras represiones.

La unidad latinoamericana

A lo largo de su vida Palacios fue un estudioso de todos los problemas sociales de su país y algunos de sus trabajos de investigación merecieron reconocimiento internacional.

Desde la cátedra o el rectorado universitario volcó en las aulas inteligencia y talento, al igual que lo hacía en el Parlamento.

Fue uno de los primeros en plantear, dentro de los sectores de la izquierda argentina, la unidad latinoamericana y el apoyo a todas las luchas que se libraban en el continente contra las oligarquías nativas y las empresas extranjeras.

Augusto César Sandino y el portorriqueño Pedro Albizú Campos supieron de su activa solidaridad en los años treinta. Luego se repetiría, en el último tramo de su vida, cuando asume con firmeza la defensa de la Revolución Cubana.

La idas y vueltas de la vida

En 1915 siendo diputado, es expulsado de las filas de su partido cuando decide retar a duelo un legislador radical quién, en una sesión parlamentaria, había agraviado a Juan B. Justo, figura líder del socialismo argentino.

En los estatutos del Partido Socialista se consideraba al duelo como una costumbre inmoral practicada por las burguesías más atrasadas y corrompidas del mundo.

Palacios renunció a su banca el 2 de junio de 1915 y pronunció un memorable discurso, que arrancó una prolongada ovación del público que desbordaba las barras de la Cámara. "Una disidencia en materia de honor me separa del partido al que di los mejores años de mi vida y debo irme.

Mi honor, es mi dignidad exteriorizada en el conjunto de actos que forman mi conducta. Y nada más subjetivo que la dignidad: no he de discutirla", manifestó.

Se reincorporó a su partido 15 años después, ocupaba en esos momentos el cargo de Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, "lo hago para luchar por la libertad" manifestó en su reingreso. No estaba errado, el 6 de setiembre de 1930, el general José Félix Uriburu, daría el golpe de Estado que derribaría al gobierno constitucional del radical Hipólito Irigoyen. Sería el comienzo de lo que se denominó "la década infame" y vendrían años de duras luchas.

El peronismo

Rechazó en forma tajante al gobierno de Juan Domingo Perón instaurado en junio de 1946, así como el régimen militar que le precedió, los consideraba como fenómenos políticos liberticidas, autoritarios, de prácticas reaccionarias y cercenadores de todas las libertades.

Sin embargo otros socialistas, como María Moreau de Justo, sostenían que buena parte de las leyes sociales otorgadas por Perón eran copias de proyectos redactados por los socialistas y que durmieron, durante años, en los escritorios de muchos parlamentarios.

Derrocado Perón, en setiembre de 1955, el general Eduardo Lonardi que ocupaba la Presidencia de la Argentina, lo designa embajador en nuestro país. El líder socialista llegaba cansado y viejo, siendo recibido con honores y simpatía por dirigentes políticos uruguayos. Volvía a un país que le había dado asilo político en 1944 durante la dictadura militar del general Farrell.

Su nombramiento como embajador le traería nuevos dolores de cabeza ya que muchos socialistas cuestionaban su aceptación diplomática por parte de un gobierno "gorila".

Vivió en Montevideo en forma sencilla y austera, destacándose su figura cuando transitaba las calles céntricas de nuestra ciudad con su traje oscuro, sus bigotes a lo Salvador Dalí, su eterno sombrero de alas cortas y su corbatita voladora.

Sus últimos años

Retornó a su país para vivir el trance amargo de la división de su partido, ocurrida en 1958. Palacios se ubicó en una de las fracciones, con amplio respaldo juvenil, que pasó a llamarse Partido Socialista Argentino, ocupando una banca en el Senado en 1961 durante el mandato de Arturo Frondizi.

Su última actividad legislativa, y su tercer período en la Cámara de Diputados, se inicia en 1963 y concluye con su muerte el 20 de abril de 1965.

Al despedir sus restos en el Congreso, habló el ministro Juan Palmero, en nombre del presidente radical Arturo Illía, definiéndolo como: "Un fiscal de la República, abogado de toda causa noble, defensor de los sedientos de justicia, los perseguidos, los humildes."

Toda su trayectoria de luchador social se puede definir en una frase del cubano José Martí: "La muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien la obra de la vida".

 
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